5. Soy resistente.
—Rita, ¿todo bien? —La voz de un hombre joven, preocupada, atravesó la puerta.Ella corrió a abrir, y un tipo flaco con cara de pocos amigos apareció en el marco.—¿Sigue vivo? —preguntó, mirándome como si fuera un animal herido.—Sí, Tomi, pero...—Esto es una locura, Rita. Este tipo... no sabes quién es.Tampoco lo sabía ella. Y si tenía suerte, nunca lo sabría.Tomi me escaneó con la mirada, como midiendo si aún podía levantarme y hacerle daño. Si no estuviera tan hecho pedazos, habría sido divertido. Pero en ese momento, no tenía humor ni paciencia.—Mirá, pibe, no necesito tus sermones. Podés irte si querés —gruñí, mi voz todavía rasposa pero lo suficientemente clara para que me entendiera.El tal Tomi dio un paso atrás, pero Rita lo detuvo con una mano en el brazo.—No hables así. Él me ayudó a traerte aquí. Si no fuera por Tomi, seguirías tirado en ese callejón.—Bien, gracias por el favor —respondí seco, mirando al flacucho como si quisiera que se desvaneciera en el aire. Lo ú
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