Soy Luke, un alfa sin manada, sin territorio y, según mis enemigos, sin futuro. Me traicionaron y me dieron por muerto, pero cometieron un error: sigo vivo. Y ahora voy a hacerles pagar por ello. No contaba con ella. Rita. Una humana frágil, callada… y más terca de lo que debería ser. Fue quien me encontró, me curó y, por alguna razón, no salió corriendo cuando vio lo que soy. Ahora no puedo dejar de pensar en ella. Tengo que volver, recuperar lo que es mío y terminar lo que empezaron. Pero Rita es un problema. Mi distracción. Mi debilidad. En mi mundo, eso puede costarte la vida. Lo inteligente sería alejarme antes de que sea tarde. Olvidarme de su olor, de su voz, de la forma en que me mira como si pudiera ver más allá de la bestia. Pero si hay algo que aprendí en esta vida, es que nunca fui bueno para hacer lo correcto.
Leer másEl estruendo de los disparos me ensordece, pero no me detengo. El dolor en mi costado es un recordatorio punzante de que no soy invencible, pero eso no importa. Rita está aquí, y la están atacando. No lo voy a permitir.Mis garras se hunden en el pecho del primer cazador que se cruza en mi camino. El calor de su sangre me salpica el rostro, y su grito se ahoga en un gorgoteo húmedo. Detrás de él, otro alza su arma, pero soy más rápido. Siempre soy más rápido. Me abalanzo sobre él antes de que pueda apretar el gatillo. Su cuello cede bajo mis mandíbulas con un crujido seco.A mi lado, Rita respira con dificultad, pero su mirada no tiembla. Eliot le ha dado un arma, y ella la sostiene con ambas manos, el cañón temblando solo un poco. Mi chica. Valiente, decidida. Aterrado por dentro, lo sé, pero sin dar un paso atrás.—¡Rita, detrás de mí! —gruño, mi voz apenas reconocible con la furia vibrando en mis huesos.Ella no obedece del todo. Por supuesto que no. Dispara. Una, dos veces. Y un c
Mis músculos se tensan. Eliot sabe.Me lo dice con los ojos, con el ligero cambio en su postura, con la manera en que su olor se transforma en algo más denso. Seguridad.Él sabe lo que soy. Y no tiene miedo.Eso es lo que me preocupa.—¿Qué querés decir? —gruño, manteniéndome en mi sitio.Eliot entrecierra los ojos, como si sopesara si responderme o no.—Nada… —miente.Hijo de puta.No necesito que me lo diga en palabras. Él está con ellos.Él nos delató.---Rita está en la cocina con Rob, ayudándolo a reforzar la puerta trasera. Lorens, el pibe, está en la sala, clavando maderas en la ventana. El viento afuera arrecia, golpeando la casa como si quisiera arrancarla de cuajo.Mis oídos captan algo.Un susurro.Un sonido casi imperceptible bajo el rugir de la tormenta.El crujido de ramas pisoteadas.Y entonces lo veo.Eliot, con la mano deslizándose hacia su bolsillo.—No lo hagas.Mi voz es un filo de hielo.Pero él sonríe.—Demasiado tarde.Y antes de que pueda moverme, mete los ded
El aire se espesa con la llegada de la amenaza. No hace falta verlos para saber que están cerca.Mi manada.El olor es inconfundible. A tierra húmeda, bosque y sangre. Es un olor que llevo en la piel, que nunca desaparece del todo, que siempre regresa.Miro a Rita. Ella también lo siente.No dice nada, pero su mano tiembla sobre la mía.—¿Qué pasa? —Rob frunce el ceño desde la mesa, su vaso de whisky entre los dedos.No respondo. No puedo.Lorens deja de garabatear en su libreta y nos observa, como si percibiera algo que su padre no puede ver.El viento cambia. Susurros entre los árboles.Y entonces, el golpe seco en la puerta.—Rob… —Lorens se pone de pie, tenso.Rob se levanta, dejando el vaso a un lado. No sabe quién está afuera.Pero yo sí.Natan ha venido por nosotros.—Rob agarra su escopeta.—Voy a ver quién es —murmura, avanzando hacia la puerta.—No abras —gruño, poniéndome de pie de golpe.Me mira con el ceño fruncido.—¿Qué carajo te pasa?Si abre la puerta, estamos muerto
El suelo frío y húmedo me recibe con brutalidad cuando mi cuerpo cede. La tierra absorbe mi sangre caliente, y por primera vez en toda mi vida, siento que voy a morir.Los gruñidos alrededor son un eco lejano, distorsionado por el dolor y el cansancio. Todo mi ser arde, mis huesos son un incendio, mis músculos laten con un sufrimiento insoportable.Pero no la suelto.Mis garras siguen aferrándose a Rita, incluso cuando mi cuerpo no puede más.Natan baja de la roca. Se acerca con calma, con superioridad. Es el Alfa ahora, y todos los lobos le abren paso como si fuera un dios.—Terminó, Luke.Su voz es un filo de hielo en mi cabeza.Mis fauces se abren para responderle, pero no me queda aliento.No me queda nada.—Eres terco hasta el final —suspira Natan, casi con decepción. Luego mira a los demás—. Mátenlo.Siento a los lobos tensarse, listos para destrozarme.Pero entonces, un sonido irrumpe en la noche.Un crujido.Un disparo.Y otro.Y otro más.Los lobos a mi alrededor gruñen. Sus
