Cuando Emilia comenzó a despertar, lo hizo sintiéndose confusa y es que no recordaba lo sucedido o al menos fue así en un principio.
Pronto observo todo a su alrededor, se encontraba en una habitación pintada en su totalidad de color blanco, lo cual, acompañado aquel característico aroma a alcohol y desinfectante, le hizo dar cuenta del sitio en el que se encontraba.
Estaba en una habitación de hospital y ser consciente de eso le hizo recordar los acontecimientos de esa noche, mismos que terminaron en un coque de auto.
Apenas fue consciente del todo de si misma, se dio cuenta de que por fortuna no parecía encontrarse gravemente herida. Portaba un collarín, sentía un liguero sabor metálico en su labio inferior y usaba una clase de cabestrillo en una de sus muñecas. Fuera de eso se sentía bien, tan solo se sentia levemente dolorida.
Sin embargo, eso no mermaba su furia y es que tenía en claro quién era el culpable de que se encontrara ahí. Su molestia no radicaba tanto en el daño sufrido, sino en lo que podría causar la noticia del accidente y pretendía hacérselo pagar.
Se levanto de la cama, sin importarle el malestar y arranco la línea de suero de su brazo sin el menor cuidado para salir en su busca.
No le costó mucho dar con él, pues se encontraba en la habitación de al lado aun inconsciente. Había una venda cubriendo su cabeza, una bota ortopédica en su tobillo; fuera de eso parecía encontrarse en buen estado. Lo cierto es que parecía frágil, un tanto pálido y eso le preocupo; no obstante, no se dejó guiar por tal sentimiento y se decidió a dar paso a la furia.
Le golpeo levemente en el hombro tratando de despertarlo; pero cuando eso no funciono, decidió optar por algo un tanto más drástico y golpeo su rostro. Le propino un par de bofetadas, intentando que recuperase el sentido y por fortuna en esa ocasión funciono.
Alexander comenzó a abrir los ojos con lentitud y volteo a su alrededor, al tiempo en que rememoraba con tristeza lo sucedido. No era el accidente lo que le afectaba, sino lo ocurrido antes de eso. Lo que en verdad le dolía era la traición de su querida novia, de la mujer que era el amor de su vida.
Para su infortunio, no podía regodearse en su dolor y es que pronto se dio cuenta de que no se encontraba solo. Emilia se hallaba parada justo a un lado de la cama, viéndolo fijamente.
—Emilia, yo… —trato de justificarse.
Ella, en cambio, no se encontraba dispuesta a escuchar sus excusas y no tardo en hacérselo saber.
—No te atrevas a decir ni una sola palabra, no quiero escuchar tus excusas. Lo único que deseo en estos momentos es poder golpearte —afirmo mientras le propinaba un fuerte golpe en el brazo, causándole dolor y es que lo hizo con fuerza.
—Por tu culpa sufrimos este accidente —le reprocho.
—¿Mi culpa? Fuiste tu quien se lanzó al asiento delantero y me distrajo —deseo hacerla en parte responsable, aun cuando sabía que no lo era y es que fue solo su culpa.
—No seas absurdo. Te comportaste como todo un loco al robar mi auto, secuestrarme y no contento con eso estrellarnos. Pude haber muerte y te aseguro que si hubiese ocurrido te habría perseguido como alma en pena por el resto de tu vida —le advirtió con severidad.
—No digas tonterías, si hubieses muerto irías directo al infierno —respondió de inmediato tratando de defenderse.
Lo cierto es que prefería usar su ingenio, a pensar en la sola posibilidad de que en efecto le hubiese ocurrido algo tan terrible; pues tenía en claro que sería solo su culpa.
—Muy gracioso, pero ten por seguro que esto te lo are pagar —le amenazo, viéndolo fijamente a los ojos.
—¿Y cómo es que piensas hacer eso? —decidió preguntarle, sin dejarse intimidar en lo más mínimo por esta.
—Se lo diré a la policía —contesto con toda naturalidad.
—No seas absurda, no arias algo como eso —rebatió sin demora sus palabras y es que le parecían solo absurdos.
—Hablo en serio, sé que estarán encantados de saber lo que sucedió; incluso escuche que ya estuvieron por aquí pidiendo hablar conmigo y esta vez me encontraran lista para contárselos todo —afirmo, mientras se dirigía a la salida.
—No serias capaz —le aseguro, aparentemente convencido al respecto.
Por desgracia esa seguridad no tardo en disiparse, dando paso al temor. La conocía desde hacía años como para saber que podía volverse impredecible cuando estaba disgustada y en esos momentos lo mejor era salir de su camino lo antes posible.
No podía dejarla cometer una tontería, de la cual estaba seguro de que después se arrepentiría. Por lo cual, y aun cuando sentía dolor en sus costillas, comenzó a incorporarse.
