Hola, holaaaa!! bueno que ha caído finalmente la lagartona jeje Se viene lo bueno ¿Listas para el drama?
MarinaDesde anoche no dejo de pensar en él. En sus ojos, en su voz… en esa maldita frase: “Estoy haciendo lo que tengo que hacer”. Lo repaso una y otra vez mientras intento mantenerme ocupada, mientras limpio, mientras cocino, mientras finjo que nada me está carcomiendo por dentro.No entiendo qué significa. ¿Fue una disculpa? ¿Una advertencia? ¿Un cierre? ¿Un inicio? Maldita sea, ¡ni siquiera sé si fue una mentira! No sé si todo esto quiere decir que ha escogido a Renta o si, tal vez, es fingido, lo uál tampoco tiene demasiado sentido para mi.De hecho nada de esto lo tiene, empezando porque a mí no me debería importarme lo que hace o deja de hacer el pomposo de Salvador, pero aquí estoy, con la cabeza hecha un nido mientras recuerdo la forma en que me miró.Lo vulnerable que se veía, la manera en que oculta su lado más humano.Es… es tan familiar la sensación de estar perdido, de tener que usar mascaras, que ya no puedo odiarlo.Y mira que lo sigo intentando.Dejo salir un suspiro
MarinaEsto es una mala idea.Mientras me miro en el espejo tratando de decidir si me gusta o no lo que me he puesto, solo puedo pensar en que no hay manera en que esto vaya a salir bien.Es que no entiendo cómo demonios pude dejar que esos dos hombres me convencieran de irme de fiesta con ellos.Para empezar, mis ánimos no están en lo que se dice una actitud fiestera, por Dios ¡mi hermano está secuestrado! y por otro lado está el hecho de que no confío en mi misma para estar en un ambiente de ese tipo con Salvador.Tomando el celular decido que si ya me lanzé de cabeza a esta locura, entonces al menos voy a necesitar refuerzos.Marco el número de Clara y ella me contesta a la segunda timbrada.—Por favor dime que estás bien—es lo primero que mi amiga me dice y me siento un poco culpable, pues últimamente cada vez que la llamo es únicamente para darle malas noticias.No es que hoy sea diferente.O al menos no mucho.—Lo estoy—le digo para tranquilizarla, pero de inmediato agrego—Pero
SalvadorNo sé qué fue lo que pensé al decirle a Marina que viniera.Es que ni siquiera entiendo cómo es posible que esté en una discoteca con Federico, hace más de dos años que no salíamos juntos, por eso pedí refuerzos y le dije a Alex que viniera, pero estaba en medio de una cita con una mujer.Aunque no debería importarme, cada vez que escucho a Federico soltar sus coqueteos ridículos, siento que algo se enciende en mi interior, sin embargo, no puedo culparlo. No del todo al menos, porque lo entiendo.Marina se ve… ella está malditamente hermosa.Es una combinación de bomba sexy y exótica que ha hecho que no pueda alejar mis ojos de ella. “Hace tiempo que no puedes hacerlo” me dice mi mente, pero decido no ir por ahí. Es que no entiendo cómo demonios he pasado de pensar en meterla presa a traerla conmigo de fiesta.Es una maldita locura y aún así… no me arrepiento.No puedo hacerlo cuándo no puedo alejar mis ojos de ella, cuando me mira viéndose como una diosa, pero sonríe de for
MarinaEl calor de la cocina es asfixiante. El aire está impregnado de especias, humo y tensión. El restaurante está al tope, los pedidos entran y salen a una velocidad frenética, y apenas tengo tiempo para respirar.—¡Esa mesa seis todavía no tiene su orden! —grito mientras revuelvo una salsa en el fuego.—¡Ya el saco, jefa! —responde una de las cocineras.Todo marcha bien... hasta que lo veo venir.Mateo, el jefe de meseros, cruza la cocina con la expresión de alguien a punto de soltar una bomba. Por su cara, algo grande está pasando.—Marina… —su voz baja un par de tonos—. Acaba de llegar un cliente importante.Le lanzó una mirada impaciente.—Mateo, tenemos el restaurante lleno de clientes importantes. ¡Define "importante"!Él me mira fijamente.—Uno de los magnates más influyentes de la ciudad. Un socialite.Un leve murmullo se levanta entre los cocineros. Algunos se detectan un instante. Hasta los fogones parecen hacer una pausa.Siento una leve punzada de adrenalina. Si un homb
