Emilia no tenía la menor idea de lo que le ocurría; pues la actitud relajada de antes había desaparecido. Parecía molesto, exaltado y totalmente fuera de sí.
Estaba claro que algo había sucedido, solo que no tenía la menor idea de lo que se trataba. Tampoco parecía que él se encontrase dispuesto a revelarlo, por lo cual solo le resto seguirlo al menos hasta el exterior y es que eso era justo lo que deseaba.
Una vez se encontró fuera, se liberó de su agarre; aun cuando eso no le resulto nada sencillo.
—¡Loco! —lo llamo con desprecio mientras se alejaba.
Alexander apenas era consciente de lo que estaba haciendo, al igual del hecho de que Emilia se alejó de él furiosa.
Vio entonces como al otro lado de la calle Clara subía a un auto, acompañada de aquel hombre. No podía permitir que se marcharan, necesitaba detenerlos y obtener respuestas de su parte.
Por desgracia, el tiempo se terminaba. Ellos se marchaban y no dejaría que eso ocurriera. Infortunadamente su auto se encontraba en el estacionamiento y esperar a que a poder sacarlo de ahí no era una opción, no cuando para entonces ellos se habrían marchado desde hacía mucho.
Se encontraba desesperado y al ver el auto de Emilia esperando frente al hotel, no lo pensó siquiera.
Emilia había llevado a un chofer con ella, pues pretendía beber y no le agradaba la idea de subir a un taxi en estado de ebriedad. Solía ser muy cuidadosa en esas cosas, además de que le parecía lo más práctico.
Lamentaba que lo que pretendía ser una noche para relajarse y olvidar un poco del estrés que vivía día con día, hubiese terminado de aquella forma. Se encontraba decepcionada y molesta; aunque al menos se había librado de la conversación insustancial y aburrida de Oscar. Eso era una verdadera fortuna.
Se encontraba sentada cómodamente en el asiento trasero, en espera de que el chofer emprendiera el camino. Decidió mientras tanto encender el teléfono, habían pasado un par de horas y como era de esperarse no dejaban de sonar llamabas perdidas, mensajes, correos. Tenía en claro que aquella noche aún estaba lejos de terminar.
Sin demora, comenzó a responder un par de mensajes totalmente concentrada; cuando de pronto sintió como se cerraba la puerta del conductor.
—Vamos directo a casa y no te preocupes, que tengo tiempo —le indico al conductor, sin separar la vista de la pantalla.
Tenía cosas de las que ocuparse, así que prefería que el trayecto fuese en calma. Sin embargo, el auto pronto arranco con rapidez y de forma abrupta, proyectándola hacia tras sin que pudiera evitarlo; causando que el teléfono en sus manos se callera.
No tenía la menor idea de lo que ocurría; pues Carlo, su chofer, siempre había sido un hombre cuidadoso y responsable. Aquella no era una actitud típica de él y ser consciente de eso le asusto.
—¿Qué diablos te ocurre Carlo? —le cuestiono con molestia, mientras trataba de sentarse correctamente de nuevo.
Por desgracia, no fue a Carlo a quien vio tras el volante; sino a Alexander. Aquello le desconcertó en verdad y es que no tenía la menor idea de lo que sucedía.
—¿Qué demonios? —le cuestiono molesta.
Sin embargo, aquel sentimiento pronto dio paso a la furia y miedo. Vio como Carlo corría tras el coche, intentando alcanzarlos; por supuesto que no lo lograría y en especial cuando Alexander acelero aún más el auto.
—¿Qué estás haciendo Alexander? —le interrogó cada vez más alterada.
Este, en cambio no dijo palabra alguna. Ni siquiera, la volteo a ver.
—Alexander hablo en serio. ¿Qué es lo que pretendes? —continuó exigiendo y para su desgracia él no contesto.
Alexander si le escuchaba, pero no pretendía detenerse. El auto en el que viajaba Clara se encontraba demasiado cerca como para permitir que se le escapase.
—Detén el maldito auto de una vez —exigió, cansada de aquella situación.
—Lo siento, pero no lo are —se dignó a responder al fin.
—¿Me estas secuestrando acaso? —le acuso, pues así lo parecía; aun cuando en el fondo sabía que no sería capaz de algo semejante.
—Por supuesto que no, jamás aria algo como eso —se apresuró a asegurarle.
—En ese caso, detén el auto de una buena vez y déjame salir o te aseguro que te are parar yo misma —advirtió, más que exasperada.
—Eso no pasara, lo siento mucho. No puedo detenerme, esto es demasiado importante —afirmo sin perder de vista al auto que perseguía.
—En ese caso no me dejas otra opción —respondió como una clase de advertencia.
Se quito los altos tocones que usaba y sin importarle en lo más mínimo el decoro, los buenos modales o que alguien pudiera verla comportarse de ese modo. Se levanto la ajustada falda que usaba, dejando al descubierto sus largas piernas mientras saltaba al asiento del copiloto.
