Bueno bueno, les dejo uno más porque ando inspirada, pero me inspiraría más a darles un maratón si empiezan a dejarme sus comentarios en el capítulo y reseñas en el perfil!! Nos leemos en el siguiente!!! Muaaaak.
Marina NO. NO. NO.Dios por favor, si en verdad me consideras tu hija, es el momento de darme una mano y no permitir que el ogro de Salvador me encuentre así. No va a dejarlo pasar, no me a hacer otra cosa que humillarme, más de lo que ya lo estoy haciendo yoEl pánico me invade cuando escucho los pasos acercándose.Estoy atrapada.Intento liberarme con desesperación, pero el maldito clavo de la ventana sigue sosteniendo mi uniforme como si fuera una m*****a trampa. Entre más me muevo, puedo sentir como la apertura en mi trasero se va haciendo cada vez más grande, para este momento ya tengo medio culo afuera. ¿Por qué, Dios? ¿Por qué a mi? No puedo seguir siendo lña mejor guerrera, dame un descando, joder. Los pasos se escuchan más cerca y sé que ya no tengo escapatoria. Voy a morir.M****a.El sonido de unos zapatos deteniéndose justo detrás de mí me hiela la sangre.—Vaya, parece que estás en un aprieto.La voz no es la de Salvador.Parpadeo con confusión y giro la cabeza.Un h
SalvadorOdio estas cenas.No porque tenga que ver a mi abuelo. No porque tenga que aguantar la mirada petulante de mi primo. Sino porque cada vez que nos sentamos en la misma mesa, es una guerra silenciosa.Una competencia disfrazada de cortesía.Ajusto el cuello de mi camisa mientras camino hacia el comedor. El viejo ya está sentado.Don Alessandro Montenegro. El hombre que construyó un imperio de la nada.Mi abuelo.A su lado, Federico, mi primo. Con su m*****a sonrisa arrogante y su porte de “hijo perfecto”.Me detengo al borde de la mesa.—Llegas tarde —dice el abuelo sin mirarme.Hago un esfuerzo por no poner los ojos en blanco antes de decir:—Es mi casa, abuelo, es imposible que llegue tarde.—Excusas. Llevo aquí sentado una eternidad esperando que aparezcas.No digo nada, no vale la pena.Me siento sin discutir y en absoluto silencio empezamos a comer las entradas y platos de fondo que hizo Marina, debo aceptar que están delicioso, aunque obviamente nadie aquí lo dirá.Los hal
MarinaHan pasado quince días desde que mi vida se convirtió en una versión de pesadilla de Downton Abbey.Quince días de humillaciones, reglas absurdas y órdenes que tengo que acatar si no quiero que el infierno sea peor. Y mejor ni hablar del tonto episodio que tuve enfrente del diablo Montenegro, gracias a Dios su insensibilidad hizo que ni siquiera tocara el tema después, lo cuál me parece perfecto.Sin embargo, los últimos tres días han sido un respiro.Salvador y Renata se han ido de viaje. Y yo he tenido la casa solo para lidiar con el resto del personal que me mira como si fuera una cucaracha que nadie quiere pisar, pero que tampoco pueden ignorar.Suspiro pesadamente mientras revuelvo con la cuchara mi café frío. Estoy en el restaurante de Clara, mi mejor amiga y la única persona cuerda en mi vida ahora mismo.—No me mires así —murmuro, viendo cómo me analiza desde el otro lado de la mesa con los brazos cruzados.—¿Así cómo?—Como si estuvieras esperando que explote.Ella se
MarinaMis pies se congelan en el pavimento. Federico Montenegro me está mirando con una sonrisa que no logro descifrar.—Bueno, no recuerdo que fueras tan callada —dice, cruzándose de brazos con aire divertido. Me recompongo rápidamente, fingiendo seguridad. —Hola, lo lamento, es solo que me… ha tomado por sorpresa—respondo con una sonrisa tensa.Federico alza una ceja y mira el letrero del restaurante antes de volver a posarse en mí. —No sabía que mi primo permitía que sus empleados trabajaran en otro lugar fuera de la casa. Un escalofrío me recorre la espalda, si este hombre decide ir de lengua suelta entonces voy a estar acabada, adiós a mi trabajo nocturno, adiós a mis ingresos y terminaré en la calle. Tengo que pensar rápido.—Oh, bueno, el señor Montenegro a veces es bastante flexible. Ha sido muy… amable.Casi me ahogo al terminar la frase, pero ¿qué es una mentira más ahora mismo? Sin embargo, por la forma en que Federico me está viendo, creo que no me ha creído una s