MarinaDos meses despuésLa cremallera del vestido se atasca justo a la mitad de mi espalda.—¡Maldita sea! —gruño, estirando el brazo en un ángulo imposible para intentar subirla.Estoy a punto de rendirme cuando mi teléfono vibra sobre la cama. Clara.— ¿Qué pasó? —contesto sin aliento, todavía luchando con el maldito vestido.—Pasó que espero que estés lista. No me digas que todavía no has salido de tu casa.Ruedo los ojos.—Estoy en ello, no seas tan dramática. Además, ¿estás segura de que este tipo vale la pena? No quiero otra cita con un soso sin conversación ni personalidad.—Marina, confía en mí. Yo jamás te pondría en una situación así.—Oh, por favor. ¿Te recuerdo el desastre del mes pasado?—Eso no cuenta. Me lo recomendaron, pero nadie me dijo que tenía el carisma de una piedra.Suelto una risa sarcástica mientras forcejeo con la cremallera.—Está bien, entonces dime la verdad. ¿Ya le advertiste cómo soy?Silencio. Luego, Clara suspira.—A ver, ¿a qué te refieres?—No te h
MarinaMarinaEsto tiene que ser una maldita broma.Por unos segundos no lo reconozco. No consigo ubicar la imagen del hombre imponente frente a mi, aunque si se me hace familiar.Es solo cuando su rostro se convierte en una mueca de rabia total, que me doy cuenta de quién es la persona que tengo enfrente: Salvador Montenegro.El mismo que fue con su novia al restaurante y le lance un vaso de agua y casi la llamo anorexica. Oh Dios, esto va a ser malo, va a ser realmente malo.La furia en su voz hace que se me me hiele la sangre.Mi cuerpo se tensa automáticamente siento que estoy en negación absoluta.No puede ser él. No puede ser el mismo hombre con el que discutí en el restaurante. Pero lo es.Está sentado detrás de un escritorio de madera oscura, con una puerta imponente, una mano apoyada sobre la mesa y la otra sosteniendo una pluma con aire impaciente. Sus ojos oscuros me taladran con una mezcla de incredulidad y desprecio.Esto es una pesadilla.El abogado que Clara consiguió
SalvadorLa rabia como nunca la he sentido se enciende en mi cuerpo, es algo tan palpable que casi siento que puedo tocarla. No puedo creerlo.Es como si todo fuera parte de una burla cósmica, pues no puedo creer que la mujer que me humilló hace meses en un restaurante, esa misma que Renata odia y se encargó de desacreditar ante todos, está aquí, en mi oficina, frente a mí, diciendo que no tiene el dinero para pagar lo que me debe.Tres millones de dólares.Tres. Malditos. Millones.Mis ojos van hasta ella. Trae puesta ropa medianamente formal, pero aún asi su cuerpo se ajusta a la tela y su pecho se marca por encima de lo normal.En especial cuando cruza los brazos, su postura es desafiante, pero veo el temblor sutil en sus dedos, el leve movimiento de su garganta cuando traga saliva. Está aterrada.Y debería estarlo.—Yo… yo no tengo ese dinero.Mis dientes se aprietan con fuerza, esto es el colmo del descaro. El dinero estaba en su maldita cuenta.Pero por supuesto que no lo tiene
Marina—¿Qué se supone que voy a hacer ahora?Mi voz es apenas un susurro mientras me paso las manos por el cabello, caminando de un lado a otro en la sala del restaurante, donde Clara, David y yo hemos estado reunidos durante la última hora.El abogado tiene la carpeta de documentos sobre la mesa. Los mismos que me hunden.Las mismas fotos que hacen que parezca que soy una maldita cómplice.Las mismas pruebas que, aunque no sean lo que parecen, me atan a un delito que no cometí.—Sé que esto es difícil —dice David con tono tranquilo—, pero voy a ser completamente honesto contigo, Marina. Tienes pocas opciones.Levanto la vista, sintiendo una presión en el pecho.—¿Cómo que pocas opciones? ¿Me estás diciendo que en verdad puedo ir a la cárcel?David suelta un leve suspiro.—Las pruebas que tienen son sólidas. Los movimientos bancarios, las fotografías… Aunque sepamos que no son lo que parecen, en un juicio serían un problema. Y no solo eso…Se inclina un poco hacia adelante.—Estamos