Alexander vio con sorpresa como aquellas largas y torneadas piernas aparecían a su lado, para luego aparecer el resto de Emilia.
—¿Qué demonios crees que hacer? —fue él quien la cuestiono en esa ocasión, sorprendido por su conducta.
Fue tanto así que por un momento perdió el control del auto, haciendo que zigzaguease. El movimiento casi causo que Emilia cállese sobre él, de no ser porque fue hábil y logro sentarse a tiempo en el asiento del copiloto.
—¡Estas loca! ¿Es que acaso quieres que suframos un accidente?, ¿acaso deseas que sea mi rostro lo último que veas? —le cuestiono con molestia por tal imprudencia.
—Por supuesto que no, jamás querría algo semejante. Tan solo deseo que te detengas de una vez —reconoció.
—No puedo hacerlo, ya te lo he dicho. Tengo un motivo muy importante para actuar de este modo —repitió, aun sin entrar en detalles.
—Mas vale que lo sea; porque pagaras el precio por lo que haces, ten por seguro que te are lamentarlo —afirmo.
—Lo vale, te lo seguro —respondió con toda seguridad al respecto.
Se encontraba convencido de que era de tal modo, solo tenía que darle alcance a aquel auto.
Para su desgracia; apenas lo hizo, vio algo que hubiese preferido no presenciar jamás.
En el asiento de atrás se encontraban Clara y aquel hombre, se besaban de forma apasionada. En aquel momento; le quedo claro que era verdad lo que suponía, que ella le traicionaba.
Semejante descubrimiento le causo tal dolor que olvido que se encontraba conducido. El auto pronto perdió el control, dirigiéndose de forma peligrosa hacia los autos que andaban en dirección contraria.
Por fortuna, Emilia se dio cuenta de lo que pasaba justo a tiempo para tomar el control. Se apresuro a sujetar el volante, intentando que el auto regresara a su carril.
Sin embargo, sus intentos fueron en vano y es que terminaron por estrellarse y ambos perdieron el conocimiento a causa del impacto.
Cuando Emilia comenzó a despertar, lo hizo sintiéndose confusa y es que no recordaba lo sucedido o al menos fue así en un principio. Pronto observo todo a su alrededor, se encontraba en una habitación pintada en su totalidad de color blanco, lo cual, acompañado aquel característico aroma a alcohol y desinfectante, le hizo dar cuenta del sitio en el que se encontraba. Estaba en una habitación de hospital y ser consciente de eso le hizo recordar los acontecimientos de esa noche, mismos que terminaron en un coque de auto. Apenas fue consciente del todo de si misma, se dio cuenta de que por fortuna no parecía encontrarse gravemente herida. Portaba un collarín, sentía un liguero sabor metálico en su labio inferior y usaba una clase de cabestrillo en una de sus muñecas. Fuera de eso se sentía bien, tan solo se sentia levemente dolorida. Sin embargo, eso no mermaba su furia y es que tenía en claro quién era el culpable de que se encontrara ahí. Su molestia no radicaba tanto en el daño su
—¿De qué están hablando? —trato de entender Emilia, intentando no parecer demasiado alterada ante semejante afirmación. —No finjan más, lo sabemos —declaro su padre con una radiante sonrisa en los labios.—¿Fingir? En verdad, no tenemos idea de a lo que se refieren —le aseguro Alexander, quien de igual manera no había podido evitar preocuparse.—Nos entregaron sus pertenencias cuando llegamos y hemos encontrado esto — explico Martha, la madre de Alexander, mostrándoles de forma orgullosa el anillo de compromiso que se encontraba en su mano.—¿Eso es…? —intento entender Emilia, pues le parecía una locura que algo como eso hubiese aparecido en sus pertenecías; por lo cual solo se podía tratar de una equivocación.—Es claro de lo que se trata —le interrumpió Lucas.—Solo que no entendemos porque no nos lo habían dicho —continuo enseguida Paul, igual de extasiado que el resto.Al escuchar aquello todo cuanto ambos pudieron hacer fue voltear a verse el uno al otro, intentando entender lo q
A la mañana siguiente Alexander se alistaba para salir del hospital. Termina de vestirse, cuando de pronto escucho como la puerta de su cuarto se abría. Al voltear por un momento creyó que se trataba del médico para darle su alta, su familia para recogerlo o incluso Emilia, quien deseaba que hablaran.Sin embargo, al darse la vuelta se topó con quien menos deseaba, Clara. Sin duda era a quien menos quería ver en aquellos momentos. No tuvo oportunidad de decir palabra alguna y es que ella enseguida corrió a su lado para abrazarlo, procediendo a besarlo en los labios. No podía negar que el amor que sentía por ella, aun se encontraba vivo. Después de todo no era algo que se podía apagar así nada más, aun después de algo como lo que ella le hizo; pero tampoco era igual a antes. Acompañando a ese amor, se encontraba el dolor de su traición; así que la tomo por los hombros y la aparto de sí.—¿Qué fue lo que te paso?, ¿por qué no me llamaste anoche? Me hubiese gustado estar a tu lado, en c
