Hola hola, lamento no haber subido cap ayer, ando un poco indispuesta. Aquí les voy dejando :)
Salvador El silencio en la oficina es afixiante mientras que Renata está completamente quieta en la puerta. Su mano sigue sosteniendo el pomo y por lo blancos que tiene los nudillos se que esta conteniendose para no estallar.Puedo notar la confusión y la rabia viva en sus ojos mientras mira de mi a Marina y aunque la relación que tenemos es bastante estable, eso no significa que no sea demasiado drámatica y porque no decirlo, celosa.Por eso sé lo que se viene asi que me adelanto diciendo:Renata corre hacia mí con dramatismo exagerado. —Me he cortado la mano con el vidrio de un vaso.Entonces la atención de Renata va a la venda y veo como sus ojos se abren, la rabia se disipa un poco y el segundo está corriendo hacia mi.,—¡Oh Dios! ¿Cómo fue que pasó? —exclama, posando las manos sobre mi rostro. —¿Por qué no me llamaste? Muy bien, esto puedo manejarlo y con algo de suerte salir ileso. —Estabas con tus padres, amor, no querpia preocuparte por algo que no es grave.Ahora Renat
MarinaLa odio, odio a la lagartona de Renata. Odio tener que bajar la cabeza cuándo me humilla.Odio no tener voz…Estoy sentada en mi habitación, abrazando mis rodillas contra el pecho. La humillación todavía me arde en la piel. He soportado muchas cosas desde que llegué aquí, pero que Renata me tratara como si fuera basura, que me hunda cada vez con sus comentarios y sus peticiones estúpidas mientras Salvador no hacía nada me caló hondo. Lo hace porque creí que ya había superado eso, creí que había podido librarme del monstruo que quería destruirme, pero resulta que ahora no solo tengo uno, tengo dos.Intento concentrarme en otra cosa, pero los recuerdos insisten en arrastrarme hacia atrás.Torturandome, haciendo que recuerdo todo lo que me ha costado años enterrar, todo lo que creía haber superado, pero parece que no es así. Puedo ver a la pequeña niña, arrodillada en el suelo de nuestra diminuta casa, recogiendo los fragmentos de un vaso roto. Mi padre, *oliendo a alcohol y
SalvadorMientras me instalo con Federico en el estudio no puedo dejar de pensar en la interacción que tuvo este con Marina hace momento.La familiaridad que parecía haber entre ambos, eso no es normal, mucho menos para dos personas que solo se han visto una vez.El silencio en mi estudio se rompe con el sonido del hielo chocando contra el cristal de mi vaso. Sirvo dos tragos y le extiendo uno a mi primo que lo toma de inmediato. Federico está sentado frente a mí, con esa maldita expresión de suficiencia que siempre me ha sacado de quicio. No he querido hablar demasiado con él en los últimos años, pero ahora no me queda otra opción.Sin embargo las palabras que salen de mi boca no son las que esperaba decir.—Desde cuándo te hablas con la servidumbre como si fueran de tu familia —espetó Salvador con frialdad, midiendo cada palabra.Federico arquea una ceja, recargándose con soltura en el respaldo de su asiento.—Desde cuándo te divierte humillar a tus empleados como si no fueran perso
MarinaEl sonido de la tetera silbando me sobresalta y la apago enseguida. Estoy nerviosa. No debería estarlo, pero lo estoy.David ya está en camino, Clara me avisó que salió hace unos minutos y no sé cómo me siento al respecto. Parte de mí quiere saber qué ha descubierto, pero la otra teme escuchar respuestas que no está lista para procesar.Me paso las manos por la cara y suspiro. Estoy en la cocina, removiendo la cuchara en mi café sin propósito alguno, cuando escucho unos golpes en la puerta trasera. Camino rápido y abro, encontrándome con David vestido de traje, siempre tan formal, aunque sus ojos reflejan una amabilidad que me hace sentir segura.—Marina —dice con suavidad—, Clara me llamó, me pidió que viniera en persona porque cree que necesitas apoyo.Lo dejo entrar y cierro la puerta tras él. Miro a mi alrededor con cautela antes de hablar, aunque sé que nadie debería estar cerca a esta hora.—Gracias por venir —le digo, cruzándome de brazos—. No sabía a quién más recurrir.
