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11. Mentís pésimo.
Desperté en la madrugada, como si algo me hubiera sacado de un sueño profundo. Un sonido. Una vibración en el aire que mi instinto reconoció antes que mi mente. La sensación era como un zumbido sordo en el pecho, un aviso primitivo que helaba la sangre antes de que la razón pudiera explicarlo. Los sentidos que siempre me mantenían alerta estaban encendidos, y cada fibra de mi cuerpo gritaba peligro.No tardé en darme cuenta de que no estaba solo.Rita dormía en el sillón, ajena al cambio en el ambiente. Su respiración era tranquila, rítmica, pero fuera, más allá de estas paredes, había algo acechando. Me quedé mirándola por un instante, atrapado entre el impulso de despertarla y el deseo irracional de dejarla soñar un poco más, alejada de la realidad que la esperaba.Me levanté con cuidado, ignorando el dolor que todavía tiraba de mis músculos. La ventana estaba apenas entreabierta, dejando entrar un soplo de aire fresco que traía consigo un olor que reconocí al instante. Lobo.Un gru
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12. Lo que no puedo dejar atrás.
Ella asintió, aunque podía ver que no estaba completamente convencida. Su boca decía que sí, pero sus ojos no ocultaban la duda. Sabía que, en el fondo, no confiaba del todo en lo que le estaba diciendo. Y con razón.,La noche pasó en una vigilia tensa. Me quedé cerca de la ventana, atento a cualquier movimiento, mientras Rita se mantenía despierta conmigo, sentada en silencio en el sillón. Podía sentir su mirada en mí de vez en cuando, pero cuando giraba la cabeza, ella desviaba los ojos. Como si quisiera entenderme, como si buscara algo en mí que ni yo mismo encontraba. Había algo reconfortante en su presencia, aunque sabía que no debía dejarme distraer.Cuando el amanecer comenzó a teñir el cielo de tonos rosados y anaranjados, el peligro pareció disiparse. Pero yo sabía que no era el final. Si habían encontrado este lugar, no tardarían en volver. Lo sentía en los huesos. La calma de la mañana era apenas un respiro antes de la tormenta.—Necesitamos un plan —dije finalmente, rompie
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13. ¿Viniste a terminar lo que empezaste?
Me quedé mudo. No porque no tuviera algo que decir, sino porque no esperaba que ella me enfrentara de esa manera. Rita era todo lo que no había querido enfrentar desde que llegué aquí: una conexión, un ancla en un mundo que me había enseñado a mantenerme apartado. Y eso me aterraba.Ella me miró por un largo momento, como esperando que respondiera. Pero no lo hice, y finalmente sacudió la cabeza, como si estuviera harta de pelear conmigo.—Hacé lo que quieras, Luke. Siempre hacés lo que querés, ¿no? —dijo con un tono seco antes de girarse y volver a la mesa.Sus palabras me quemaron más que cualquier garra o colmillo que hubiera enfrentado antes. Me ardieron en lo más profundo, porque sabía que era cierto. Toda mi vida había hecho lo que quería, lo que creía necesario para sobrevivir. Pero ahora, por primera vez, no estaba seguro de que lo que quería y lo que era correcto fueran lo mismo.Pasaron horas antes de que Rita volviera a hablarme. El silencio entre nosotros era incómodo, per
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14. ¿Qué hacías con eso?
Regresé al cuarto con el cuerpo tenso y los sentidos alerta. Mi mente repasaba cada palabra de Natan, cada gesto. Había querido provocarme, y lo había logrado. Pero lo que más me preocupaba no era su amenaza, sino el hecho de que sabía de Rita. Eso lo cambiaba todo.Abrí la puerta con cuidado, esperando encontrarla como la había dejado, pero no estaba en el sillón.—Rita. —Su nombre salió como un susurro bajo, cargado de preocupación.Una pequeña figura emergió desde la esquina, junto a la mesa, con un cuchillo en la mano.—¿Luke? —preguntó con la voz temblorosa, antes de dejar caer el arma.La tensión en mi cuerpo se deshizo al verla. Caminé hacia ella, observando cómo su pecho subía y bajaba rápidamente, aún afectada por la adrenalina.—¿Qué hacías con eso? —pregunté, señalando el cuchillo.—Estaba... —dudó un momento antes de continuar—, estaba preparada. Por si era alguien más.Una pequeña sonrisa se formó en mis labios, aunque no había nada gracioso en la situación.—¿Y qué ibas
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15. Ecos de un instinto.
El pequeño hotel donde trabajaba era humilde pero acogedor. Mientras ella limpiaba las habitaciones, me quedé en la recepción, observando todo con atención. Los olores del lugar eran variados, pero ninguno indicaba peligro inmediato.Sin embargo, cuando un hombre alto y de ojos oscuros entró al vestíbulo, mis instintos se encendieron de inmediato.—¿Buscás algo? —le pregunté, interponiéndome en su camino antes de que pudiera avanzar demasiado.El hombre me miró con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.—Solo una habitación.—Está lleno.—¿Ah, sí? —replicó, frunciendo el ceño—. Qué curioso, porque afuera dice que tienen lugar.—El cartel está roto.El hombre me sostuvo la mirada por un largo momento, evaluándome. Finalmente, asintió lentamente y dio un paso atrás.—Entendido.Cuando salió, sentí el peso de su presencia desaparecer, pero mi inquietud no disminuyó. Algo en su forma de moverse, en el modo en que me miró, me dejó claro que no era un humano cualquiera.Cuando Rita regresó,
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16. Mi mandíbula se tensó ante la idea.
