El aroma a flores inundaba La Catedral del Santo Nombre, en Chicago. Era finales de julio, el cielo se encontraba despeado y el clima era cálido; perfecto para la ocasión que estaba a punto de tener lugar.
En el interior todo estaba cubierto de rosas blancas, el camino de entrada había sido cubierto por pétalos que daban la bienvenida a una hermosa novia enfundada en un precioso vestido blanco. Era una creación exquisita de encaje y satén, que envolvía la figura de la joven; resaltando su pequeña cintura, sus pechos generosos y caderas estrechas.
La cola del vestido de estilo clásico arrastraba tras ella un par de metros, mientras avanzaba tomado del brazo de su padre. Este le veía con una sonrisa, mientras sostenía su mano con cariño, haciéndole saber que estaba a su lado.
Avanzaban al ritmo de la marcha nupcial, pasando al lado de toda su familia y amigos; quienes los veían con alegría e incluso algunas lágrimas eran derramadas.
En cambio, la atención de ella se encontraba puesta en el hombre que le esperaba ante el altar. Sus ojos le habían atrapado desde el mismo instante en que atravesó aquellas imponentes puertas y en esos momentos era todo en lo que se podía concentrar.
No tenía idea de cómo es que había atravesado la catedral, pues cuando menos se dio cuenta estaban ante él.
—Alexander; te entrego a mi hija, mi bien más preciado. Solo te pido que a la hagas muy feliz —le dijo Lucas, quien con lágrimas en los ojos coloco la mano de la joven en la de este.
—Le prometo que así será, que cuidare de Emilia sin importar lo que suceda —respondió Alexander sin demora, pues estaba decidido a cumplir con su palabra.
—Eso es todo lo que pido —reconoció Lucas mientras soltaba la mano de Emilia para dejarla marchar.
Ambos jóvenes entonces se colocaron en sus sitios ante el altar. La ceremonia fue preciosa, el sacerdote pronuncio bellas palabras sobre la importancia de la decisión que habían tomado, la vida que estaban a punto de comenzar juntos y la familia que serían en adelante.
En el momento en que fueron declarados marido y mujer todos a su alrededor aplaudieron con júbilo; en tanto que ellos compartían un tierno beso con el que sellaron su unión.
El sol descendía en el horizonte; cuando los esposos abandonaron la Catedral, rumbo a la mansión de los padres de Emilia.
El jardín había sido adornado con cientos de flores, mayorías de las cuales eran rosas blancas; mesas en las que se serviría una exquisita cena y una orquesta que ya tocaba cuando arribaron.
Fueron recibidos por cientos de invitados, quienes no se cansaban de felicitarlos y desearles lo mejor. Lo cierto es que no conocían a la mayoría de estos, pero eso no les preocupaba; pues lo único que importaba era que se habían convertido en esposos.
Un momento requerido era el primer baile; mismo que era toda una tradición. Alexander se puso de pie, tendiendo su mano hacia Emilia con galantería; misma que esta tomo para seguirlo hacia el centro del jardín.
En ese momento la canción que la orquesta tocaba se vio interrumpida, para comenzar a interpretar una pieza en verdad romántica. Alexander coloco sus manos en torno a la cintura de Emilia, acercándola a su cuerpo; en tanto que ella coloco sus brazos alrededor de su cuello.
Sus miradas se encontraron con tal intensidad mientras bailaban, que se sentía como la electricidad crepitando en el aire. Hasta que de pronto se fundieron en un tierno beso, regalándose una cálida sonrisa; antes de que Emilia colocara su cabeza contra el pecho de Alexander bailando aún más cerca.
Se movían con lentitud, balanceándose de un lado a otro en el mismo sitio de la pista, hasta que de pronto otras parejas se les unieron y la música se tornó más aminada. Alexander entonces la soltó, haciéndola girar de pronto, arrancándole una carcajada; para luego acercarla una vez más.
La vista de todo el mundo estaba puesta en ambos, en lo bien que lucían juntos y el gran amor que se reflejaba en cada una de sus acciones. Era claro para todo aquel que presenciara la escena lo enamorados que se encontraban y eso tenía felices a sus familias.
