17.  Bajo la piel.

Esa noche no pude dormir. El peso de la visita de Natan se quedó conmigo, como una sombra persistente. Su amenaza no era un simple alarde; era una promesa. Y yo sabía que no se detendría hasta que lograra lo que quería: mi cabeza o mi rendición.

Rita dormía en la pequeña cama al otro lado del cuarto, su respiración tranquila un contraste absoluto con mi caos interno. La observé por un momento, asegurándome de que estuviera bien. Había algo hipnótico en la forma en que se movía ligeramente en sueños, como si incluso en su subconsciente peleara contra algo.

Era irónico. Ella, tan pequeña y aparentemente frágil, tenía una fuerza que yo apenas comenzaba a comprender.

Caminé hasta la ventana, mirando las sombras que danzaban bajo la luz de las farolas. No podía quedarme mucho tiempo aquí. Natan no solo me quería muerto; lo haría a su manera, y no dudaría en usar a Rita para lograrlo.

Mi mandíbula se tensó ante la idea.

Por la mañana, el primer rayo de sol que atravesó la cortina fue sufici
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