—¡Alto hay! —exclamo con fuerza.
Sus gritos detuvieron su andar, haciendo que volteara a verlo justo a tiempo para ver como Alexander perdía el equilibrio debido a su pie herido. Comenzó a caer al piso sin poder evitarlo y se habría golpeado, de no ser porque regreso a ayudarlo.
Se apresuro a sostenerlo entre sus brazos, evitando que callera al piso.
Alexander se abrazó a ella, intentando recuperar el equilibrio, a la par de retenerla. Pretendía disculparse con ella, revelarle la verdad de lo ocurrido y esperar que lo entendiese.
Desgraciadamente, no tuvo oportunidad de pronunciar palabra alguna; pues en ese momento escucho como la puerta de la habitación se abría.
Apenas levanto la vista en esa dirección se encontró con sus padres y los padres de Emilia. Todos ellos les observaban fijamente con una gran sonrisa en sus rostros.
—¡Les dije que era verdad! —comento Paul, el padre de Alexander con fuerza, atrayendo la atención de todo el mundo.
—Si, lo dijiste —admitió Lucas.
—Claro que sí, sabía que tarde o temprano ocurría. Solo que no espere que ocurriera sin que les diéramos un buen empujón y sobre todo no tan rápido —reconoció, aun sorprendido.
—Somos afortunados, se casarán —declaro Lucas con alegría.
Ambos solo pudieron escuchar la semejante locura que salía de sus labios, sin tener la menor idea de cómo reaccionar al respeto o de donde habían sacado algo como eso.
—¿Casarnos? —pregunto Emilia apenas fue capaz.
—¿De qué están hablando? —trato de entender Emilia, intentando no parecer demasiado alterada ante semejante afirmación. —No finjan más, lo sabemos —declaro su padre con una radiante sonrisa en los labios.—¿Fingir? En verdad, no tenemos idea de a lo que se refieren —le aseguro Alexander, quien de igual manera no había podido evitar preocuparse.—Nos entregaron sus pertenencias cuando llegamos y hemos encontrado esto — explico Martha, la madre de Alexander, mostrándoles de forma orgullosa el anillo de compromiso que se encontraba en su mano.—¿Eso es…? —intento entender Emilia, pues le parecía una locura que algo como eso hubiese aparecido en sus pertenecías; por lo cual solo se podía tratar de una equivocación.—Es claro de lo que se trata —le interrumpió Lucas.—Solo que no entendemos porque no nos lo habían dicho —continuo enseguida Paul, igual de extasiado que el resto.Al escuchar aquello todo cuanto ambos pudieron hacer fue voltear a verse el uno al otro, intentando entender lo q
A la mañana siguiente Alexander se alistaba para salir del hospital. Termina de vestirse, cuando de pronto escucho como la puerta de su cuarto se abría. Al voltear por un momento creyó que se trataba del médico para darle su alta, su familia para recogerlo o incluso Emilia, quien deseaba que hablaran.Sin embargo, al darse la vuelta se topó con quien menos deseaba, Clara. Sin duda era a quien menos quería ver en aquellos momentos. No tuvo oportunidad de decir palabra alguna y es que ella enseguida corrió a su lado para abrazarlo, procediendo a besarlo en los labios. No podía negar que el amor que sentía por ella, aun se encontraba vivo. Después de todo no era algo que se podía apagar así nada más, aun después de algo como lo que ella le hizo; pero tampoco era igual a antes. Acompañando a ese amor, se encontraba el dolor de su traición; así que la tomo por los hombros y la aparto de sí.—¿Qué fue lo que te paso?, ¿por qué no me llamaste anoche? Me hubiese gustado estar a tu lado, en c
Desde ese día las cosas solo fueron a peor, pues ambas familias estaban convencidas de su matrimonio. Era tanto así que incluso comenzaron a realizar los planes para la unión, en verdad emocionados por el acontecimiento.Alexander se encontraba tan consternado después de lo ocurrido que lo que menos deseaba era tener que dar explicaciones, mismas que traerían a colación una verdad dolorosa y humillante que no deseaba que se conociera.En su lugar, decidió esperar a sentirse mejor y a que la algarabía de la noticia disminuyera y entonces hacerles ver que solo se trató de un error, un simple malentendido. Y mientras eso ocurría, opto por tratar de seguir con su vida de la forma más normal posible. Continúo realizando su trabajo, como Ceo de la empresa familia. Una compañía de construcción de las más grandes de América. Esta era de su familia desde hacía 3 generaciones, en la cual cada una la volvió aún más grande y prospera que la anterior.Su padre había dimitido hacía más de 6 años, c
