El bosque arde en destellos de luz artificial. Cada disparo ilumina los árboles con un resplandor espectral antes de desvanecerse en la noche cerrada. Mi instinto me grita que corra, pero no puedo. No todavía.Rita se aferra a mi brazo. Su respiración es un temblor cálido contra mi piel. Sus ojos oscuros buscan los míos, esperando una respuesta, esperando que haga algo.—Mantente detrás de mí —le ordeno en un gruñido bajo.El aire es denso con el olor del gas, de la pólvora, del sudor de los cazadores mezclado con el hedor químico de sus armas. Están entrenados. No son los típicos idiotas con rifles de plata y trampas oxidadas. Se mueven en formación, calculando cada paso.No hay escapatoria.—¡Ahí están! ¡Muévanse! —grita uno de ellos.Las linternas de sus cascos barren el área como ojos demoníacos. Mis oídos captan el clic mecánico de un seguro destrabándose.No hay tiempo para pensar.Me muevo.Cargo contra el primero antes de que pueda reaccionar, hundiendo mis garras en su armadu
El eco de los pasos de Natan se desvanece en la distancia, dejándome en un silencio sofocante.El dolor en mis muñecas y tobillos es constante, punzante, pero no peor que la ira que me consume por dentro. La impotencia es un veneno que se filtra en cada fibra de mi ser. Tiro de las cadenas otra vez, esta vez con más furia, sintiendo cómo el metal corta mi piel. La sangre caliente escurre por mis dedos, pero no me importa.No puedo quedarme aquí.No puedo dejarla con ellos.Rita.El pensamiento de su nombre golpea dentro de mi cráneo como un tambor. Imaginarla sola, en manos de aquellos que me quieren muerto, con Natan decidiendo su destino, hace que el odio me queme la garganta.¿Dónde estará ahora? ¿Sola en algún rincón oscuro? ¿Herida?Cierro los ojos, respirando hondo, intentando encontrar calma en el caos. Pero lo único que veo es a ella, con su cabello desordenado, con esa expresión feroz que ha aprendido a ocultar detrás de su miedo. Me acuerdo de la última vez que la vi antes d
El cuerpo de Rita tiembla entre mis brazos. Su respiración es entrecortada, rápida, como si todavía estuviera atrapada en el terror de los últimos minutos.Yo también estoy temblando. Pero no de miedo.De rabia.De odio.De la pura necesidad de seguir matando.Pero no puedo. No ahora.Porque la tengo en mis brazos, porque necesito sacarla de este maldito lugar antes de que vengan más.Me levanto con ella sin esfuerzo. Sus brazos siguen aferrados a mi cuello, como si tuviera miedo de que la soltara, de que esto fuera una pesadilla de la que despertaría volviendo a estar atrapada en esas manos inmundas.Pero no voy a permitirlo.—Nos vamos.Ella no responde, pero su agarre se hace más fuerte.Mis sentidos están al límite. Sé que el ruido de la pelea alertó a los demás. Sé que no pasará mucho tiempo antes de que alguien venga a ver qué pasó.Salgo de la habitación con los músculos tensos, preparado para encontrarme con cualquiera. Pero el pasillo está vacío.La cabaña de los prisioneros
El suelo frío y húmedo me recibe con brutalidad cuando mi cuerpo cede. La tierra absorbe mi sangre caliente, y por primera vez en toda mi vida, siento que voy a morir.Los gruñidos alrededor son un eco lejano, distorsionado por el dolor y el cansancio. Todo mi ser arde, mis huesos son un incendio, mis músculos laten con un sufrimiento insoportable.Pero no la suelto.Mis garras siguen aferrándose a Rita, incluso cuando mi cuerpo no puede más.Natan baja de la roca. Se acerca con calma, con superioridad. Es el Alfa ahora, y todos los lobos le abren paso como si fuera un dios.—Terminó, Luke.Su voz es un filo de hielo en mi cabeza.Mis fauces se abren para responderle, pero no me queda aliento.No me queda nada.—Eres terco hasta el final —suspira Natan, casi con decepción. Luego mira a los demás—. Mátenlo.Siento a los lobos tensarse, listos para destrozarme.Pero entonces, un sonido irrumpe en la noche.Un crujido.Un disparo.Y otro.Y otro más.Los lobos a mi alrededor gruñen. Sus