El momento del brindis llego y todo el mundo levanto sus copas con alegría. Alexander decidió tomar la palabra primero, dirigiéndose a todos.
—Primero que nada, deseo agradecer a todos por estar aquí, por compartir este momento tan especial para nosotros. Se que a algunos les tomó por sorpresa nuestro matrimonio, pero déjenme asegurarles que jamás hemos estado más seguros de que esto es lo que deseamos. La amistad y cariño que siempre ha existido entre nosotros era tan fuerte que dio paso al amor, al deseo de compartir el resto de nuestras vidas. Encontré en Emilia una compañera, una cómplice y le agradezco por seguirme en este viaje que estamos a punto de emprender. Te amo —declaro con sentir y mientras la volteaba a ver con una sonrisa, tomándole una de las manos para besársela.
Emilia solo pudo apretar su mano como un signo de cariño, mientras tomaba el micrófono que le tendía.
—Después de lo que Alexander ha dicho, no creo que yo pueda agregar más; aun así, lo intentare. Jamás creí que este día llegaría, se los aseguro; conozco a Alexander desde que ambos éramos tan solo un par de niños que corrían por estos mismos jardines. Sin embargo, no puede evitar notar en quien se convirtió; un empresario exitoso e inteligente, un hombre apuesto, noble y encantador. No puedo imaginar el estar con nadie más en estos momentos, él es en quien más confió —dijo correspondiendo a la sonrisa que este aun le dedicaba.
Todos se encontraban muy conmovidos por sus palabras y es que no era para menos, eran la pareja perfecta.
Un par de horas después y mientras la fiesta continuaba con entusiasmo, ambos se escabulleron tratando de que nadie se percatase y es que no deseaban que el ánimo decayera.
Para su desgracia, no lograron su cometido y es que los padres de ambos se dieron cuenta de sus intenciones. Les alcanzaron cuando se encontraban a punto de subir al auto, deteniéndolos.
No tardaron en felicitarlos una vez más y darles consejos que no eran necesarios y tampoco se les pidieron; pero que eran bien recibidos por ambos. Sabían que sus palabras eran con la mejor de las intenciones y sobre todo porque los amaban.
Aun cuando entraron al auto, ellos continuaban hablando e intentando prolongar el momento lo más pasible.
—Señores, por favor. Dejen en paz a los jóvenes de una buena vez, que tienen cosas más importantes que hacer que escuchar a estos ancianos —intervino de pronto Lucas, el padre de Emilia.
—Dejemos que se vallan —pidió, cerrando de una buena vez la puerta del auto para acercarse a la ventanilla y verlos por última vez.
—Disfruten de estos días lejos de todo y de todos, no se preocupen por nada —les aconsejo con una cálida sonrisa.
Ambos solo pudieron asegurarle que sería de ese modo, despidiéndose de ellos.
Apenas el auto comenzó a avanzar, alejándose de la mansión; ambos se voltearon a ver un momento.
—Me has sorprendido el día de hoy. Tu discurso fue conmovedor, no lo esperaba en absoluto —admitió Emilia.
—Tuve que practicarlo, no soy tan espontaneo —reconoció Alexander.
—Lo sé muy bien y además eres un gran actor, incluso vi correr lagrimas mientras hablabas. Si no supiera la verdad, incluso yo te habría creído —acepto.
—Ahora te importaría soltarme, tu mano está sudando —le hizo ver Emilia de forma mordaz, tal como acostumbraba.
Alexander entonces se apresuró a liberarla, colocando ambas manos en el volante.
—Tu tampoco estuviste mal, casi creo en todos tus halagos. Aunque hubiese preferido que fueses más romántica, las personas no dejaban de observarnos —le recordó con cierta molestia.
—De hacerlo, se habrían dado cuenta; yo jamás he sido esa clase de mujer. ¿Es que acaso debo recordarte porque nos hemos casado? —pregunto con notable sarcasmo.
—No, no tienes que hacerlo —reconoció.
—Me alegra mucho que sea así, esto no es más que un acuerdo entre nosotros y uno con fecha de caducidad. Este matrimonio no es real y jamás lo será —declaro con toda convicción al respecto.
