Sé que está cortito y por eso les voy a dejar un tercero enseguida! vayan a leerlo. Muaaaaak, gracias por el apoyo.
SalvadorLa mañana siguiente sigo en mi habitación, cuándo escucho que se abre la puerto y al voltear veo a Renta entrando con una bandeja de desayuno en las manos.Esto es una novedad.—Te traje algo de comer —dice mientras deja la bandeja sobre la mesa—.Ayer saliste del estudio casi al amanecer, no has dormido nada. Pensé que necesitabas un respiro. Pedí que te hicieran tu favorito. De algo debe servir esa mujer.“Esa mujer”Mis ojos van a la bandeja cuando la pone enfrente mío y veo los huevos benedictinos perfectamente hechos, las tostadas, la mermelada casera, es como si estuviera viendo comida de restaurante.Algo que solo Marina del Valle podría hacer tan bien y en tan poco tiempo.La presencia de Renata me saca de mis pensamientos púes sé que está esperando una respuesta, por lo que esbozando una sonrisa que espero se vea real, la tomo de la mano antes de hablar.—Gracias, cariño, ha sido un gesto increíble.Veo como la sonrisa se hace más grande y saca pecho orgullosa.Ella
SalvadorHan pasado tres días desde que descubrimos las imágenes de Renata fotografiando los documentos falsos. Tres días de silencio contenido, de soportar su voz fingida cada vez que me llama “mi amor”, de controlar las ganas de gritarle que lo sé todo. Pero hoy es el día. Hoy todo termina.Pero hoy… hoy todo terminó.—Tenemos algo —dice Alex del otro lado del teléfono.Me enderezo en el escritorio. El estómago me da un giro.—¿Qué es?—Intentaron mover dinero de la cuenta fantasma que creamos. El sistema del banco lo detectó. Lo intentaron usando los accesos que dejamos sobre tu escritorio.—¿Y…?—Fue Renata. Todo apunta a ella. Las cámaras la muestran tomando las fotos. El intento fue rastreado desde su IP. Y tenemos las fotos del banco, de ella hablando, el testimonio de los asesores, todo. No hay duda, Salvador. Es ella.Trago saliva. No siento alivio. Siento furia. No porque sea ella, sino porque lo fue todo el tiempo y no quise verlo.Estoy en el estudio, con las persianas cerr
MarinaDesde anoche no dejo de pensar en él. En sus ojos, en su voz… en esa maldita frase: “Estoy haciendo lo que tengo que hacer”. Lo repaso una y otra vez mientras intento mantenerme ocupada, mientras limpio, mientras cocino, mientras finjo que nada me está carcomiendo por dentro.No entiendo qué significa. ¿Fue una disculpa? ¿Una advertencia? ¿Un cierre? ¿Un inicio? Maldita sea, ¡ni siquiera sé si fue una mentira! No sé si todo esto quiere decir que ha escogido a Renta o si, tal vez, es fingido, lo uál tampoco tiene demasiado sentido para mi.De hecho nada de esto lo tiene, empezando porque a mí no me debería importarme lo que hace o deja de hacer el pomposo de Salvador, pero aquí estoy, con la cabeza hecha un nido mientras recuerdo la forma en que me miró.Lo vulnerable que se veía, la manera en que oculta su lado más humano.Es… es tan familiar la sensación de estar perdido, de tener que usar mascaras, que ya no puedo odiarlo.Y mira que lo sigo intentando.Dejo salir un suspiro
MarinaEsto es una mala idea.Mientras me miro en el espejo tratando de decidir si me gusta o no lo que me he puesto, solo puedo pensar en que no hay manera en que esto vaya a salir bien.Es que no entiendo cómo demonios pude dejar que esos dos hombres me convencieran de irme de fiesta con ellos.Para empezar, mis ánimos no están en lo que se dice una actitud fiestera, por Dios ¡mi hermano está secuestrado! y por otro lado está el hecho de que no confío en mi misma para estar en un ambiente de ese tipo con Salvador.Tomando el celular decido que si ya me lanzé de cabeza a esta locura, entonces al menos voy a necesitar refuerzos.Marco el número de Clara y ella me contesta a la segunda timbrada.—Por favor dime que estás bien—es lo primero que mi amiga me dice y me siento un poco culpable, pues últimamente cada vez que la llamo es únicamente para darle malas noticias.No es que hoy sea diferente.O al menos no mucho.—Lo estoy—le digo para tranquilizarla, pero de inmediato agrego—Pero
