"En un giro del destino, la vida de Emilia Crawford y Alexander Russell, dos CEOs exitosos y amigos de la infancia, se ve alterada por un malentendido que los lleva al matrimonio. Todo comienza cuando un encuentro casual en un bar y compartir una copa, toma un giro inesperado. A medida que mantienen la fachada de un matrimonio feliz, descubren que su hostilidad inicial esconde un secreto: una atracción profunda y apasionada. Emilia se resiste, sabiendo que su matrimonio tiene una fecha de caducidad. Alexander, por su parte, está decidido a conquistarla y demostrar que su amor es real. Pero justo cuando comienzan a encontrar la felicidad, el pasado de Alexander regresa para amenazar su unión y la verdad sobre su matrimonio se ve amenazada trayendo consigo terribles consecuencias. En un juego de amor, poder y familia. Emilia y Alexander deben apostar todo para descubrir si su matrimonio de conveniencia puede convertirse en un amor verdadero. ¿Podrán superar sus diferencias y encontrar la felicidad, o será su unión solo una fachada?
Ler maisUn par de hora después. Emilia y Alexander se encontraban en el auto de camino al hotel en el que Antony y su esposa se hospedaban, pues les recogerían ahí.—No tengo idea de porque has accedido a hacer esto —le reprocho; mientras se veía en el espejo retrovisor sobre el tablero, retocando con cuidado el maquillaje de sus labios.—¿En verdad no lo haces? —le cuestionó con cierto escepticismo al respecto, pues sabía que era demasiado lista como para no darse cuenta.—Supongamos que no puedo —respondió, demostrando una vez más que en efecto era muy lista.—Solo preocúpate por el hecho de que estamos aquí con un y solo un motivo, hacerles ver que somos de confianza —le recordó con firmeza.—No pensé que pudieras ser tan maquiavélico, creía que eras pura bondad —admitió,
Emilia debía reconocer que era reconfortante ver que podía hacerle frente, que no se acobardaba como solía hacer el resto en su presencia. Aun así, no le intimidaba en lo más mínimo.—Millones, lo tengo presente —reconoció sin temor. —¿Y para qué?, ¿para defender tu ego herido? —le cuestionó, confiando en que eso era lo que había ocurrido.—No, te equivocas. Creí que me conocías lo suficientemente bien como para saber qué no me dejaría impresionar por ese tipo de tonterías. Créeme que lo que Antony me ha dicho no es ni de cerca lo peor que he escuchado —admitió con toda franqueza. —¿Entonces porque actuar de la forma en que lo hiciste? —intento comprender.—Me sorprende que no te des cuenta —reconoció con cierta pena. —¿De que estas hablando? —pregunto enseguida, deseando que fuese mucho más clara al respecto.—Tarde o temprano debía enterarse de la verdad, que ahora somos socios. ¿Es que acaso pretendías que no lo supiese nunca? —quiso comprender la línea de sus pensamientos. —N
Emilia era perfectamente consciente de que la familiaridad que parecía haber entre ellos no se había dado en un solo día, que las negociaciones debían tener meses como mínimo. Hecho del que ella no había estado enterada, lo cual le hacía pensar de forma inevitable en que más le podría estar ocultado. —Por favor, señores; no se detengan por mi —les insto con una sonrisa que reflejaba suficiencia.Se encontraba disgustada con Alexander por mantenerlo en secreto y con Antony por preferirlo en su lugar, en cuanto a negocios se trataba claro está. En cambio, la vida daba muchas vueltas y al final terminaría trabajando con ella; aunque no lo supiera aun y estaría encantada en hacérselo saber a su debido tiempo. —Disculpen, pero no creo que hablar ahora sea lo correcto. Mis negocios son con usted Alexander, fui muy claro en cuanto a lo que deseaba y perdón señorita, pero no pienso trabajar con usted —sentencio con firmeza.—¿Puedo saber el motivo? —se mostró curiosa, deseando saber lo que d
Alexander la conocía lo suficientemente bien como para saber que aquella era su forma de ser, que no trataba de ser provocativa para nadie; solo que aquella era su personalidad y siempre lo había sido. Sin embargo, no podía dejar que nadie creyese lo contrario; en especial cuando se suponía que ella era su amada esposa. No tardo en notar la expresión de sorpresa en el rostro de Antony, además de cierta incomodidad. Emilia causaba ese efecto a donde sea que fuese, su aura de poder y fuerza lo envolvía todo, afectando a todos aquellos a su alrededor. Aunado a lo cual, estaba el hecho de que todos conocían su reputación y actuaban en consecuencia; lo había visto con anterioridad en varias ocasiones.Decidió entonces hacerle saber de su presencia. —Emilia —la llamo desde la puerta.—Qué bueno que regresas, he encontrado un error en... —decía con toda naturalidad, obviamente sin reparar en lo que pasaba a su alrededor.—Seguro que eso puede esperar, no estoy solo —le hizo ver, esperando q
