Alexander no tenía idea de lo que estaba pasando y es que no era típico en ella el actuar de ese modo.
—¿Qué es lo que te sucede? —le cuestiono extrañado.
Por desgracia Emilia no contesto, sino que tan solo se acercó un poco más a él; lo cual le sorprendió de inicio. Sin embargo, pronto se dio cuenta de lo que pretendía y es que se ocultaba tras suyo, mismo que solo causo su mayor desconcierto.
No lograba entender lo que pudo hacerla actuar de ese modo.
—¿Qué diablos te sucede Emilia? —deseo entenderlo.
—Cállate y no te muevas —respondió de forma cortante.
—Lo are si no me dices lo que ocurre —advirtió, mientras comenzaba a hacer girar el banco sobre el que se encontraba sentado.
Emilia no pretendía dejar que eso ocurriera, así que lo retuvo con firmeza.
—Hablo en serio, si te mueve te lastimare —lanzo un ultimátum en su contra.
Alexander en cambio le presto poca atención a sus palabras, soltándose de su agarre para comprobar de lo que se trataba.
En cambio, a sus espaldas no encontró nada fuera de lo normal. Tan solo un grupo de ejecutivos de la banca, chicas jóvenes tomando una copa y un par de viejos empresarios ensartados en una acalorada discusión. Nada que pudiera causar una reacción como esa o al menos lo creyó de ese modo hasta que vio algo más.
En el fondo del lugar se encontraba un hombre, quien justo se levantaba de su asiento y comenzaba a caminar en su dirección. Debía rondar los 35 años, un tanto regordete y con una actitud de lo más jovial y alegre.
—¿Quién ese ese galán? —le cuestiono burlándose.
—Eres muy gracioso. Mi padre me lo presento hace algún tiempo, tuvimos una cita por mera cortesía y desde entonces cada vez que nos encontramos trata de invitarme de nuevo. No sé qué más hacer para alejarlo, esto me resulta cada vez más molesto —admitió mientras tomaba su bolsa de la barra y pretendía salir de ahí.
—No me digas que tus padres aun intentan casarte, uno pensaría que a estas alturas ya habrían perdido toda esperanza al respecto —continúo mofándose.
—Ya vez que no, son más persistentes que un lobo con su presa —reconoció.
—Ahora ayúdame a salir de aquí —le pidió, aun en contra de sí misma.
—Claro que no, ahora sé que no soy el único candidato en esta carrera y me encantaría poder conocer a mi competencia —bromeo, riendo abiertamente.
—Me debes una o es que acaso debo recordártelo —respondió con severidad.
—No, por supuesto que no.
—En ese caso ayúdame a salir de aquí —repitió, tomándolo del brazo para que se levantara de su asiento.
—Pero… —trato de negarse de nueva cuenta.
—Ya me dirás todo lo que desees luego, cuando estemos fuera de aquí —se apresuró a afirmar.
—¿Y mi novia? —argumentó.
—Tampoco te pido que vallas conmigo a casa, solo ayúdame a salir de aquí sin que ese imbécil de me acerque —le pidio, logrando que al fin se levantara de su asiento.
—Está bien, solo que sea rápido. No quiero hacer esperar a mi novia —acepto.
—Te aseguro que ella estará bien —respondió mientras lo tomaba por el brazo y comenzaban a caminar hacia la salida, usándolo como un escudo para que aquel tipo no la viera.
Su plan pareció funcionar, porque continuo su camino hacia la barra, buscándola.
—Gracias —dijo Emilia, una vez se encontraron fuera del bar, en la recepción del hotel.
—¡Valla! No creí que fueras capaz de pronunciar siquiera esa palabra —admitió con fingida sorpresa.
—No tientes a tu suerte y acompáñame a mi auto —ordeno con aquella voz de mando y autoridad que parecía caracterizarla.
—No tientes tu a tu suerte o te regresare al bar con tu apuesto pretendiente —advirtió, deteniendo de forma abrupta su andar.
—No te atreverías —afirmo y es que estaba segura de que solo blofeaba.
—Si no me crees, supongo que entonces tendré que mostrártelo —opino soltándose de su agarre para tomarla de la mano e inicio a caminar de regreso al bar, llevándola con él por la fuerza.
Emilia había dado por hecho que mentía, hasta que sintió como la llevaba de vuelta.
—Detente —le exigió mientras trataba de oponerse, por desgracia sus zapatillas de tacón no hacían mucho por ayudarle; además claro de que él era más fuerte.
—¿Por qué lo aria? Esto será fantástico —argumento, sin poder mantener su actitud seria por más tiempo y es que pronto apareció una sonrisa en sus labios.z
—Tienes que dejar esto, maldito loco. ¡No estoy jugando! —alzo la voz sin importarle que alguien más la escuchara.
