Hola bellezas!! bueno la guerra de nuestros protagonistas apenas esá iniciando! Dejen aquí sus opiniones. Besooos.
MarinaTengo tanto frío que siento que estoy empezando a entumecerme.Camino con toda la velocidad que puedo sin que la toalla se caiga de mi cuerpo y tiritando cuando la brisa golpea mi piel helada.QUIERO MATARLO.Sé que fue él, no tengo sino que recordar su cara cuándo me dijo que me acostumbrara. Es un idiota. Un idiota prepotente.Tengo la piel erizada y los labios temblando. Mis dientes castañean sin control mientras me aferro aún más a la toalla y me abrazo a mí misma, tratando de generar calor.—Voy a matarlo —susurro entre dientes, pero no tengo fuerzas ni para maldecirlo en voz alta.Tardo el doble en vestirme porque mis manos están tan frías que apenas puedo abotonarme la blusa. Cuando por fin termino y me miro en el espejo, veo mi cara de furia reflejada. Salvador Montenegro me ha declarado la guerra… y yo no soy de las que pierden.Pero… ¿cómo me vengo? ¿Cómo le hago pagar?No tengo mucho margen de acción. No puedo atacarlo físicamente —aunque me encantaría— y tampoco pued
MarinaEl rugido de rabia de Salvador retumba por toda la casa. Puedo ver como los empelados empiezan a disiparse, temiendo quedar en el medio de la furia, sin embargo yo no puedo hacer eso porque el grito ha sido para decir mi nombre.Veo como Renata aparece con el ceño fruncido y mira de su prometido hacia mi.—Me puede alguien explicar, ¿a qué viene ahora este escándalo?Mis ojos van hacia dónde Salvador se encuentra, respirando acelerado y con la mirada encendida, está muy enojado.—¿Dónde demonios está Marina? —le dice a Renta y puedo notar que a esta no le ha gustado para nada el comentario.—¿Por qué demonios la estás buscando? Parece que eso es lo único que haces últimamente.Salvador deja salir un gruñido entre el fastidio y la rabia antes de mirar a Renata.—La busco porque va a tener que responder por lo que hizo. ¡MARINA!Vuelve a gritar y se adentra más en la casa, avanzando hacia dónde estoy oyendo todo a la entrada de la cocina, es entonces que sé que ya no puedo ocultar
MarinaLas palabras de David retumban en mi mente mientras me encuentro acostada , hace ya unas dos horas que regresé. La mansión está mucho más silenciosa de lo normal y lo agradezco, ahora mismo no me encuentro con el ánimo necesario para lidiar con Salvador o la lagarta.Solo pensar en esa mujer me hierve la sangre, aún tengo las marcas de sus uñas en mi piel.Sin embargo, nada de eso importa mientras pienso en Daniel. El abogado me dijo que no había encontrado una sola señal de él, lo cuál pensé que era bueno, eso significa que no está en algo muy malo, pero al parecer es todo lo contrario.Es como si hubiese desaparecido, como si Daniel del Valle nunca hubiese existido y eso solo significa que, al parecer, el problema en que se metió es lo suficiente grande para borrarlo del mapa.No sé que hacer, no se a quién recurrir, pues las evidencias de Salvador indican que mi hermano si le robó, pero ¿Por qué?Daniel ha tenido problemas, consumo de sustancias más que todo, pero nunca lago
SalvadorEl sonido de su respiración entrecortada llena el espacio.Marina está contra la pared, con los ojos desorbitados, la piel pálida y el pecho subiendo y bajando demasiado rápido. Por un momento, no parece siquiera estar aquí. No me está viendo a mí, sus pupilas están dilatadas y su expresión es de puro terror.—Marina —digo, con más suavidad de la que me gusta admitir.No reacciona. Sigue encogida en el suelo, murmurando un “No, por favor, no” entre dientes, con los labios temblando. Algo dentro de mí se aprieta.No es normal. Esto no es normal.Me agacho frente a ella y le sujeto los hombros con firmeza, sacudiéndola un poco.—Marina, mírame.Sigue sin verme. Aprieta los ojos con fuerza, se encoge más, como si esperara un golpe.Y ahí es cuando me golpea el recuerdo.El patio.Cuando ella creyó que iba a golpearla.Mi mandíbula se tensa. Empiezo a armar una imagen en mi cabeza y no me gusta para nada.Nunca la he visto así. Marina es orgullosa, desafiante, una mujer que me ha