Un par de meses atrás…Alexander había llamado a Clara, su novia, varias veces a lo largo de la tarde sin respuesta. Deseaba verla, hablar con ella; por lo cual insistió hasta que consiguió que su asistente le dijera donde se encontraba. Ambos había decidió mantener su relación en secreto, por el bien de sus carreras. Ella era una importante modelo, su carrera iba en ascenso. En tanto que él era el Ceo de una de las empresas de construcción más importantes del país.Llevaba varios días sin verla, así que en contra de todos sus acuerdos decidió buscarla en público. Según su asistente se encontraba en el hotel, The Gwen. Tenía una reunión hay con un cliente y pretendía sorprenderla. Por desgracia, al arribar no encontró rastro alguno de ella en el restaurante o el bar; por lo cual dio por hecho que debía encontrarse en alguna de las salas de reuniones. No tenía otra opción más que esperar y no encontró una mejor forma de hacerlo que tomando una copa en el bar. Apto por dirigirse haci
Alexander no tenía idea de lo que estaba pasando y es que no era típico en ella el actuar de ese modo. —¿Qué es lo que te sucede? —le cuestiono extrañado.Por desgracia Emilia no contesto, sino que tan solo se acercó un poco más a él; lo cual le sorprendió de inicio. Sin embargo, pronto se dio cuenta de lo que pretendía y es que se ocultaba tras suyo, mismo que solo causo su mayor desconcierto. No lograba entender lo que pudo hacerla actuar de ese modo. —¿Qué diablos te sucede Emilia? —deseo entenderlo. —Cállate y no te muevas —respondió de forma cortante. —Lo are si no me dices lo que ocurre —advirtió, mientras comenzaba a hacer girar el banco sobre el que se encontraba sentado. Emilia no pretendía dejar que eso ocurriera, así que lo retuvo con firmeza. —Hablo en serio, si te mueve te lastimare —lanzo un ultimátum en su contra.Alexander en cambio le presto poca atención a sus palabras, soltándose de su agarre para comprobar de lo que se trataba. En cambio, a sus espaldas n
Emilia no tenía la menor idea de lo que le ocurría; pues la actitud relajada de antes había desaparecido. Parecía molesto, exaltado y totalmente fuera de sí. Estaba claro que algo había sucedido, solo que no tenía la menor idea de lo que se trataba. Tampoco parecía que él se encontrase dispuesto a revelarlo, por lo cual solo le resto seguirlo al menos hasta el exterior y es que eso era justo lo que deseaba. Una vez se encontró fuera, se liberó de su agarre; aun cuando eso no le resulto nada sencillo. —¡Loco! —lo llamo con desprecio mientras se alejaba.Alexander apenas era consciente de lo que estaba haciendo, al igual del hecho de que Emilia se alejó de él furiosa. Vio entonces como al otro lado de la calle Clara subía a un auto, acompañada de aquel hombre. No podía permitir que se marcharan, necesitaba detenerlos y obtener respuestas de su parte. Por desgracia, el tiempo se terminaba. Ellos se marchaban y no dejaría que eso ocurriera. Infortunadamente su auto se encontraba en e
Cuando Emilia comenzó a despertar, lo hizo sintiéndose confusa y es que no recordaba lo sucedido o al menos fue así en un principio. Pronto observo todo a su alrededor, se encontraba en una habitación pintada en su totalidad de color blanco, lo cual, acompañado aquel característico aroma a alcohol y desinfectante, le hizo dar cuenta del sitio en el que se encontraba. Estaba en una habitación de hospital y ser consciente de eso le hizo recordar los acontecimientos de esa noche, mismos que terminaron en un coque de auto. Apenas fue consciente del todo de si misma, se dio cuenta de que por fortuna no parecía encontrarse gravemente herida. Portaba un collarín, sentía un liguero sabor metálico en su labio inferior y usaba una clase de cabestrillo en una de sus muñecas. Fuera de eso se sentía bien, tan solo se sentia levemente dolorida. Sin embargo, eso no mermaba su furia y es que tenía en claro quién era el culpable de que se encontrara ahí. Su molestia no radicaba tanto en el daño su