Desde ese día las cosas solo fueron a peor, pues ambas familias estaban convencidas de su matrimonio. Era tanto así que incluso comenzaron a realizar los planes para la unión, en verdad emocionados por el acontecimiento.Alexander se encontraba tan consternado después de lo ocurrido que lo que menos deseaba era tener que dar explicaciones, mismas que traerían a colación una verdad dolorosa y humillante que no deseaba que se conociera.En su lugar, decidió esperar a sentirse mejor y a que la algarabía de la noticia disminuyera y entonces hacerles ver que solo se trató de un error, un simple malentendido. Y mientras eso ocurría, opto por tratar de seguir con su vida de la forma más normal posible. Continúo realizando su trabajo, como Ceo de la empresa familia. Una compañía de construcción de las más grandes de América. Esta era de su familia desde hacía 3 generaciones, en la cual cada una la volvió aún más grande y prospera que la anterior.Su padre había dimitido hacía más de 6 años, c
Todo el mundo llego puntual a la cena, incluso Emilia y Alexander. Eran como parte de una sola familia, siempre había sido de ese modo; por lo cual no hizo falta formalidad alguna, sino que tan solo tomaron una copa antes de dirigirse al comedor. Entonces comenzaron a disfrutar de una deliciosa cena, plagada de platica ligera y sin importancia.Ambos se encontraban en espera de la oportunidad perfecta para decirles la verdad, pues no deseaban arruinar tan feliz noche. Oportunidad que pareció llegar cuando tomaban el postre y con más de un par de copas de vino encima.—No me mal entiendan, siempre es un verdadero placer estas cenas, pero estamos aquí esta noche con un motivo en particular —declaro Sonia, antes de que ninguno de los dos pudiera reunir el coraje necesario para hablar. —Tienes razón, tenemos algo importante que tratar —reconoció Martha.—Hay preparativos que hacer para la boda de nuestros hijos —dijo Sonia, justo lo que ambos más temían.—Es verdad señoras, pero no se apr
Emilia sentía que no podía respirar era como si una clase de cuerda oprimiera su garganta, se sentía mareada y es que la noticia que acababa de recibir no era para menos.Estaba a punto de comenzar a llorar, cuando de pronto escucho como alguien le llamaba a sus espaldas.—Emilia.Al voltear se encontró con Alexander, quien era la persona que menos deseaba ver en esos momentos; después de todo era el artífice de aquella desgracia.—Ahora no Alexander, ahora no —se negó mientras comenzaba a caminar para alejarse, pues en caso contrario no sabía de lo que sería capaz.—Espera Emilia —le pidió mientras iba tras ella.—No, ahora no puedo. Solo déjame sola o te juro que no se de lo que sería capaz —le dijo, dándole voz a la frustración que sentía en aquellos momentos.—Créeme que me gustaría dejarte sola, pero no puedo. Necesitamos hablar, es urgente —afirmo mientras le daba alcance al fin o más bien ella se lo permitía, pues se detuvo de pronto.—Por supuesto que es urgente. Nuestros padre
Actualmente…Una vez llegaron a su destino, el cual era la casa de campo de los padres de Alexander en las afueras de la ciudad, era bastante tarde. Pasaba de la media noche, por lo cual cada uno se dirigió a sus respectivas habitaciones pretendiendo descansar un poco.El trato era claro entre ellos. Ante el mundo serian la pareja perfecta, unos recién casados perdidamente enamorados; pero una vez las puertas se cerrarán y ambos se encontrarán solos no serían más que socios en aquel extraño convenio del cual se habían visto obligados a formar parte. Intentaban tratarse con toda la cordialidad posible, lo cual no era mucho decir teniendo en cuenta sus circunstancias y sobre todo sus personalidades tan distintas.Al día siguiente, a primera hora; Alexander decidió bajar en busca de un café. Todo permanecía en absoluto silencio y calma, era demasiado temprano; por lo cual dio por hecho que Emilia aun descansaba. Después de todo, no tenían nada que hacer y es que estaban de luna de miel.
Un par de días después, Alexander no conseguía conciliar el sueño y es que, aunque no lo reconociera esa quietud no le hacía sentir bien. Estaba hastiado del silencio y el no tener nada que hacer lo estaba volviendo loco; después de todo había pasado su vida entera en el caos de la ciudad. No lograba conciliar el sueño, así que decidió salir a nadar un poco aun cuando fuese medianoche. Esperaba que le agua fría de la piscina exterior le hiciese sentir mejor; además de cansarlo lo suficiente. No había nadie más que Emilia en la casa y hacia un par de horas que se había retirado a descansar, así que se desnudó por completo y se escabullo al jardín. Poseía un excelente estado físico, así que llevaba poco más de media hora nadando sin parar en un ir y venir por todo lo largo de la piscina. Fue de ese modo, hasta que de pronto las fuerzas al fin le fallaron y se vio obligado a detenerse, flotando tranquilamente en el agua, mientras su respiración se tranquilizaba poco a poco. La luna br