Odiarse nunca fue tan peligroso… ni tan irresistible. Salvador Montenegro no cree en las segundas oportunidades. Mucho menos cuando se trata de la hermana del hombre que intentó arruinarlo. Marina Del Valle jamás habría aceptado su ridículo contrato de no ser porque era eso… o perderlo todo. Ahora, está atrapada en la casa de un hombre al que detesta, sirviendo a un jefe que la humilla cada vez que puede y buscando la manera de sobrevivir sin caer en su juego. Pero lo que empezó como una tortura, se convierte en algo más peligroso. Los límites se difuminan, el aire se carga de tensión y el odio toma un giro inesperado. Sin embargo, el verdadero problema no es la atracción imposible entre ellos. Es el secreto que esconde Marina. Porque cuando Salvador descubra la verdad, no habrá contrato que la salve. Seis meses, dos enemigos y un deseo que podría destruirlos a ambos.
Leer másMarinaDesde anoche no dejo de pensar en él. En sus ojos, en su voz… en esa maldita frase: “Estoy haciendo lo que tengo que hacer”. Lo repaso una y otra vez mientras intento mantenerme ocupada, mientras limpio, mientras cocino, mientras finjo que nada me está carcomiendo por dentro.No entiendo qué significa. ¿Fue una disculpa? ¿Una advertencia? ¿Un cierre? ¿Un inicio? Maldita sea, ¡ni siquiera sé si fue una mentira! No sé si todo esto quiere decir que ha escogido a Renta o si, tal vez, es fingido, lo uál tampoco tiene demasiado sentido para mi.De hecho nada de esto lo tiene, empezando porque a mí no me debería importarme lo que hace o deja de hacer el pomposo de Salvador, pero aquí estoy, con la cabeza hecha un nido mientras recuerdo la forma en que me miró.Lo vulnerable que se veía, la manera en que oculta su lado más humano.Es… es tan familiar la sensación de estar perdido, de tener que usar mascaras, que ya no puedo odiarlo.Y mira que lo sigo intentando.Dejo salir un suspiro
SalvadorHan pasado tres días desde que descubrimos las imágenes de Renata fotografiando los documentos falsos. Tres días de silencio contenido, de soportar su voz fingida cada vez que me llama “mi amor”, de controlar las ganas de gritarle que lo sé todo. Pero hoy es el día. Hoy todo termina.Pero hoy… hoy todo terminó.—Tenemos algo —dice Alex del otro lado del teléfono.Me enderezo en el escritorio. El estómago me da un giro.—¿Qué es?—Intentaron mover dinero de la cuenta fantasma que creamos. El sistema del banco lo detectó. Lo intentaron usando los accesos que dejamos sobre tu escritorio.—¿Y…?—Fue Renata. Todo apunta a ella. Las cámaras la muestran tomando las fotos. El intento fue rastreado desde su IP. Y tenemos las fotos del banco, de ella hablando, el testimonio de los asesores, todo. No hay duda, Salvador. Es ella.Trago saliva. No siento alivio. Siento furia. No porque sea ella, sino porque lo fue todo el tiempo y no quise verlo.Estoy en el estudio, con las persianas cerr
SalvadorLa mañana siguiente sigo en mi habitación, cuándo escucho que se abre la puerto y al voltear veo a Renta entrando con una bandeja de desayuno en las manos.Esto es una novedad.—Te traje algo de comer —dice mientras deja la bandeja sobre la mesa—.Ayer saliste del estudio casi al amanecer, no has dormido nada. Pensé que necesitabas un respiro. Pedí que te hicieran tu favorito. De algo debe servir esa mujer.“Esa mujer”Mis ojos van a la bandeja cuando la pone enfrente mío y veo los huevos benedictinos perfectamente hechos, las tostadas, la mermelada casera, es como si estuviera viendo comida de restaurante.Algo que solo Marina del Valle podría hacer tan bien y en tan poco tiempo.La presencia de Renata me saca de mis pensamientos púes sé que está esperando una respuesta, por lo que esbozando una sonrisa que espero se vea real, la tomo de la mano antes de hablar.—Gracias, cariño, ha sido un gesto increíble.Veo como la sonrisa se hace más grande y saca pecho orgullosa.Ella
SalvadorNo he dormido. El reloj marca las tres y cuarenta y cinco de la madrugada. El silencio en la mansión es tan espeso que puedo oír el tictac del viejo reloj de péndulo desde el pasillo. Estoy en mi estudio, solo con el sobre de manila que Alex me entregó horas atrás. Aún no lo he abierto. Parte de mí no quiere hacerlo. Parte de mí teme lo que pueda encontrar ahí.Rompo el sello con los dedos temblorosos.Página tras página, el rompecabezas que es Marina se empieza a armar o al menos eso creo al inicio, pero entonces todo acaba de manera abrupta, sin respuestas…No puede ser.Lo abro nuevamente y vuelvo a leerlo hasta que no sé cuántas veces lo hago, dándome cuenta que no puede ser todo, esto no puede estar completo.Mis ojos no pueden separarse del bendito expediente que descansa frente a mí, pero no me atrevo a cerrarlo. Las palabras aún danzan en mi cabeza: "padre policía", "abusos domésticos reiterados", "custodia otorgada a Marina Fuentes". Una Marina de dieciocho años c
MarinaHa llegado el día.Siento los nervios bullir dentro de mi cuerpo mientras espero el momento perfecto, en que los empleados vayan a tomar su momento de descanso en el almuerzo, para escabullirme hacia el estudio.Por eso dejé la comida hecha desde media hora antes y apenas vea que se sientan a comer… ahí está mi señal.Mis ojos están fijos en el reloj, faltan dos minutos para las 12, siento el corazón acelerado y solo para ir matando el tiempo empiezo a servir, plato tras plato hasta que los empleados empiezan a aparecer.Doy sonrisas a medias, asiento cuando me dan cumplidos por la comida, pero esta vez no me siento con ellos.Esta es mi única oportunidad y pienso aprovecharla. Así que dando una excusa barata, salgo de la cocina y en lugar de ir a mi habitación, me desvío hacia el estudio de Salvador.La puerta del despacho cede con un leve chirrido. Estoy sola. O eso creo. Cada paso que doy sobre el mármol me retumba en los oídos. El silencio de la casa me pesa en los hombros.
