Bellezas lamento la hora y lamento que solo sea uno, mañana las compenso. Gracias por leer, muaaaaaak!
SalvadorPonerle la trampa al topo no ha resultado tan fácil como creíamos.A estas alturas ni Federico ni yo sabemos en quién confiar, por lo que poner la trampa nos está costando más de lo que pensábamos, pues debe verse natural.Y para terminar de empeorar nuestros problemas, el abuelo nos ha citado a un almuerzo, lo que significa que por alguna razón no está feliz con algo y nosotros vamos a pagar las consecuencias.Al menos yo cuento con Renata para acompañarme, ella siempre consigue calmar al viejo cuándo se pone demasiado pretencioso.El silencio en la mansión de mi abuelo es casi asfixiante. Solo se escucha el entrechocar de los cubiertos y el ligero tintineo de las copas de vino. Estoy sentado en la cabecera opuesta a él, con Renata a mi lado, mientras Federico ocupa el asiento frente a mí. La cena, como siempre, es una puesta en escena de poder y control.—No entiendo qué clase de Montenegros son ustedes —la voz del anciano resuena en la habitación—. Ninguno de mis nietos se
MarinaEspiar a Renata no ha sido tan sencillo como en un principio creí que sería. Estoy en la cocina, sentada en una de las sillas con una taza de café en las manos, observando el vapor subir lentamente mientras repaso mentalmente lo poco que he logrado averiguar sobre Renata en los últimos días. La mujer es escurridiza. Es que parece que últimamente es más importante que el mismísimo presidente. Siempre tiene una excusa perfecta, un plan social, una comida con amigas en el club, lo que sea.De hecho, cualquiera que la viera pensaría que es una mujer soltera de no ser por la enorme piedra que llena en el dedo.Y es ahí cuando las cosas dejan de encajar. Se ha visto menos apegada a Salvador de lo que parecía al principio.Antes era un chinche, una lagarta tirando veneno al lado de su lagarto, pero ahora, aunque sigue marcando territorio, ya no parece tener la misma necesidad de estar a su lado a todo momento. Algo en su actitud me hace sospechar.El teléfono suena sobre la mesa sob
Un poquito de la borrachera de nuestro hombre fríoSalvadorUnas horas antes...—Te juro que la próxima vez el agua frpia va a ser nada, esta guerra la voy a ganar yo—le digo a Alex sobre el sonido de la música.Este solo me mira con una mueca divertida antes de decir:—Bueno, siempre podrías volver a recurrir al disfraz de mucama porno, con esas curvas debe verse....Involuntariamente mi mente viaja al recuerdo de Marina con la pieza ridícula de ropa, a la forma que le ajustaba y si... se había bastante de más en algunas partes, pero eso es porque ella es gorda.—No digas idioteces, ni que hubiese una buena vista—le digo, pero no se siente... real.Intento olvidarme de los problemas, simplemente dejarme llevar mientras miro todo a mi alrededor.El humo denso y el murmullo constante del club se sienten como una distracción bienvenida. No quiero pensar en la empresa, en el abuelo, en Renata, en absolutamente nada. Solo quiero beber hasta que todo parezca menos jodido de lo que realmen
SalvadorLa resaca me despierta con un dolor punzante en la cabeza. Gruño y me paso una mano por el rostro. Siento la boca seca y el estómago revuelto.Me siento en la cama y lo primero que noto es que sigo vestido con la ropa de ayer.Lo segundo es que la cama a mi lado está vacía ¿Dónde demonios está Renata?Y lo tercero, es que mis ojos recorriendo la habitación, dan con un vaso de agua y un frasco de aspirinas en la mesita de noche. Sonrío ligeramente, pensando que Renata lo dejó ahí, seguramente no está en la cama porque ya bajó por el desayuno. Me tomo la pastilla y me meto a la ducha, intentando aliviar la resaca.Cuando bajo a la cocina, lo primero me estrello con la imagen animada de una Marina que se mueve de un lado a otro al ritmo de una canción que creo que está en español.Cuando se gira, sus ojos se topan conmigo y la veo abrir mucho la mirada mientras que su piel, normalmente morena, se pone pálida, aunque en sus mejillas se enciende un rubor.Eso es nuevo y… curioso