Alexander en cambio hizo oídos sordos a sus reclamos y continuo con su deseo de molestarla, lo cual valla que le divertía. Estaba pasando un buen momento, hasta que de pronto vio algo que le descoloco por completo. Algo que causo que se detuviera en un instante.
Vio algo imposible, a su novia atravesar el vestíbulo; pero no lo hacía sola. Caminaba de la mano de un hombre alto; pero no era eso lo que más le preocupaba, sino el hecho de lo cerca que se encontraban uno del otro y la expresión de felicidad en sus rostros.
Se encontraba a punto de llamarla, exigirle una explicación con respecto a lo que sucedía; cuando lo vio. Vio como ella se le acercaba y lo besaba, no se trató de un gesto de despedida. Fue algo más que eso, pues lo beso justo en los labios y con una pasión que le sorprendió.
Aquel beso solo podía tener un motivo y ese le aterraba hasta lo más profundo.
Por desgracia, para cuando salió de su asombro; ella y su acompañante salían por la puerta principal, abandonando el edificio. No podía permitir que lo hicieran, no sin obtener una explicación de su parte. No lo pensó siquiera y se dirigió a la puerta con premura deseando alcanzarles. Era tanta su desesperación, que no se dio cuenta de que no se encontraba solo y es que aun sostenía con firmeza la mano de Emilia.
Emilia no tenía la menor idea de lo que le ocurría; pues la actitud relajada de antes había desaparecido. Parecía molesto, exaltado y totalmente fuera de sí. Estaba claro que algo había sucedido, solo que no tenía la menor idea de lo que se trataba. Tampoco parecía que él se encontrase dispuesto a revelarlo, por lo cual solo le resto seguirlo al menos hasta el exterior y es que eso era justo lo que deseaba. Una vez se encontró fuera, se liberó de su agarre; aun cuando eso no le resulto nada sencillo. —¡Loco! —lo llamo con desprecio mientras se alejaba.Alexander apenas era consciente de lo que estaba haciendo, al igual del hecho de que Emilia se alejó de él furiosa. Vio entonces como al otro lado de la calle Clara subía a un auto, acompañada de aquel hombre. No podía permitir que se marcharan, necesitaba detenerlos y obtener respuestas de su parte. Por desgracia, el tiempo se terminaba. Ellos se marchaban y no dejaría que eso ocurriera. Infortunadamente su auto se encontraba en e
Cuando Emilia comenzó a despertar, lo hizo sintiéndose confusa y es que no recordaba lo sucedido o al menos fue así en un principio. Pronto observo todo a su alrededor, se encontraba en una habitación pintada en su totalidad de color blanco, lo cual, acompañado aquel característico aroma a alcohol y desinfectante, le hizo dar cuenta del sitio en el que se encontraba. Estaba en una habitación de hospital y ser consciente de eso le hizo recordar los acontecimientos de esa noche, mismos que terminaron en un coque de auto. Apenas fue consciente del todo de si misma, se dio cuenta de que por fortuna no parecía encontrarse gravemente herida. Portaba un collarín, sentía un liguero sabor metálico en su labio inferior y usaba una clase de cabestrillo en una de sus muñecas. Fuera de eso se sentía bien, tan solo se sentia levemente dolorida. Sin embargo, eso no mermaba su furia y es que tenía en claro quién era el culpable de que se encontrara ahí. Su molestia no radicaba tanto en el daño su
—¿De qué están hablando? —trato de entender Emilia, intentando no parecer demasiado alterada ante semejante afirmación. —No finjan más, lo sabemos —declaro su padre con una radiante sonrisa en los labios.—¿Fingir? En verdad, no tenemos idea de a lo que se refieren —le aseguro Alexander, quien de igual manera no había podido evitar preocuparse.—Nos entregaron sus pertenencias cuando llegamos y hemos encontrado esto — explico Martha, la madre de Alexander, mostrándoles de forma orgullosa el anillo de compromiso que se encontraba en su mano.—¿Eso es…? —intento entender Emilia, pues le parecía una locura que algo como eso hubiese aparecido en sus pertenecías; por lo cual solo se podía tratar de una equivocación.—Es claro de lo que se trata —le interrumpió Lucas.—Solo que no entendemos porque no nos lo habían dicho —continuo enseguida Paul, igual de extasiado que el resto.Al escuchar aquello todo cuanto ambos pudieron hacer fue voltear a verse el uno al otro, intentando entender lo q
