En un mundo donde los lobos gobiernan con una jerarquía ancestral, Arthur Standerwod emerge como el elegido, destinado a ser el Alfa supremo. Su camino parece claro: encontrar a su pareja, la única mujer lobo de pelaje blanco y ojos azules. Pero el destino tiene otros planes. Cuando Arthur regresa a la reserva de lobos se encuentra con Anette Sinclair, una renegada, una marginada entre los suyos. Sin embargo algo en ella despierta un poderoso vínculo en Arthur; desafiando todas las reglas establecidas. ¿Podrá Arthur cumplir su destino o sucumbirá ante el intenso lazo que lo une a Anette? ¿Que misterios aguardarán tras la intervención de la diosa Luna?. Enfrentados en un destino incierto, Arthur y Anette deben decidir si seguirán las sendas trazadas por otros o se atreverán a forjar su propio destino en un mundo donde el amor y la lealtad se entrelazan en una danza de desafíos y pasiones.
Leer másSus ojos buscaban de forma inconsciente entre la multitud, deseando encontrar algo... o, mejor dicho, a alguien. Vladimir la había arrastrado como un trofeo por el salón, obligándola a sonreír ante aquellos que ahora la adulaban con miradas hambrientas. La copa dorada en su mano pesaba más de lo que debería, su contenido rojo oscilando peligrosamente cerca del borde… demasiado espeso para ser vino, demasiado vivo para ser sangre muerta. Su reflejo en el metal dorado la devolvía fragmentada, como si ya empezara a descomponerse.Todos la saludaban con respeto, pero ella no podía ignorar la arrogancia que emanaba de muchos de ellos. En cada mirada, en cada sonrisa forzada, sentía que la observaban como un el trofeo que su padre exhibía. Por momentos se sentía terriblemente expuesta; como si algo en su interior le advirtiera que aquellos ojos rojos veían más allá de su fachada elegante… y su admiración ocultaba algo mucho más peligroso.Las luces de cristal del salón no solo proyectaban s
Un aullido de dolor resonó hasta los rincones más oscuros de bosque, aullido cargado de emociones, de la desesperación y la necesidad que dejan la ausencia. Su trote se tornó agitado, sus patas se hundían con demasiada fuerza, en la tierra humedecida. El aroma a bosque y humedad invadió sus sentidos, impidiéndole seguir un rastro claro de ella…Era como si la naturaleza estuviera conjurando contra él para evitar que corriera tras de ella, el peso de su consciencia comenzó a hacer estragos en su ser mientras que el pasado y el presente se mezclaban, una vez más; con demasiada facilidad.«La hemos perdido… una vez más»El dolor plasmado en la voz de su lobo era reflejo fiel del que albergaba su agitado corazón, el frío helado de la soledad le carcomía las entrañas como un veneno lento que tenía como objetivo acabar con él prolongando su agonía.Sus pupilas se dilataron, su respiración se aceleró, y entonces su razón dejo de ser quien lo guiaba, dando paso al más puro y primitivo instint
Los pasillos del castillo resultaban fríos y aterradores, con cada paso que daba las velas se encendían sin ningún motivo aparente, antes de apagarse detrás de ella como si la oscuridad reclamara su derecho a seguirla provocando que sintiera que el ambiente estaba cargado de miedos y expectativas por igual.A la distancia los murmullos de la multitud resonaban contra el eco producto de la inmensidad y la soledad que albergaba el palacio, el resonar de sus propios pasos no hacía más que incrementar su nerviosismo, los latidos de su corazón eran como un susurro bajo pero constante que la asechaba en medio de la profunda oscuridad.Tragó grueso, sintiéndose repentinamente abrumada, sabiendo que con cada paso que daba se acercaba más a un destino que no estaba segura de querer enfrentar…El silencio se extendió, permitiendo que preguntas mudas flotaran en el aire en el momento en que cruzaron el umbral de la puerta hacia la sala el trono, muchos pares de ojos se centraron sobre ellas, algu
A veces, el camino hacia un objetivo no se recorre con fuerza, sino con paciencia. No se trata de imponer, sino de ofrecer, de tender la mano a quienes más necesitan una salida. Anette era, sin saberlo, la pieza clave en el plan de Vladimir. Pero lo que él no había previsto era que, para ganar su apoyo, no necesitaría manipulaciones ni mentiras, sino simplemente hacer lo que llevaba años deseando: confesarle la verdad. Abrir esa puerta que siempre había permanecido cerrada entre ellos. No era solo una estrategia; era una oportunidad. La oportunidad de conocerse, de construir algo que el tiempo y las circunstancias les habían robado: el vínculo de padre e hija.— Cariño, te adoro, pero enserio necesitas un baño. — La voz de su padre resonó con una calidez que contrastaba con el frío de la tarde.Anette se sonrojó, sintiendo el peso de los días de depresión se había lanzado al olvido y ahora se reflejaba en su apariencia. Sus cabellos todavía recordaban el torbellino áspero de la tierra