Todo el mundo llego puntual a la cena, incluso Emilia y Alexander. Eran como parte de una sola familia, siempre había sido de ese modo; por lo cual no hizo falta formalidad alguna, sino que tan solo tomaron una copa antes de dirigirse al comedor. Entonces comenzaron a disfrutar de una deliciosa cena, plagada de platica ligera y sin importancia.Ambos se encontraban en espera de la oportunidad perfecta para decirles la verdad, pues no deseaban arruinar tan feliz noche. Oportunidad que pareció llegar cuando tomaban el postre y con más de un par de copas de vino encima.—No me mal entiendan, siempre es un verdadero placer estas cenas, pero estamos aquí esta noche con un motivo en particular —declaro Sonia, antes de que ninguno de los dos pudiera reunir el coraje necesario para hablar. —Tienes razón, tenemos algo importante que tratar —reconoció Martha.—Hay preparativos que hacer para la boda de nuestros hijos —dijo Sonia, justo lo que ambos más temían.—Es verdad señoras, pero no se apr
Emilia sentía que no podía respirar era como si una clase de cuerda oprimiera su garganta, se sentía mareada y es que la noticia que acababa de recibir no era para menos.Estaba a punto de comenzar a llorar, cuando de pronto escucho como alguien le llamaba a sus espaldas.—Emilia.Al voltear se encontró con Alexander, quien era la persona que menos deseaba ver en esos momentos; después de todo era el artífice de aquella desgracia.—Ahora no Alexander, ahora no —se negó mientras comenzaba a caminar para alejarse, pues en caso contrario no sabía de lo que sería capaz.—Espera Emilia —le pidió mientras iba tras ella.—No, ahora no puedo. Solo déjame sola o te juro que no se de lo que sería capaz —le dijo, dándole voz a la frustración que sentía en aquellos momentos.—Créeme que me gustaría dejarte sola, pero no puedo. Necesitamos hablar, es urgente —afirmo mientras le daba alcance al fin o más bien ella se lo permitía, pues se detuvo de pronto.—Por supuesto que es urgente. Nuestros padre
Actualmente…Una vez llegaron a su destino, el cual era la casa de campo de los padres de Alexander en las afueras de la ciudad, era bastante tarde. Pasaba de la media noche, por lo cual cada uno se dirigió a sus respectivas habitaciones pretendiendo descansar un poco.El trato era claro entre ellos. Ante el mundo serian la pareja perfecta, unos recién casados perdidamente enamorados; pero una vez las puertas se cerrarán y ambos se encontrarán solos no serían más que socios en aquel extraño convenio del cual se habían visto obligados a formar parte. Intentaban tratarse con toda la cordialidad posible, lo cual no era mucho decir teniendo en cuenta sus circunstancias y sobre todo sus personalidades tan distintas.Al día siguiente, a primera hora; Alexander decidió bajar en busca de un café. Todo permanecía en absoluto silencio y calma, era demasiado temprano; por lo cual dio por hecho que Emilia aun descansaba. Después de todo, no tenían nada que hacer y es que estaban de luna de miel.
Un par de días después, Alexander no conseguía conciliar el sueño y es que, aunque no lo reconociera esa quietud no le hacía sentir bien. Estaba hastiado del silencio y el no tener nada que hacer lo estaba volviendo loco; después de todo había pasado su vida entera en el caos de la ciudad. No lograba conciliar el sueño, así que decidió salir a nadar un poco aun cuando fuese medianoche. Esperaba que le agua fría de la piscina exterior le hiciese sentir mejor; además de cansarlo lo suficiente. No había nadie más que Emilia en la casa y hacia un par de horas que se había retirado a descansar, así que se desnudó por completo y se escabullo al jardín. Poseía un excelente estado físico, así que llevaba poco más de media hora nadando sin parar en un ir y venir por todo lo largo de la piscina. Fue de ese modo, hasta que de pronto las fuerzas al fin le fallaron y se vio obligado a detenerse, flotando tranquilamente en el agua, mientras su respiración se tranquilizaba poco a poco. La luna br
Emilia tenía un par de días sin poder dormir bien, pero esa noche en especial no lograba conciliar el sueño por más que lo intentara. Desesperada había decidido salir a tomar un poco de aire al balcón, resultando francamente en vano y es que no consiguió nada. Por lo cual, termino optando por bajar y buscar un vaso de agua. Lo que jamás se espero fue encontrar a Alexander a mitad de la sala empapado y completamente desnudo. Tal visión le hizo detenerse de una vez sin tener idea de cómo reaccionar al respecto. Decidió entonces solo comenzar a bajar por las escaleras con lentitud y mientras lo hacía no fue capaz de separar sus ojos del cuerpo de este.Siempre le había parecido apuesto, no era ciega o tonta como para no darse cuenta de eso. En cambio, siempre había sido solo el niño con el que creció; aquel que solía molestarla por sus vestidos, su mayor competencia durante la carrera y su némesis en los negocios, pero nada más que eso. No podía negar que era atractivo, que tenía un cuer