SalvadorNo sé qué fue lo que pensé al decirle a Marina que viniera.Es que ni siquiera entiendo cómo es posible que esté en una discoteca con Federico, hace más de dos años que no salíamos juntos, por eso pedí refuerzos y le dije a Alex que viniera, pero estaba en medio de una cita con una mujer.Aunque no debería importarme, cada vez que escucho a Federico soltar sus coqueteos ridículos, siento que algo se enciende en mi interior, sin embargo, no puedo culparlo. No del todo al menos, porque lo entiendo.Marina se ve… ella está malditamente hermosa.Es una combinación de bomba sexy y exótica que ha hecho que no pueda alejar mis ojos de ella. “Hace tiempo que no puedes hacerlo” me dice mi mente, pero decido no ir por ahí. Es que no entiendo cómo demonios he pasado de pensar en meterla presa a traerla conmigo de fiesta.Es una maldita locura y aún así… no me arrepiento.No puedo hacerlo cuándo no puedo alejar mis ojos de ella, cuando me mira viéndose como una diosa, pero sonríe de for
MarinaEl calor de la cocina es asfixiante. El aire está impregnado de especias, humo y tensión. El restaurante está al tope, los pedidos entran y salen a una velocidad frenética, y apenas tengo tiempo para respirar.—¡Esa mesa seis todavía no tiene su orden! —grito mientras revuelvo una salsa en el fuego.—¡Ya el saco, jefa! —responde una de las cocineras.Todo marcha bien... hasta que lo veo venir.Mateo, el jefe de meseros, cruza la cocina con la expresión de alguien a punto de soltar una bomba. Por su cara, algo grande está pasando.—Marina… —su voz baja un par de tonos—. Acaba de llegar un cliente importante.Le lanzó una mirada impaciente.—Mateo, tenemos el restaurante lleno de clientes importantes. ¡Define "importante"!Él me mira fijamente.—Uno de los magnates más influyentes de la ciudad. Un socialite.Un leve murmullo se levanta entre los cocineros. Algunos se detectan un instante. Hasta los fogones parecen hacer una pausa.Siento una leve punzada de adrenalina. Si un homb
MarinaDos meses despuésLa cremallera del vestido se atasca justo a la mitad de mi espalda.—¡Maldita sea! —gruño, estirando el brazo en un ángulo imposible para intentar subirla.Estoy a punto de rendirme cuando mi teléfono vibra sobre la cama. Clara.— ¿Qué pasó? —contesto sin aliento, todavía luchando con el maldito vestido.—Pasó que espero que estés lista. No me digas que todavía no has salido de tu casa.Ruedo los ojos.—Estoy en ello, no seas tan dramática. Además, ¿estás segura de que este tipo vale la pena? No quiero otra cita con un soso sin conversación ni personalidad.—Marina, confía en mí. Yo jamás te pondría en una situación así.—Oh, por favor. ¿Te recuerdo el desastre del mes pasado?—Eso no cuenta. Me lo recomendaron, pero nadie me dijo que tenía el carisma de una piedra.Suelto una risa sarcástica mientras forcejeo con la cremallera.—Está bien, entonces dime la verdad. ¿Ya le advertiste cómo soy?Silencio. Luego, Clara suspira.—A ver, ¿a qué te refieres?—No te h
MarinaMarinaEsto tiene que ser una maldita broma.Por unos segundos no lo reconozco. No consigo ubicar la imagen del hombre imponente frente a mi, aunque si se me hace familiar.Es solo cuando su rostro se convierte en una mueca de rabia total, que me doy cuenta de quién es la persona que tengo enfrente: Salvador Montenegro.El mismo que fue con su novia al restaurante y le lance un vaso de agua y casi la llamo anorexica. Oh Dios, esto va a ser malo, va a ser realmente malo.La furia en su voz hace que se me me hiele la sangre.Mi cuerpo se tensa automáticamente siento que estoy en negación absoluta.No puede ser él. No puede ser el mismo hombre con el que discutí en el restaurante. Pero lo es.Está sentado detrás de un escritorio de madera oscura, con una puerta imponente, una mano apoyada sobre la mesa y la otra sosteniendo una pluma con aire impaciente. Sus ojos oscuros me taladran con una mezcla de incredulidad y desprecio.Esto es una pesadilla.El abogado que Clara consiguió