MarinaEstaba tan concentrada en la conversación de Salvador y la lagarta que olvidé por completo guardar mi celular en el bolsillo.Y es por eso que cuando vibra sobre el mesón de la cocina me sobresalta por completo. Me giro rápidamente y veo el nombre iluminado en la pantalla: Federico Montenegro.Trato, juro que trato de moverme con una rapidez inhumana oara evitar el hombre enfrente mio veo el remitente, pero antes de que pueda reaccionar, una sombra se cierne sobre mí. No tengo que ser bruja para saber de quién se trata: Salvador. Se queda mirando el teléfono con el ceño fruncido, sus ojos oscuros recorriendo la pantalla con intensidad peligrosa, antes de lentamente inclinar el rostro y llevar esos ojos juzgadores hacia mi.—¿Por qué demonios mi primo te está llamando? —su voz es baja, pero tensa, afilada como una hoja lista para cortar.Sé que sin importar la respuesta que de, esto va a ser una pelea segura, porque cuándo este hombre quiere puede ser totalmente irracional, en o
SalvadorMis ojos están fijos en Renata, la rabia está bullendo dentro de mí mientras la veo sonreírme con esa frescura. Cómo si no hubiese pasado absolutamente nada.Y además ¿Tontito? Qué demonios es esa m****a.Hastiado de la situación, la tomo del brazo y nos hago salir de la cocina, directo hacia mi estudio, cuándo entramos cierre la puerta y me giro hacia ella que me está viendo confundida. Cómo si no entendiera mi actitud.Eso me cabrea mucho más.—Renata son las cinco de la tarde, has estado afuera desde la noche anterior—le digo, y aunque trato de calmarme, con cada palabra que sale de mi, mi cabreo se hace mayor.—Amor, te dije que estaba en mi apartamento, no entiendo porque estás actuando así.No lo puedo creer…Dando un paso más cerca de ella, inclino mi rostro hacia abajo para mirarla de frente antes de hablar con los dientes apretados de la rabia:—¿No lo entiendes? Volteemos la situación, a ver si eso te hace entender. Que tal si yo salgo a las seis de la tarde, tu me l
MarinaEl grito ahogado de Daniel me despierta. Estoy empapada en sudor, jadeando, con el corazón golpeando frenéticamente contra mi pecho. Me toma un segundo recordar dónde estoy. La mansión. Mi cuarto. No fue real… pero se sintió como si lo fuera.Me llevo las manos al rostro. No puedo seguir así.En el sueño, Daniel me llamaba, su voz desesperada, pidiendo ayuda. Luego desaparecía, y todo lo que me quedaba era su grito y el sonido de una puerta cerrándose. Me levanto lentamente, con el cuerpo aún tembloroso, y camino descalza hasta la ventana. El cielo está cubierto. Hay una pesadez en el aire, como si algo terrible estuviera a punto de ocurrir.Y entonces llega.Mi celular vibra sobre la mesita de noche. Lo tomo, pensando que será David… pero no. Es ese maldito número anónimo otra vez.“¿Quieres pruebas de lo que le puede pasar a tu hermanito? Hoy sabrás lo que es tener miedo de verdad.”Se me congela el alma.La vista se me nubla, y me apoyo en la pared para no caerme. Esto ya no
MarinaNo he dormido.El reloj marca las tres de la madrugada y sigo aquí, sentada en el borde de la cama, con la caja aún sobre las sábanas y la fotografía en mi regazo. La imagen de Daniel golpeado, amarrado, con la mirada apagada, me desgarra el alma cada vez que la veo. Y no puedo dejar de mirarla.Lloré. Lloré hasta que los ojos me ardieron y la garganta se me cerró. Pero ya no me sirve llorar. Tengo que pensar, actuar, sobrevivir.Tengo el impulso de correr hasta el estudio de Salvador, de lanzarle la caja, de gritarle que no todo gira en torno a su maldita empresa, que mi hermano está siendo torturado por algo que ni siquiera entiendo.Pero no lo hago.Porque Salvador no es mi aliado. No todavía. Podría usar esto en mi contra. Podría verlo como una oportunidad perfecta para aplastarme. O peor aún: podría no creerme. Podría pensar que es un nuevo juego sucio mío para ganar tiempo.Y no puedo arriesgarme a eso.Busco desesperadamente el teléfono. Le escribo a Clara. Nada. Llamo a