Una semana había pasado desde la muerte de Anna, una semana en la que parecía que el mundo se había sumergido en un completo caos. Arthur no había retomado su forma humana en todos esos días, Anette se había encerrado en su casa, convirtiéndola en la fortaleza impenetrable a la que nadie podía ingresar sin someterse al azote de la naturaleza que se asemejaba a un guardián furioso. La tensión era más que palpable, las reuniones del consejo se habían convertido en un campo de batalla, donde ninguno de los consejeros lograba confiar en el otro; las soluciones eran escasas mientras que los problemas se multiplicaban con demasiada rapidez. Humbert, aun en medio de su luto; intentaba encontrar las pruebas necesarias para demostrar que Rein estaba involucrado en la muerte de Anna, sabía que Anette no reaccionaria de la forma en que lo hizo de no tener la certeza de que Rein estaba involucrado, pero sus esfuerzos eran en vano; no había manera de demostrar que ese hombre era culpable. La inc
El movimiento de las agujas del reloj era lo único que perturbaba el silencio en aquella habitación, marcando el transcurso del tiempo que para ellos parecía detenido, sentados en el suelo, recostados en una de las paredes del baño, rodeado del caos que representaba los miles de fragmentos de cristal esparcidos por el piso; mientras Anette se aferraba a él con tanta fuerza que sus nudillos se tornaban blancos.¿Cuánto tiempo había pasado?, ¿minutos?, ¿horas?, no lo sabía; pero los ojos de Anette parecían haber perdido la capacidad de llorar, su cuerpo había dejado de temblar, sumergiéndose en una calma tan frágil que podría ser perturbada, en cualquier momento; por el simple susurro del viento.La imponente figura de Arthur apareció en la puerta, observando el desastre con un ceño fruncido, su expresión cargada de sorpresa y preocupación; preocupación que no hizo más que aumentar al ver a la frágil criatura que se aferraba con demasiada fuerza al vampiro.— ¿Qué paso? — interrogo, ace
Cuando la calma invadió el cuerpo de Anette también lo hizo la debilidad, sentía como si su cuerpo acabara de ser drenado de toda su energía, su respiración antes agitada se transformó en un murmullo suave y acompasado deleitando el oído de Arthur, los latidos desenfrenados del corazón ajeno parecieron encontrar su rumbo mientras Arthur la tomaba entre sus brazos, sintiendo que, por el momento; podían tener un poco de calma.Observo el semblante aparentemente tranquilo de Anette, sus mejillas sonrojadas, la casi imperceptible marca de las lágrimas sobre sus mejillas, sus labios ligeramente entreabiertos y su respiración acompasada que le indicaba que el arrebato de ira por fin había desaparecido, Anette había cerrado los ojos mientras se aferraba con fuerza a la camisa de Arthur, como si temiera que si el hombre se alejaba de ella todo se volvería a salir de control.«Está en calma… por ahora»El alivio plasmado en la voz de Ragnar era más que evidente, finalmente Arthur dirigió sus p
El funeral había terminado, y el aire pesado de tristeza y luto envolvía a los asistentes como una manta opresiva. Uno a uno, los miembros de la manada se acercaban a Anette, murmurando palabras de consuelo que sonaban huecas en sus oídos. ¿Qué hacían ellos ahí?, ¿de que valían sus palabras de consuelo cuando les habían dado la espalda durante toda su vida, sumergiéndolas en incontables horas de sufrimiento y dolo?Ella apenas podía sostener la mirada de nadie, su corazón latía con un dolor que parecía no tener fin, ahora estaba sola en el mundo, la persona que más la había amado y protegido desde que era una niña ya no estaba, nunca más escucharía su voz, nunca más observaría su adorable sonrisa y nunca más sabría lo que era estar entre los cálidos brazos de una madre...Su corazón estaba sumergido en un abismo de dolor y soledad, ahogándose en los propios lamentos de su alma que ahora se sentía perdida, pero todo cambió cuando vio a Isabella y Rein acercarse.Algo dentro de ella se
Cuando los llantos y gritos de Anette cesaron, el clima exterior volvió a una calma engañosa. Sin embargo, un frío penetrante y aterrador permaneció en el aire, helando los huesos de todos los seres en el bosque.El viento susurraba entre los árboles, como si la naturaleza misma estuviera de luto. Las hojas secas crujían bajo los pies de quienes se movían con cautela, y el olor a tierra húmeda y hierba marchita llenaba el ambiente.Anette, en cambio, parecía haberse quedado atrapada en un trance. Sus ojos, antes llenos de vida, ahora estaban vacíos, perdidos en un abismo de dolor. No hablaba, no lloraba, parecía una sombra de lo que alguna vez fue.Nicolás se levantó con cuidado, sosteniendo a Anette en sus brazos como si fuera una muñeca frágil. Arthur, con el corazón desgarrado, se acercó a ella con pasos lentos, tratando de mantener la calma, aunque su voz temblaba ligeramente al hablar.—Te llevaré a la mansión, pequeña —dijo con suavidad, como si temiera que un tono más alto pudi