Cuando Lucas y Paul decidieron unir las empresas, lo hicieron con un firme propósito en mente; el crecer y volverse una sola gran corporación. Lo hicieron sin llegar a despedir a ninguno de sus empleados, pues estaban conscientes de que habían hecho su mejor trabajo para ellos y hasta encontrar la forma de reunirlos a todos en una sola cede, decidieron seguir operando desde ambos edificios. Aunado a que aún no habían dado a conocer al mundo la decisión que tomaron. Emilia y Alexander continuaban dirigiendo desde sus antiguas trincheras; aunque en esa ocasión se veían en la obligación de tener que consultarlo todo con el otro. Por supuesto que eso se había vuelto una verdadera batalla de poder entre ellos, misma que se libraba a puertas cerradas; pues ante el mundo habían tratado de verse como la pareja exitosa y enamorada que sus padres deseaban. Llevaban un par de meses afianzando la fusión con todas sus fuerzas, lo cual se llevaba la mayor parte de su tiempo y energía. Aunque al
Ambos insistieron en quedarse en el hospital para acompañarlos, argumentando de estaban preocupados; además de que ya se encontraban ahí. Por desgracia y por más buenos que pudieran ser sus argumentos, no lograron nada y al final terminaron por echarlos. El matrimonio había sido tan apresurado que no tuvieron tiempo de decidir dónde vivirían durante el plazo de un año, el cual se había estipulado para aquel extraño acuerdo. Por desgracia y ya que no tuvieron tal previsión, no tuvieron más opción que dirigirse al apartamento de Alexander. Ella había estado viviendo en casa de sus padres; por lo cual aquel era sin duda un mejor sitio para tener la privacidad que necesitaban y es que nadie debía darse cuenta de la farsa en que vivían.Él vivía en el último piso de un moderno edificio, muy cerca de las sedes de sus empresas; lo cual resultaba ser una verdadera ventaja. Se dirigieron hacia haya en silencio, cada uno concentrado en sus propios asuntos. Apenas arribaron, Emilia volteo a ve
El camino de regreso a la cuidad fue en verdad tenso y más largo de lo que ninguno de los dos desearía. Emilia se encontraba demasiado alterada como para permitir que Alexander manejara; pues lo que más necesitaba en esos momentos era sentir que podía controlar algo, que algo se encontraba en sus manos y para su desgracia eso era lo único que había.Les tomo cerca de dos horas poder arribar a la cuidad y una verdadera eternidad lograr llegar al hospital. Para cuando eso ocurrió, Emilia estaba al borde de los nervios. Apenas dejo el auto en el estacionamiento, salió corriendo en busca de su padre con Alexander pisándole los talones. La verdad es que no solo le preocupaba la salud de Lucas, el cual era como un tío para él; sino que de igual modo el estado en que Emilia se encontraba. Sabía que, si el recibiera una noticia como aquella, necesitaría de alguien que permaneciera a su lado y estaba hay para ser ese apoyo para ella. Para su desconcierto, se dio cuenta de que parecía tan ecuá
Emilia tenía un par de días sin poder dormir bien, pero esa noche en especial no lograba conciliar el sueño por más que lo intentara. Desesperada había decidido salir a tomar un poco de aire al balcón, resultando francamente en vano y es que no consiguió nada. Por lo cual, termino optando por bajar y buscar un vaso de agua. Lo que jamás se espero fue encontrar a Alexander a mitad de la sala empapado y completamente desnudo. Tal visión le hizo detenerse de una vez sin tener idea de cómo reaccionar al respecto. Decidió entonces solo comenzar a bajar por las escaleras con lentitud y mientras lo hacía no fue capaz de separar sus ojos del cuerpo de este.Siempre le había parecido apuesto, no era ciega o tonta como para no darse cuenta de eso. En cambio, siempre había sido solo el niño con el que creció; aquel que solía molestarla por sus vestidos, su mayor competencia durante la carrera y su némesis en los negocios, pero nada más que eso. No podía negar que era atractivo, que tenía un cuer
Un par de días después, Alexander no conseguía conciliar el sueño y es que, aunque no lo reconociera esa quietud no le hacía sentir bien. Estaba hastiado del silencio y el no tener nada que hacer lo estaba volviendo loco; después de todo había pasado su vida entera en el caos de la ciudad. No lograba conciliar el sueño, así que decidió salir a nadar un poco aun cuando fuese medianoche. Esperaba que le agua fría de la piscina exterior le hiciese sentir mejor; además de cansarlo lo suficiente. No había nadie más que Emilia en la casa y hacia un par de horas que se había retirado a descansar, así que se desnudó por completo y se escabullo al jardín. Poseía un excelente estado físico, así que llevaba poco más de media hora nadando sin parar en un ir y venir por todo lo largo de la piscina. Fue de ese modo, hasta que de pronto las fuerzas al fin le fallaron y se vio obligado a detenerse, flotando tranquilamente en el agua, mientras su respiración se tranquilizaba poco a poco. La luna br