Cuando Lucas y Paul decidieron unir las empresas, lo hicieron con un firme propósito en mente; el crecer y volverse una sola gran corporación. Lo hicieron sin llegar a despedir a ninguno de sus empleados, pues estaban conscientes de que habían hecho su mejor trabajo para ellos y hasta encontrar la forma de reunirlos a todos en una sola cede, decidieron seguir operando desde ambos edificios. Aunado a que aún no habían dado a conocer al mundo la decisión que tomaron. Emilia y Alexander continuaban dirigiendo desde sus antiguas trincheras; aunque en esa ocasión se veían en la obligación de tener que consultarlo todo con el otro. Por supuesto que eso se había vuelto una verdadera batalla de poder entre ellos, misma que se libraba a puertas cerradas; pues ante el mundo habían tratado de verse como la pareja exitosa y enamorada que sus padres deseaban. Llevaban un par de meses afianzando la fusión con todas sus fuerzas, lo cual se llevaba la mayor parte de su tiempo y energía. Aunque al
Alexander la conocía lo suficientemente bien como para saber que aquella era su forma de ser, que no trataba de ser provocativa para nadie; solo que aquella era su personalidad y siempre lo había sido. Sin embargo, no podía dejar que nadie creyese lo contrario; en especial cuando se suponía que ella era su amada esposa. No tardo en notar la expresión de sorpresa en el rostro de Antony, además de cierta incomodidad. Emilia causaba ese efecto a donde sea que fuese, su aura de poder y fuerza lo envolvía todo, afectando a todos aquellos a su alrededor. Aunado a lo cual, estaba el hecho de que todos conocían su reputación y actuaban en consecuencia; lo había visto con anterioridad en varias ocasiones.Decidió entonces hacerle saber de su presencia. —Emilia —la llamo desde la puerta.—Qué bueno que regresas, he encontrado un error en... —decía con toda naturalidad, obviamente sin reparar en lo que pasaba a su alrededor.—Seguro que eso puede esperar, no estoy solo —le hizo ver, esperando q
Emilia era perfectamente consciente de que la familiaridad que parecía haber entre ellos no se había dado en un solo día, que las negociaciones debían tener meses como mínimo. Hecho del que ella no había estado enterada, lo cual le hacía pensar de forma inevitable en que más le podría estar ocultado. —Por favor, señores; no se detengan por mi —les insto con una sonrisa que reflejaba suficiencia.Se encontraba disgustada con Alexander por mantenerlo en secreto y con Antony por preferirlo en su lugar, en cuanto a negocios se trataba claro está. En cambio, la vida daba muchas vueltas y al final terminaría trabajando con ella; aunque no lo supiera aun y estaría encantada en hacérselo saber a su debido tiempo. —Disculpen, pero no creo que hablar ahora sea lo correcto. Mis negocios son con usted Alexander, fui muy claro en cuanto a lo que deseaba y perdón señorita, pero no pienso trabajar con usted —sentencio con firmeza.—¿Puedo saber el motivo? —se mostró curiosa, deseando saber lo que d
Emilia debía reconocer que era reconfortante ver que podía hacerle frente, que no se acobardaba como solía hacer el resto en su presencia. Aun así, no le intimidaba en lo más mínimo.—Millones, lo tengo presente —reconoció sin temor. —¿Y para qué?, ¿para defender tu ego herido? —le cuestionó, confiando en que eso era lo que había ocurrido.—No, te equivocas. Creí que me conocías lo suficientemente bien como para saber qué no me dejaría impresionar por ese tipo de tonterías. Créeme que lo que Antony me ha dicho no es ni de cerca lo peor que he escuchado —admitió con toda franqueza. —¿Entonces porque actuar de la forma en que lo hiciste? —intento comprender.—Me sorprende que no te des cuenta —reconoció con cierta pena. —¿De que estas hablando? —pregunto enseguida, deseando que fuese mucho más clara al respecto.—Tarde o temprano debía enterarse de la verdad, que ahora somos socios. ¿Es que acaso pretendías que no lo supiese nunca? —quiso comprender la línea de sus pensamientos. —N