El cuerpo de Rita tiembla entre mis brazos. Su respiración es entrecortada, rápida, como si todavía estuviera atrapada en el terror de los últimos minutos.Yo también estoy temblando. Pero no de miedo.De rabia.De odio.De la pura necesidad de seguir matando.Pero no puedo. No ahora.Porque la tengo en mis brazos, porque necesito sacarla de este maldito lugar antes de que vengan más.Me levanto con ella sin esfuerzo. Sus brazos siguen aferrados a mi cuello, como si tuviera miedo de que la soltara, de que esto fuera una pesadilla de la que despertaría volviendo a estar atrapada en esas manos inmundas.Pero no voy a permitirlo.—Nos vamos.Ella no responde, pero su agarre se hace más fuerte.Mis sentidos están al límite. Sé que el ruido de la pelea alertó a los demás. Sé que no pasará mucho tiempo antes de que alguien venga a ver qué pasó.Salgo de la habitación con los músculos tensos, preparado para encontrarme con cualquiera. Pero el pasillo está vacío.La cabaña de los prisioneros
El eco de los pasos de Natan se desvanece en la distancia, dejándome en un silencio sofocante.El dolor en mis muñecas y tobillos es constante, punzante, pero no peor que la ira que me consume por dentro. La impotencia es un veneno que se filtra en cada fibra de mi ser. Tiro de las cadenas otra vez, esta vez con más furia, sintiendo cómo el metal corta mi piel. La sangre caliente escurre por mis dedos, pero no me importa.No puedo quedarme aquí.No puedo dejarla con ellos.Rita.El pensamiento de su nombre golpea dentro de mi cráneo como un tambor. Imaginarla sola, en manos de aquellos que me quieren muerto, con Natan decidiendo su destino, hace que el odio me queme la garganta.¿Dónde estará ahora? ¿Sola en algún rincón oscuro? ¿Herida?Cierro los ojos, respirando hondo, intentando encontrar calma en el caos. Pero lo único que veo es a ella, con su cabello desordenado, con esa expresión feroz que ha aprendido a ocultar detrás de su miedo. Me acuerdo de la última vez que la vi antes d
El bosque arde en destellos de luz artificial. Cada disparo ilumina los árboles con un resplandor espectral antes de desvanecerse en la noche cerrada. Mi instinto me grita que corra, pero no puedo. No todavía.Rita se aferra a mi brazo. Su respiración es un temblor cálido contra mi piel. Sus ojos oscuros buscan los míos, esperando una respuesta, esperando que haga algo.—Mantente detrás de mí —le ordeno en un gruñido bajo.El aire es denso con el olor del gas, de la pólvora, del sudor de los cazadores mezclado con el hedor químico de sus armas. Están entrenados. No son los típicos idiotas con rifles de plata y trampas oxidadas. Se mueven en formación, calculando cada paso.No hay escapatoria.—¡Ahí están! ¡Muévanse! —grita uno de ellos.Las linternas de sus cascos barren el área como ojos demoníacos. Mis oídos captan el clic mecánico de un seguro destrabándose.No hay tiempo para pensar.Me muevo.Cargo contra el primero antes de que pueda reaccionar, hundiendo mis garras en su armadu
La sangre aún gotea de mis garras cuando Rita me toca.Su contacto es cálido, humano. Me ancla.Levanto la vista y la encuentro observándome con esos ojos enormes y oscuros, llenos de algo que no logro descifrar. No es miedo. No es asco. Es… algo más.Los disparos han cesado por ahora, pero sabemos que no durará mucho.—Tenemos que irnos —susurra otra vez, su voz más apremiante.Pero yo no me muevo.El mundo debería estar ardiendo a nuestro alrededor. Debería preocuparme por los cazadores, por mi manada, por el peligro inminente.Pero en este instante, solo existe ella.El temblor en su respiración.El ligero movimiento de sus labios entreabiertos.La forma en que la luna ilumina su piel manchada de lodo y ceniza, como si ella fuera lo único puro en medio de la masacre.Mi mente me dice que corra.Mi cuerpo… tiene otras prioridades.—Luke… —Su voz es apenas un suspiro.No sé quién da el primer paso.Tal vez fui yo. Tal vez fue ella.Solo sé que, en el siguiente latido, su boca está so
Nos alejamos sin mirar atrás.El bosque nos engulle con su manto de sombras y silencio, pero el eco de lo que dejamos atrás sigue vibrando en el aire, como un aullido contenido. La manada ya no es nuestro refugio, sino nuestra sentencia.Rita camina a mi lado, su respiración entrecortada, pero sus pasos firmes. No se ha quejado ni una sola vez, pero sé que está agotada. Todos lo estamos.La luna se alza sobre nosotros, una esfera pálida que proyecta sombras distorsionadas entre los árboles. Nos hemos detenido en un claro apartado, oculto entre las raíces retorcidas de robles centenarios. El aroma a humedad y tierra recién removida me inunda los sentidos.Mi cuerpo está tenso, aún en estado de alerta. Aunque hemos escapado, no estamos seguros.Los cazadores están cerca.La manada nos odia.Y la noche aún no ha terminado.—Debemos encender un fuego —dice uno de los lobos, pero niego con la cabeza.—No. No podemos arriesgarnos. Nos están buscando.Varios gruñen en desacuerdo, pero nadie