MarinaEsta ha sido, sin duda, una de las peores noches de toda mi vida.Apenas he dormido y mi mente sigue atormentada por la escena que tuve enfrente de Salvador. Es que Dios mio, como si ya no tuviera suficiente material para arruinarme, vengo yo y me pongo en bandeja de plata teniendo una tonta crisis de pánico.No sé porque los recuerdos han empezado a salir de nuevo, hace años que se supone que todo lo tenía encerrado bajo llave, pero estar en esta casa, siendo humillada, acaba de desactivar todo el infierno que fue mi infancia.Aparte de eso tengo la conversación con David dándome vueltas en la cabeza, no saber nada de mi hermano, la falta de noticias concretas me carcome por dentro. ¿Dónde demonios está? ¿Por qué no ha dado señales más claras? Todo esto me tiene con los nervios de punta y por si fuera poco, no olvido la amenaza que me hizo la lagartona de Renata.Hay algo extraño en esa mujer, algo más allá de su prepotencia que sinceramente no me gusta para nada.Dejando sa
MarinaCamino hacia la cocina con la cabeza hecha un lío. Ni siquiera entiendo porqué le dije a Federico que si, pero es que una parte de mi sabe que el hombre no iba a aceptar una negativa y sinceramente necesito un respiro de toda esta locura.No puedo creer como en un mes y medio mi vida terminó por convertirse en este desastre, justo cuándo pensé que estaba pasando por el mejor momento de mi vida. Finalmente tenía dinero suficiente para hacerme socia de Clara, para conformar algo que amo.Pero no, el huracán llamado Salvador Montenegro apareció para derrumbarlo todo.Y aún así, cuándo pienso en él ahora lo primero que viene a mi cabeza es la mirada preocupada y confundida de anoche.Debo estar enloqueciendo.Cuando finalmente entro en la cocina, espero tener al menos un segundo de paz, pero ¡oh sorpresa!, resulta que Salvador ya está aquí.Por un segundo me quedo paralizada en mi lugar, siento como mi boca se abre pero ni una palabra sale de mí y contrario a lo que debería pasar,
Son las ocho en punto cuándo, nuevamente con ayuda de Tomas, salgo de la mansión de pesadilla y me subo al Uber para ir al restaurante donde me ha citado Federico.Debo admitir que el hombre ha tenido muy buen gusto al elegir, pues el lugar tiene una de las mejores reseñas del país en cuanto a la comida.Empiezo a pensar en cualquier cantidad de temas triviales como, el plato que quiero pedir, hasta que tan incómoda será la cena con tal de alejar mis pensamientos de todo lo ocurrido en los últimos días.Necesito un respiro.Necesito vivir al menos un momento de paz antes de regresar al infierno.El auto se detiene y me tomo un momento para respirar y mentalizarme de lo que estoy haciendo: Estoy cenando con el primo del hombre que me odia, con el primo del hombre que quiere enviarme a la cárcel.Ese mismo al que mi hermano le robó 3 millones de dólares. Lo normal, nada del otro mundo.—¿Va a bajarse o no?—la voz del conductor me hace dar un respingo y con una sonrisa forzada abro la pue
SalvadorPonerle la trampa al topo no ha resultado tan fácil como creíamos.A estas alturas ni Federico ni yo sabemos en quién confiar, por lo que poner la trampa nos está costando más de lo que pensábamos, pues debe verse natural.Y para terminar de empeorar nuestros problemas, el abuelo nos ha citado a un almuerzo, lo que significa que por alguna razón no está feliz con algo y nosotros vamos a pagar las consecuencias.Al menos yo cuento con Renata para acompañarme, ella siempre consigue calmar al viejo cuándo se pone demasiado pretencioso.El silencio en la mansión de mi abuelo es casi asfixiante. Solo se escucha el entrechocar de los cubiertos y el ligero tintineo de las copas de vino. Estoy sentado en la cabecera opuesta a él, con Renata a mi lado, mientras Federico ocupa el asiento frente a mí. La cena, como siempre, es una puesta en escena de poder y control.—No entiendo qué clase de Montenegros son ustedes —la voz del anciano resuena en la habitación—. Ninguno de mis nietos se