Un par de hora después. Emilia y Alexander se encontraban en el auto de camino al hotel en el que Antony y su esposa se hospedaban, pues les recogerían ahí.—No tengo idea de porque has accedido a hacer esto —le reprocho; mientras se veía en el espejo retrovisor sobre el tablero, retocando con cuidado el maquillaje de sus labios.—¿En verdad no lo haces? —le cuestionó con cierto escepticismo al respecto, pues sabía que era demasiado lista como para no darse cuenta.—Supongamos que no puedo —respondió, demostrando una vez más que en efecto era muy lista.—Solo preocúpate por el hecho de que estamos aquí con un y solo un motivo, hacerles ver que somos de confianza —le recordó con firmeza.—No pensé que pudieras ser tan maquiavélico, creía que eras pura bondad —admitió,
El aroma a flores inundaba La Catedral del Santo Nombre, en Chicago. Era finales de julio, el cielo se encontraba despeado y el clima era cálido; perfecto para la ocasión que estaba a punto de tener lugar.En el interior todo estaba cubierto de rosas blancas, el camino de entrada había sido cubierto por pétalos que daban la bienvenida a una hermosa novia enfundada en un precioso vestido blanco. Era una creación exquisita de encaje y satén, que envolvía la figura de la joven; resaltando su pequeña cintura, sus pechos generosos y caderas estrechas. La cola del vestido de estilo clásico arrastraba tras ella un par de metros, mientras avanzaba tomado del brazo de su padre. Este le veía con una sonrisa, mientras sostenía su mano con cariño, haciéndole saber que estaba a su lado.Avanzaban al ritmo de la marcha nupcial, pasando al lado de toda su familia y amigos; quienes los veían con alegría e incluso algunas lágrimas eran derramadas. En cambio, la atención de ella se encontraba puesta
Un par de meses atrás…Alexander había llamado a Clara, su novia, varias veces a lo largo de la tarde sin respuesta. Deseaba verla, hablar con ella; por lo cual insistió hasta que consiguió que su asistente le dijera donde se encontraba. Ambos había decidió mantener su relación en secreto, por el bien de sus carreras. Ella era una importante modelo, su carrera iba en ascenso. En tanto que él era el Ceo de una de las empresas de construcción más importantes del país.Llevaba varios días sin verla, así que en contra de todos sus acuerdos decidió buscarla en público. Según su asistente se encontraba en el hotel, The Gwen. Tenía una reunión hay con un cliente y pretendía sorprenderla. Por desgracia, al arribar no encontró rastro alguno de ella en el restaurante o el bar; por lo cual dio por hecho que debía encontrarse en alguna de las salas de reuniones. No tenía otra opción más que esperar y no encontró una mejor forma de hacerlo que tomando una copa en el bar. Apto por dirigirse haci
Alexander no tenía idea de lo que estaba pasando y es que no era típico en ella el actuar de ese modo. —¿Qué es lo que te sucede? —le cuestiono extrañado.Por desgracia Emilia no contesto, sino que tan solo se acercó un poco más a él; lo cual le sorprendió de inicio. Sin embargo, pronto se dio cuenta de lo que pretendía y es que se ocultaba tras suyo, mismo que solo causo su mayor desconcierto. No lograba entender lo que pudo hacerla actuar de ese modo. —¿Qué diablos te sucede Emilia? —deseo entenderlo. —Cállate y no te muevas —respondió de forma cortante. —Lo are si no me dices lo que ocurre —advirtió, mientras comenzaba a hacer girar el banco sobre el que se encontraba sentado. Emilia no pretendía dejar que eso ocurriera, así que lo retuvo con firmeza. —Hablo en serio, si te mueve te lastimare —lanzo un ultimátum en su contra.Alexander en cambio le presto poca atención a sus palabras, soltándose de su agarre para comprobar de lo que se trataba. En cambio, a sus espaldas n