23- Enemigos declarados
Salvador

El sonido de su respiración entrecortada llena el espacio.

Marina está contra la pared, con los ojos desorbitados, la piel pálida y el pecho subiendo y bajando demasiado rápido. Por un momento, no parece siquiera estar aquí. No me está viendo a mí, sus pupilas están dilatadas y su expresión es de puro terror.

—Marina —digo, con más suavidad de la que me gusta admitir.

No reacciona. Sigue encogida en el suelo, murmurando un “No, por favor, no” entre dientes, con los labios temblando. Algo dentro de mí se aprieta.

No es normal. Esto no es normal.

Me agacho frente a ella y le sujeto los hombros con firmeza, sacudiéndola un poco.

—Marina, mírame.

Sigue sin verme. Aprieta los ojos con fuerza, se encoge más, como si esperara un golpe.

Y ahí es cuando me golpea el recuerdo.

El patio.

Cuando ella creyó que iba a golpearla.

Mi mandíbula se tensa. Empiezo a armar una imagen en mi cabeza y no me gusta para nada.

Nunca la he visto así. Marina es orgullosa, desafiante, una mujer que me ha
ShadiSaad

Uno más, bellezas! no olviden dejar sus comentarios y reseñas. Muaaaaak.

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