Todo el mundo llego puntual a la cena, incluso Emilia y Alexander. Eran como parte de una sola familia, siempre había sido de ese modo; por lo cual no hizo falta formalidad alguna, sino que tan solo tomaron una copa antes de dirigirse al comedor. Entonces comenzaron a disfrutar de una deliciosa cena, plagada de platica ligera y sin importancia.Ambos se encontraban en espera de la oportunidad perfecta para decirles la verdad, pues no deseaban arruinar tan feliz noche. Oportunidad que pareció llegar cuando tomaban el postre y con más de un par de copas de vino encima.—No me mal entiendan, siempre es un verdadero placer estas cenas, pero estamos aquí esta noche con un motivo en particular —declaro Sonia, antes de que ninguno de los dos pudiera reunir el coraje necesario para hablar. —Tienes razón, tenemos algo importante que tratar —reconoció Martha.—Hay preparativos que hacer para la boda de nuestros hijos —dijo Sonia, justo lo que ambos más temían.—Es verdad señoras, pero no se apr
Emilia sentía que no podía respirar era como si una clase de cuerda oprimiera su garganta, se sentía mareada y es que la noticia que acababa de recibir no era para menos.Estaba a punto de comenzar a llorar, cuando de pronto escucho como alguien le llamaba a sus espaldas.—Emilia.Al voltear se encontró con Alexander, quien era la persona que menos deseaba ver en esos momentos; después de todo era el artífice de aquella desgracia.—Ahora no Alexander, ahora no —se negó mientras comenzaba a caminar para alejarse, pues en caso contrario no sabía de lo que sería capaz.—Espera Emilia —le pidió mientras iba tras ella.—No, ahora no puedo. Solo déjame sola o te juro que no se de lo que sería capaz —le dijo, dándole voz a la frustración que sentía en aquellos momentos.—Créeme que me gustaría dejarte sola, pero no puedo. Necesitamos hablar, es urgente —afirmo mientras le daba alcance al fin o más bien ella se lo permitía, pues se detuvo de pronto.—Por supuesto que es urgente. Nuestros padre
Actualmente…Una vez llegaron a su destino, el cual era la casa de campo de los padres de Alexander en las afueras de la ciudad, era bastante tarde. Pasaba de la media noche, por lo cual cada uno se dirigió a sus respectivas habitaciones pretendiendo descansar un poco.El trato era claro entre ellos. Ante el mundo serian la pareja perfecta, unos recién casados perdidamente enamorados; pero una vez las puertas se cerrarán y ambos se encontrarán solos no serían más que socios en aquel extraño convenio del cual se habían visto obligados a formar parte. Intentaban tratarse con toda la cordialidad posible, lo cual no era mucho decir teniendo en cuenta sus circunstancias y sobre todo sus personalidades tan distintas.Al día siguiente, a primera hora; Alexander decidió bajar en busca de un café. Todo permanecía en absoluto silencio y calma, era demasiado temprano; por lo cual dio por hecho que Emilia aun descansaba. Después de todo, no tenían nada que hacer y es que estaban de luna de miel.