Me puse de pie al instante, colocando a Rita detrás de mí mientras me dirigía hacia la entrada. El olor que me llegó por debajo de la madera confirmó mis sospechas: no era humano.—¿Quién es? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta.—¿Vas a dejarme afuera toda la noche, Luke?La voz de Natan era burlona, como siempre, pero había un filo en sus palabras que no podía ignorar. No era una simple provocación; había algo más.—No es el momento.—Oh, pero yo creo que sí lo es.Volteé hacia Rita, quien me miraba con los ojos muy abiertos.—No hagas ruido. Quédate acá.—Luke, ¿quién...?—Rita, por favor. —Mis palabras fueron un susurro urgente. Ella dudó, pero finalmente asintió, retrocediendo hacia la esquina más alejada del cuarto.Respiré hondo y abrí la puerta. Natan estaba ahí, apoyado contra el marco con una sonrisa ladeada. Su postura era relajada, pero sus ojos brillaban con un conocimiento que me puso en guardia.—¿Qué querés? —gruñí.—Una charla, nada más. —Miró por encima de mi homb
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17.  Bajo la piel.
Esa noche no pude dormir. El peso de la visita de Natan se quedó conmigo, como una sombra persistente. Su amenaza no era un simple alarde; era una promesa. Y yo sabía que no se detendría hasta que lograra lo que quería: mi cabeza o mi rendición.Rita dormía en la pequeña cama al otro lado del cuarto, su respiración tranquila un contraste absoluto con mi caos interno. La observé por un momento, asegurándome de que estuviera bien. Había algo hipnótico en la forma en que se movía ligeramente en sueños, como si incluso en su subconsciente peleara contra algo.Era irónico. Ella, tan pequeña y aparentemente frágil, tenía una fuerza que yo apenas comenzaba a comprender.Caminé hasta la ventana, mirando las sombras que danzaban bajo la luz de las farolas. No podía quedarme mucho tiempo aquí. Natan no solo me quería muerto; lo haría a su manera, y no dudaría en usar a Rita para lograrlo.Mi mandíbula se tensó ante la idea.Por la mañana, el primer rayo de sol que atravesó la cortina fue sufici
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18. Cazador y presa.
El aire nocturno mordía con una ferocidad que apenas sentía. Estaba demasiado enfocado en cada sonido, cada sombra que se movía a nuestro alrededor. Rita caminaba detrás de mí, sus pasos pequeños pero decididos. Pude oír su respiración, un poco más rápida de lo normal, pero no dijo nada. Cruzamos callejones oscuros y desiertos, esquivando las luces como si fueran trampas. Mi instinto me llevaba, mi cuerpo sabía qué hacer antes de que mi mente pudiera procesarlo. Era un cazador, pero esa noche, me sentía como la presa. —¿A dónde vamos? —preguntó Rita en voz baja. Me detuve un segundo, girando apenas para mirarla. Sus ojos estaban cargados de incertidumbre, pero también de confianza. —A un lugar seguro. —¿Qué lugar seguro hay en este barrio? No le respondí. Porque, sinceramente, no estaba seguro de la respuesta. Habíamos avanzado un par de cuadras más cuando mi nariz captó el olor. Un aroma distintivo, animal, como una advertencia en el aire. Me detuve de golpe, levantando la mano
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19. Confesiones bajo la luna.
No dejamos de caminar hasta que estuvimos lo suficientemente lejos.El silencio se extendía entre nosotros, interrumpido solo por nuestra respiración agitada. Rita no decía nada, pero su mente parecía estar tan inquieta como la mía.Yo tampoco tenía palabras. ¿Cómo explicarle lo que ni yo terminaba de aceptar?Finalmente, me detuve en un viejo parque abandonado. La herrumbre devoraba los columpios, las ramas desnudas de los árboles arañaban el cielo, y el banco de madera parecía a punto de desmoronarse.—Aquí. —Señalé el banco y Rita, aunque agotada, se dejó caer sin protestar.Me apoyé contra un árbol, sintiendo la corteza áspera contra mi espalda. El dolor seguía ahí, latiendo en mis heridas, pero lo que realmente dolía estaba más profundo.—Tenés que decírmelo ahora, Luke. —Su voz cortó la quietud, firme a pesar del temblor en sus manos—. ¿Qué está pasando?Me froté el rostro con una mano. No podía seguir esquivándolo.—Pasa que vienen por mí. Lobos, como yo.Dudé un segundo antes
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20. No es tu pelea.
El aire de la noche todavía olía a peligro. A tierra, a sangre, a algo más profundo que se filtraba en mi piel y me recordaba que, aunque hubiéramos escapado, la cacería no había terminado. Natan sabía dónde estaba. Sabía que seguiría con vida. Y tarde o temprano, volvería a buscarme.Podría haber intentado correr, dejar todo atrás y perderme en la ciudad, pero no tenía sentido. No con las heridas aún cerrándose. No con Rita.—Quiero que volvamos a casa —dijo ella, como si hubiera leído mis pensamientos.De alguna manera tenía más sentido de lo que ella creía.Regresar al cuarto de Rita no solo era lo más lógico, sino lo más seguro por ahora. Si nos quedábamos en otro lugar, dejaríamos nuestro rastro por toda la ciudad. Mi olor, el de ella. Mi manada, Natan, no tardaría en encontrarnos. En cambio, su cuarto ya estaba comprometido. Él sabía dónde estaba, pero no tenía motivos para sospechar que yo seguiría ahí. Esconderse a plena vista podía ser nuestra mejor opción.La caminata de re
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