El aire se espesa con la llegada de la amenaza. No hace falta verlos para saber que están cerca.Mi manada.El olor es inconfundible. A tierra húmeda, bosque y sangre. Es un olor que llevo en la piel, que nunca desaparece del todo, que siempre regresa.Miro a Rita. Ella también lo siente.No dice nada, pero su mano tiembla sobre la mía.—¿Qué pasa? —Rob frunce el ceño desde la mesa, su vaso de whisky entre los dedos.No respondo. No puedo.Lorens deja de garabatear en su libreta y nos observa, como si percibiera algo que su padre no puede ver.El viento cambia. Susurros entre los árboles.Y entonces, el golpe seco en la puerta.—Rob… —Lorens se pone de pie, tenso.Rob se levanta, dejando el vaso a un lado. No sabe quién está afuera.Pero yo sí.Natan ha venido por nosotros.—Rob agarra su escopeta.—Voy a ver quién es —murmura, avanzando hacia la puerta.—No abras —gruño, poniéndome de pie de golpe.Me mira con el ceño fruncido.—¿Qué carajo te pasa?Si abre la puerta, estamos muerto
Mis músculos se tensan. Eliot sabe.Me lo dice con los ojos, con el ligero cambio en su postura, con la manera en que su olor se transforma en algo más denso. Seguridad.Él sabe lo que soy. Y no tiene miedo.Eso es lo que me preocupa.—¿Qué querés decir? —gruño, manteniéndome en mi sitio.Eliot entrecierra los ojos, como si sopesara si responderme o no.—Nada… —miente.Hijo de puta.No necesito que me lo diga en palabras. Él está con ellos.Él nos delató.---Rita está en la cocina con Rob, ayudándolo a reforzar la puerta trasera. Lorens, el pibe, está en la sala, clavando maderas en la ventana. El viento afuera arrecia, golpeando la casa como si quisiera arrancarla de cuajo.Mis oídos captan algo.Un susurro.Un sonido casi imperceptible bajo el rugir de la tormenta.El crujido de ramas pisoteadas.Y entonces lo veo.Eliot, con la mano deslizándose hacia su bolsillo.—No lo hagas.Mi voz es un filo de hielo.Pero él sonríe.—Demasiado tarde.Y antes de que pueda moverme, mete los ded
El estruendo de los disparos me ensordece, pero no me detengo. El dolor en mi costado es un recordatorio punzante de que no soy invencible, pero eso no importa. Rita está aquí, y la están atacando. No lo voy a permitir.Mis garras se hunden en el pecho del primer cazador que se cruza en mi camino. El calor de su sangre me salpica el rostro, y su grito se ahoga en un gorgoteo húmedo. Detrás de él, otro alza su arma, pero soy más rápido. Siempre soy más rápido. Me abalanzo sobre él antes de que pueda apretar el gatillo. Su cuello cede bajo mis mandíbulas con un crujido seco.A mi lado, Rita respira con dificultad, pero su mirada no tiembla. Eliot le ha dado un arma, y ella la sostiene con ambas manos, el cañón temblando solo un poco. Mi chica. Valiente, decidida. Aterrado por dentro, lo sé, pero sin dar un paso atrás.—¡Rita, detrás de mí! —gruño, mi voz apenas reconocible con la furia vibrando en mis huesos.Ella no obedece del todo. Por supuesto que no. Dispara. Una, dos veces. Y un c
El viento arrastra el aroma del bosque, la humedad de la tierra revuelta, el rastro de presas que han pasado por aquí hace horas. Respiro hondo, llenando mis pulmones con la esencia de mi territorio. De mi hogar. De mi manada.Soy Luke. El alfa.No nací para esto. O al menos, no lo creí cuando era solo un cachorro corriendo entre la maleza, midiendo fuerzas con mis hermanos, con las fauces llenas de sangre y tierra. No pensaba en liderazgo, ni en poder. Solo en correr, en pelear, en sentir la libertad ardiendo en mis músculos. Pero el destino no pregunta. Te pone frente al abismo y espera. Algunos caen. Otros saltan.Yo salté.Mi cuerpo es la prueba de cada batalla librada. Alto, musculoso, forjado por los años y las cicatrices que cuentan historias que pocos conocen. Mi piel es dura, mis puños, aún más. Y mis ojos... mis ojos han visto demasiado. Lo suficiente para entender que la lealtad puede ser un arma de doble filo y que el poder pesa más de lo que cualquiera imagina.Soy el lob