MarinaLlego a la cocina de muy ánimo. Puedo sentir las miradas curiosas de los empleadas mientras camino con una sonrisa que no debe verse para nada natural, pero es que entre la rabia y la determinación, Salvador Montenegro ha colmado mi paciencia y a despertado al Kraken que llevo dentro.Pero no más. Tal vez no pueda insultarlo, tal vez no pueda defenderme como me gustaría si no estuviera atada a pel por el maldito contrato, pero lo que sí puedo es encargarme de hacer su día, o al menos una pequeña parte de este, una completa pesadilla.Hoy voy a empezar con algo pequeño, tampoco quiero tentar a mi suerte, pero aún así voy a darle en donde su ego prepotente más le duele.Voy a jugar con sus propias reglas.Preparo el café con cuidado, siguiendo cada uno de los pasos que hago cada mañana. Uso la misma maquina pretenciosa de siempre, trato el café como me dijo que lo hiciera y en el proceso voy asegurándome de que el aroma sea tan tentador como siempreEn eso, Mateo, el mismo jardin
SalvadorEl café sigue quemándome la lengua mientras camino de un lado a otro en mi oficina. El maldito sabor salado no se me quita ni aunque haya enjuagado la boca ya varias veces.No fue un accidente.Esa mujer lo hizo a propósito.Aprieto los puños mientras me inclino sobre el escritorio. Esto no se va a quedar así.Respiro hondo e intento calmarme, pero la imagen de Marina poniendo esa expresión de inocencia fingida mientras me servía el café me hace hervir la sangre. Si ella cree que puede desafiarme de esta manera, está muy equivocada.La puerta se abre de golpe y Renata entra, con esa sonrisa satisfecha en los labios que me dice que está disfrutando todo esto.—No puedo creer que sigas permitiendo que esa mujer se burle de ti en tu propia casa —dice mientras se cruza de brazos y se apoya contra el escritorio.La miro con irritación. No estoy de humor para sus quejas.—No tengo tiempo para esto, Renata.—¿Ah, no? Porque desde donde yo lo veo, estás permitiendo que una simple empl
MarinaTengo tanto frío que siento que estoy empezando a entumecerme.Camino con toda la velocidad que puedo sin que la toalla se caiga de mi cuerpo y tiritando cuando la brisa golpea mi piel helada.QUIERO MATARLO.Sé que fue él, no tengo sino que recordar su cara cuándo me dijo que me acostumbrara. Es un idiota. Un idiota prepotente.Tengo la piel erizada y los labios temblando. Mis dientes castañean sin control mientras me aferro aún más a la toalla y me abrazo a mí misma, tratando de generar calor.—Voy a matarlo —susurro entre dientes, pero no tengo fuerzas ni para maldecirlo en voz alta.Tardo el doble en vestirme porque mis manos están tan frías que apenas puedo abotonarme la blusa. Cuando por fin termino y me miro en el espejo, veo mi cara de furia reflejada. Salvador Montenegro me ha declarado la guerra… y yo no soy de las que pierden.Pero… ¿cómo me vengo? ¿Cómo le hago pagar?No tengo mucho margen de acción. No puedo atacarlo físicamente —aunque me encantaría— y tampoco pued
MarinaEl rugido de rabia de Salvador retumba por toda la casa. Puedo ver como los empelados empiezan a disiparse, temiendo quedar en el medio de la furia, sin embargo yo no puedo hacer eso porque el grito ha sido para decir mi nombre.Veo como Renata aparece con el ceño fruncido y mira de su prometido hacia mi.—Me puede alguien explicar, ¿a qué viene ahora este escándalo?Mis ojos van hacia dónde Salvador se encuentra, respirando acelerado y con la mirada encendida, está muy enojado.—¿Dónde demonios está Marina? —le dice a Renta y puedo notar que a esta no le ha gustado para nada el comentario.—¿Por qué demonios la estás buscando? Parece que eso es lo único que haces últimamente.Salvador deja salir un gruñido entre el fastidio y la rabia antes de mirar a Renata.—La busco porque va a tener que responder por lo que hizo. ¡MARINA!Vuelve a gritar y se adentra más en la casa, avanzando hacia dónde estoy oyendo todo a la entrada de la cocina, es entonces que sé que ya no puedo ocultar