A la mañana siguiente Alexander se alistaba para salir del hospital. Termina de vestirse, cuando de pronto escucho como la puerta de su cuarto se abría. Al voltear por un momento creyó que se trataba del médico para darle su alta, su familia para recogerlo o incluso Emilia, quien deseaba que hablaran.Sin embargo, al darse la vuelta se topó con quien menos deseaba, Clara. Sin duda era a quien menos quería ver en aquellos momentos. No tuvo oportunidad de decir palabra alguna y es que ella enseguida corrió a su lado para abrazarlo, procediendo a besarlo en los labios. No podía negar que el amor que sentía por ella, aun se encontraba vivo. Después de todo no era algo que se podía apagar así nada más, aun después de algo como lo que ella le hizo; pero tampoco era igual a antes. Acompañando a ese amor, se encontraba el dolor de su traición; así que la tomo por los hombros y la aparto de sí.—¿Qué fue lo que te paso?, ¿por qué no me llamaste anoche? Me hubiese gustado estar a tu lado, en c
Desde ese día las cosas solo fueron a peor, pues ambas familias estaban convencidas de su matrimonio. Era tanto así que incluso comenzaron a realizar los planes para la unión, en verdad emocionados por el acontecimiento.Alexander se encontraba tan consternado después de lo ocurrido que lo que menos deseaba era tener que dar explicaciones, mismas que traerían a colación una verdad dolorosa y humillante que no deseaba que se conociera.En su lugar, decidió esperar a sentirse mejor y a que la algarabía de la noticia disminuyera y entonces hacerles ver que solo se trató de un error, un simple malentendido. Y mientras eso ocurría, opto por tratar de seguir con su vida de la forma más normal posible. Continúo realizando su trabajo, como Ceo de la empresa familia. Una compañía de construcción de las más grandes de América. Esta era de su familia desde hacía 3 generaciones, en la cual cada una la volvió aún más grande y prospera que la anterior.Su padre había dimitido hacía más de 6 años, c
Todo el mundo llego puntual a la cena, incluso Emilia y Alexander. Eran como parte de una sola familia, siempre había sido de ese modo; por lo cual no hizo falta formalidad alguna, sino que tan solo tomaron una copa antes de dirigirse al comedor. Entonces comenzaron a disfrutar de una deliciosa cena, plagada de platica ligera y sin importancia.Ambos se encontraban en espera de la oportunidad perfecta para decirles la verdad, pues no deseaban arruinar tan feliz noche. Oportunidad que pareció llegar cuando tomaban el postre y con más de un par de copas de vino encima.—No me mal entiendan, siempre es un verdadero placer estas cenas, pero estamos aquí esta noche con un motivo en particular —declaro Sonia, antes de que ninguno de los dos pudiera reunir el coraje necesario para hablar. —Tienes razón, tenemos algo importante que tratar —reconoció Martha.—Hay preparativos que hacer para la boda de nuestros hijos —dijo Sonia, justo lo que ambos más temían.—Es verdad señoras, pero no se apr
Emilia sentía que no podía respirar era como si una clase de cuerda oprimiera su garganta, se sentía mareada y es que la noticia que acababa de recibir no era para menos.Estaba a punto de comenzar a llorar, cuando de pronto escucho como alguien le llamaba a sus espaldas.—Emilia.Al voltear se encontró con Alexander, quien era la persona que menos deseaba ver en esos momentos; después de todo era el artífice de aquella desgracia.—Ahora no Alexander, ahora no —se negó mientras comenzaba a caminar para alejarse, pues en caso contrario no sabía de lo que sería capaz.—Espera Emilia —le pidió mientras iba tras ella.—No, ahora no puedo. Solo déjame sola o te juro que no se de lo que sería capaz —le dijo, dándole voz a la frustración que sentía en aquellos momentos.—Créeme que me gustaría dejarte sola, pero no puedo. Necesitamos hablar, es urgente —afirmo mientras le daba alcance al fin o más bien ella se lo permitía, pues se detuvo de pronto.—Por supuesto que es urgente. Nuestros padre
Actualmente…Una vez llegaron a su destino, el cual era la casa de campo de los padres de Alexander en las afueras de la ciudad, era bastante tarde. Pasaba de la media noche, por lo cual cada uno se dirigió a sus respectivas habitaciones pretendiendo descansar un poco.El trato era claro entre ellos. Ante el mundo serian la pareja perfecta, unos recién casados perdidamente enamorados; pero una vez las puertas se cerrarán y ambos se encontrarán solos no serían más que socios en aquel extraño convenio del cual se habían visto obligados a formar parte. Intentaban tratarse con toda la cordialidad posible, lo cual no era mucho decir teniendo en cuenta sus circunstancias y sobre todo sus personalidades tan distintas.Al día siguiente, a primera hora; Alexander decidió bajar en busca de un café. Todo permanecía en absoluto silencio y calma, era demasiado temprano; por lo cual dio por hecho que Emilia aun descansaba. Después de todo, no tenían nada que hacer y es que estaban de luna de miel.