Un par de días después, Alexander no conseguía conciliar el sueño y es que, aunque no lo reconociera esa quietud no le hacía sentir bien. Estaba hastiado del silencio y el no tener nada que hacer lo estaba volviendo loco; después de todo había pasado su vida entera en el caos de la ciudad. No lograba conciliar el sueño, así que decidió salir a nadar un poco aun cuando fuese medianoche. Esperaba que le agua fría de la piscina exterior le hiciese sentir mejor; además de cansarlo lo suficiente. No había nadie más que Emilia en la casa y hacia un par de horas que se había retirado a descansar, así que se desnudó por completo y se escabullo al jardín. Poseía un excelente estado físico, así que llevaba poco más de media hora nadando sin parar en un ir y venir por todo lo largo de la piscina. Fue de ese modo, hasta que de pronto las fuerzas al fin le fallaron y se vio obligado a detenerse, flotando tranquilamente en el agua, mientras su respiración se tranquilizaba poco a poco. La luna br
Emilia tenía un par de días sin poder dormir bien, pero esa noche en especial no lograba conciliar el sueño por más que lo intentara. Desesperada había decidido salir a tomar un poco de aire al balcón, resultando francamente en vano y es que no consiguió nada. Por lo cual, termino optando por bajar y buscar un vaso de agua. Lo que jamás se espero fue encontrar a Alexander a mitad de la sala empapado y completamente desnudo. Tal visión le hizo detenerse de una vez sin tener idea de cómo reaccionar al respecto. Decidió entonces solo comenzar a bajar por las escaleras con lentitud y mientras lo hacía no fue capaz de separar sus ojos del cuerpo de este.Siempre le había parecido apuesto, no era ciega o tonta como para no darse cuenta de eso. En cambio, siempre había sido solo el niño con el que creció; aquel que solía molestarla por sus vestidos, su mayor competencia durante la carrera y su némesis en los negocios, pero nada más que eso. No podía negar que era atractivo, que tenía un cuer
El camino de regreso a la cuidad fue en verdad tenso y más largo de lo que ninguno de los dos desearía. Emilia se encontraba demasiado alterada como para permitir que Alexander manejara; pues lo que más necesitaba en esos momentos era sentir que podía controlar algo, que algo se encontraba en sus manos y para su desgracia eso era lo único que había.Les tomo cerca de dos horas poder arribar a la cuidad y una verdadera eternidad lograr llegar al hospital. Para cuando eso ocurrió, Emilia estaba al borde de los nervios. Apenas dejo el auto en el estacionamiento, salió corriendo en busca de su padre con Alexander pisándole los talones. La verdad es que no solo le preocupaba la salud de Lucas, el cual era como un tío para él; sino que de igual modo el estado en que Emilia se encontraba. Sabía que, si el recibiera una noticia como aquella, necesitaría de alguien que permaneciera a su lado y estaba hay para ser ese apoyo para ella. Para su desconcierto, se dio cuenta de que parecía tan ecuá
Ambos insistieron en quedarse en el hospital para acompañarlos, argumentando de estaban preocupados; además de que ya se encontraban ahí. Por desgracia y por más buenos que pudieran ser sus argumentos, no lograron nada y al final terminaron por echarlos. El matrimonio había sido tan apresurado que no tuvieron tiempo de decidir dónde vivirían durante el plazo de un año, el cual se había estipulado para aquel extraño acuerdo. Por desgracia y ya que no tuvieron tal previsión, no tuvieron más opción que dirigirse al apartamento de Alexander. Ella había estado viviendo en casa de sus padres; por lo cual aquel era sin duda un mejor sitio para tener la privacidad que necesitaban y es que nadie debía darse cuenta de la farsa en que vivían.Él vivía en el último piso de un moderno edificio, muy cerca de las sedes de sus empresas; lo cual resultaba ser una verdadera ventaja. Se dirigieron hacia haya en silencio, cada uno concentrado en sus propios asuntos. Apenas arribaron, Emilia volteo a ve
Cuando Lucas y Paul decidieron unir las empresas, lo hicieron con un firme propósito en mente; el crecer y volverse una sola gran corporación. Lo hicieron sin llegar a despedir a ninguno de sus empleados, pues estaban conscientes de que habían hecho su mejor trabajo para ellos y hasta encontrar la forma de reunirlos a todos en una sola cede, decidieron seguir operando desde ambos edificios. Aunado a que aún no habían dado a conocer al mundo la decisión que tomaron. Emilia y Alexander continuaban dirigiendo desde sus antiguas trincheras; aunque en esa ocasión se veían en la obligación de tener que consultarlo todo con el otro. Por supuesto que eso se había vuelto una verdadera batalla de poder entre ellos, misma que se libraba a puertas cerradas; pues ante el mundo habían tratado de verse como la pareja exitosa y enamorada que sus padres deseaban. Llevaban un par de meses afianzando la fusión con todas sus fuerzas, lo cual se llevaba la mayor parte de su tiempo y energía. Aunque al