SalvadorNo he dormido nada. Pasé la noche entera revisando cada detalle, cada palabra que podría decir, cada gesto que no delate lo que siento. La parte más difícil de este plan no ha sido preparar la trampa. Ha sido tener que volver a ser el hombre que fui al principio con Marina. Frío. Mandón. Despreciativo. Todo para que Renata no sospeche. Todo para que baje la guardia.La mirada que Marina me lanzó cuando entré al comedor esta mañana fue como un disparo directo al pecho. Esa mezcla de sorpresa y decepción. Pero si quiero que Renata crea que todo sigue como antes, tengo que fingir. Ahora mismo, la necesito más sumisa que nunca.Ya en la oficina, Renata entra conmigo tomada de mi brazo. Siento su perfume envolviéndome, y es tan familiar como doloroso.Una parte de mi quiere que todo sea falso, quiere que ella no caiga en la trampa, que me demuestre que lo que sea que me está ocultando, porque se que oculta algo, no es esto. Cuando cerramos la puerta, le digo:—Hace mucho que no
MarinaTengo la caeza hecho un caos.Anoche, luego de dejar a Salvador en la habitación, después de haberlo escuchado, de haberlo abrazado y dejado que se desahogara conmigo, no pude conciliar el sueño en horas y por eso llamé a Clara para contarle la locura que acaba de pasar.Ella lo único que dijo fue que nos estabamos demorando, pues afirma que desde el altercado en el restaurante, hace ya un año, siempre hubo tensión sexual entre nosotros, lo cuál no creo, y tuvo el descaro de llamarme tonta por haberlo echado luego del beso.Al parecer ella no tiene problemas con que le haga el cajón a la lagartona, pero lo que ella no entiende es que no quiero ser la segunda opción de nadie.No consigo sacarme todo esto de la cabeza mientras camino hacia la cocina para hacer el desayuno. Es que Dios amado, no esperaba que Salvador se abriera de esa manera. Mucho menos que me abrazara como si estuviera hecho de pedazos y yo fuera el único pegamento posible.Por eso, cuando lo veo entrar a la coc
SalvadorNo sé cuánto tiempo ha pasado desde que cerré los ojos, pero cuando los abro, el lugar está en silencio y la cama está fría a mi lado. Marina ya no está. Mi mente de inmediato viaja a lo que ocurrió la noche anterior.Cómo ella me escuchó, como pareció que me entendía, que compartía mi angustia, mi desesperación y puedo recordar que me acompañó a acostarme, que me dio un beso en la frente y esa acción… ese simple gesto despertó algo.Un recuerdo que no sabía que tenía.Uno en dónde ella está haciendo lo mismo, pero yo estoy ebrio ¿Cómo demonios pude olvidar eso?Me incorporo con lentitud, sintiendo el peso de la noche en los hombros. Miro alrededor, buscando algún rastro de ella. Nada. Solo el eco de un abrazo que no he podido olvidar. Y entonces la veo. Sobre la mesita de noche, una pequeña nota doblada en dos. La tomo, con el pulso más acelerado de lo que debería. “A veces los peores momentos son los que nos salvan. Estoy aquí, cuando quieras hablar.”Me quedo mirándola p
MarinaNo. Nada parece estar bien.Sus palabras quedan suspendidas entre nosotros como una sentencia. Una que se clava en mi pecho con fuerza, porque no esperaba escucharlo decir eso. No Salvador.No él. Siempre tan altivo, tan invulnerable. Pero no parece él mismo en los últimos días, o tal vez finalmente estoy viendo al real, al verdadero.Más humano, sin embargo, también sé que no está bien. Puedo verlo, ahora lo veo ahí, con los hombros caídos, las ojeras marcadas, la mirada perdida. Y de repente ya no puedo pensar en otra cosa que no sea lo mucho que se parece a mí en este instante. A la Marina rota que se esconde detrás de los silencios y las promesas vacías.Siento que algo en mí se rompe. Pienso en la marina de 10 años.Pienso en el pequeño Daniel que no podía dormir por las pesadillas.Pienso en la Marina de ahora y lo que puede estar viviendo Dani…Y entonces pienso en Salvador. Una víctima más en un juego retorcido que no entiendo. No sé qué quiere la gente que me escrib