SalvadorEl estudio está en penumbras, iluminado solo por la pantalla de mi computadora y el resplandor tenue de la lámpara de escritorio. El dolor de cabeza late en mis sienes, una presión constante que se suma a la furia creciente en mi pecho. El problema con el hermano de Marina era solo la punta del iceberg. ‘Pues en lo que se suponía que debía ser un fin de semana romántico, según los planes de Renata, termino convirtiéndose en un desastre.Una sola llamada se encargó de eso, pues Alex me hizo saber que aparte del maldito desfalco, hay movimientos irregulares en la empresa. MI EMPRESA.Lo que se traduce a que tengo una rata en mi reino.Pero claro, las mujeres a veces no entran en razón y el hecho de que haya usado la dichiosa escapada romántica para trabajar hizo que Renata se volviera una fiera y me tachara de insensible, pero joder, acaso no entiende que se trata de mi legado.Sin la empresa ella no tendría ni la mitad de los caprichos que le doy, puedo perderlo todo.Por eso,
Salvador El silencio en la oficina es afixiante mientras que Renata está completamente quieta en la puerta. Su mano sigue sosteniendo el pomo y por lo blancos que tiene los nudillos se que esta conteniendose para no estallar.Puedo notar la confusión y la rabia viva en sus ojos mientras mira de mi a Marina y aunque la relación que tenemos es bastante estable, eso no significa que no sea demasiado drámatica y porque no decirlo, celosa.Por eso sé lo que se viene asi que me adelanto diciendo:Renata corre hacia mí con dramatismo exagerado. —Me he cortado la mano con el vidrio de un vaso.Entonces la atención de Renata va a la venda y veo como sus ojos se abren, la rabia se disipa un poco y el segundo está corriendo hacia mi.,—¡Oh Dios! ¿Cómo fue que pasó? —exclama, posando las manos sobre mi rostro. —¿Por qué no me llamaste? Muy bien, esto puedo manejarlo y con algo de suerte salir ileso. —Estabas con tus padres, amor, no querpia preocuparte por algo que no es grave.Ahora Renat
MarinaLa odio, odio a la lagartona de Renata. Odio tener que bajar la cabeza cuándo me humilla.Odio no tener voz…Estoy sentada en mi habitación, abrazando mis rodillas contra el pecho. La humillación todavía me arde en la piel. He soportado muchas cosas desde que llegué aquí, pero que Renata me tratara como si fuera basura, que me hunda cada vez con sus comentarios y sus peticiones estúpidas mientras Salvador no hacía nada me caló hondo. Lo hace porque creí que ya había superado eso, creí que había podido librarme del monstruo que quería destruirme, pero resulta que ahora no solo tengo uno, tengo dos.Intento concentrarme en otra cosa, pero los recuerdos insisten en arrastrarme hacia atrás.Torturandome, haciendo que recuerdo todo lo que me ha costado años enterrar, todo lo que creía haber superado, pero parece que no es así. Puedo ver a la pequeña niña, arrodillada en el suelo de nuestra diminuta casa, recogiendo los fragmentos de un vaso roto. Mi padre, *oliendo a alcohol y
SalvadorMientras me instalo con Federico en el estudio no puedo dejar de pensar en la interacción que tuvo este con Marina hace momento.La familiaridad que parecía haber entre ambos, eso no es normal, mucho menos para dos personas que solo se han visto una vez.El silencio en mi estudio se rompe con el sonido del hielo chocando contra el cristal de mi vaso. Sirvo dos tragos y le extiendo uno a mi primo que lo toma de inmediato. Federico está sentado frente a mí, con esa maldita expresión de suficiencia que siempre me ha sacado de quicio. No he querido hablar demasiado con él en los últimos años, pero ahora no me queda otra opción.Sin embargo las palabras que salen de mi boca no son las que esperaba decir.—Desde cuándo te hablas con la servidumbre como si fueran de tu familia —espetó Salvador con frialdad, midiendo cada palabra.Federico arquea una ceja, recargándose con soltura en el respaldo de su asiento.—Desde cuándo te divierte humillar a tus empleados como si no fueran perso