—¿De qué están hablando? —trato de entender Emilia, intentando no parecer demasiado alterada ante semejante afirmación. —No finjan más, lo sabemos —declaro su padre con una radiante sonrisa en los labios.—¿Fingir? En verdad, no tenemos idea de a lo que se refieren —le aseguro Alexander, quien de igual manera no había podido evitar preocuparse.—Nos entregaron sus pertenencias cuando llegamos y hemos encontrado esto — explico Martha, la madre de Alexander, mostrándoles de forma orgullosa el anillo de compromiso que se encontraba en su mano.—¿Eso es…? —intento entender Emilia, pues le parecía una locura que algo como eso hubiese aparecido en sus pertenecías; por lo cual solo se podía tratar de una equivocación.—Es claro de lo que se trata —le interrumpió Lucas.—Solo que no entendemos porque no nos lo habían dicho —continuo enseguida Paul, igual de extasiado que el resto.Al escuchar aquello todo cuanto ambos pudieron hacer fue voltear a verse el uno al otro, intentando entender lo q
A la mañana siguiente Alexander se alistaba para salir del hospital. Termina de vestirse, cuando de pronto escucho como la puerta de su cuarto se abría. Al voltear por un momento creyó que se trataba del médico para darle su alta, su familia para recogerlo o incluso Emilia, quien deseaba que hablaran.Sin embargo, al darse la vuelta se topó con quien menos deseaba, Clara. Sin duda era a quien menos quería ver en aquellos momentos. No tuvo oportunidad de decir palabra alguna y es que ella enseguida corrió a su lado para abrazarlo, procediendo a besarlo en los labios. No podía negar que el amor que sentía por ella, aun se encontraba vivo. Después de todo no era algo que se podía apagar así nada más, aun después de algo como lo que ella le hizo; pero tampoco era igual a antes. Acompañando a ese amor, se encontraba el dolor de su traición; así que la tomo por los hombros y la aparto de sí.—¿Qué fue lo que te paso?, ¿por qué no me llamaste anoche? Me hubiese gustado estar a tu lado, en c
Desde ese día las cosas solo fueron a peor, pues ambas familias estaban convencidas de su matrimonio. Era tanto así que incluso comenzaron a realizar los planes para la unión, en verdad emocionados por el acontecimiento.Alexander se encontraba tan consternado después de lo ocurrido que lo que menos deseaba era tener que dar explicaciones, mismas que traerían a colación una verdad dolorosa y humillante que no deseaba que se conociera.En su lugar, decidió esperar a sentirse mejor y a que la algarabía de la noticia disminuyera y entonces hacerles ver que solo se trató de un error, un simple malentendido. Y mientras eso ocurría, opto por tratar de seguir con su vida de la forma más normal posible. Continúo realizando su trabajo, como Ceo de la empresa familia. Una compañía de construcción de las más grandes de América. Esta era de su familia desde hacía 3 generaciones, en la cual cada una la volvió aún más grande y prospera que la anterior.Su padre había dimitido hacía más de 6 años, c
Todo el mundo llego puntual a la cena, incluso Emilia y Alexander. Eran como parte de una sola familia, siempre había sido de ese modo; por lo cual no hizo falta formalidad alguna, sino que tan solo tomaron una copa antes de dirigirse al comedor. Entonces comenzaron a disfrutar de una deliciosa cena, plagada de platica ligera y sin importancia.Ambos se encontraban en espera de la oportunidad perfecta para decirles la verdad, pues no deseaban arruinar tan feliz noche. Oportunidad que pareció llegar cuando tomaban el postre y con más de un par de copas de vino encima.—No me mal entiendan, siempre es un verdadero placer estas cenas, pero estamos aquí esta noche con un motivo en particular —declaro Sonia, antes de que ninguno de los dos pudiera reunir el coraje necesario para hablar. —Tienes razón, tenemos algo importante que tratar —reconoció Martha.—Hay preparativos que hacer para la boda de nuestros hijos —dijo Sonia, justo lo que ambos más temían.—Es verdad señoras, pero no se apr