El cuerpo de Rita tiembla entre mis brazos. Su respiración es entrecortada, rápida, como si todavía estuviera atrapada en el terror de los últimos minutos.Yo también estoy temblando. Pero no de miedo.De rabia.De odio.De la pura necesidad de seguir matando.Pero no puedo. No ahora.Porque la tengo en mis brazos, porque necesito sacarla de este maldito lugar antes de que vengan más.Me levanto con ella sin esfuerzo. Sus brazos siguen aferrados a mi cuello, como si tuviera miedo de que la soltara, de que esto fuera una pesadilla de la que despertaría volviendo a estar atrapada en esas manos inmundas.Pero no voy a permitirlo.—Nos vamos.Ella no responde, pero su agarre se hace más fuerte.Mis sentidos están al límite. Sé que el ruido de la pelea alertó a los demás. Sé que no pasará mucho tiempo antes de que alguien venga a ver qué pasó.Salgo de la habitación con los músculos tensos, preparado para encontrarme con cualquiera. Pero el pasillo está vacío.La cabaña de los prisioneros
El suelo frío y húmedo me recibe con brutalidad cuando mi cuerpo cede. La tierra absorbe mi sangre caliente, y por primera vez en toda mi vida, siento que voy a morir.Los gruñidos alrededor son un eco lejano, distorsionado por el dolor y el cansancio. Todo mi ser arde, mis huesos son un incendio, mis músculos laten con un sufrimiento insoportable.Pero no la suelto.Mis garras siguen aferrándose a Rita, incluso cuando mi cuerpo no puede más.Natan baja de la roca. Se acerca con calma, con superioridad. Es el Alfa ahora, y todos los lobos le abren paso como si fuera un dios.—Terminó, Luke.Su voz es un filo de hielo en mi cabeza.Mis fauces se abren para responderle, pero no me queda aliento.No me queda nada.—Eres terco hasta el final —suspira Natan, casi con decepción. Luego mira a los demás—. Mátenlo.Siento a los lobos tensarse, listos para destrozarme.Pero entonces, un sonido irrumpe en la noche.Un crujido.Un disparo.Y otro.Y otro más.Los lobos a mi alrededor gruñen. Sus
El aire se espesa con la llegada de la amenaza. No hace falta verlos para saber que están cerca.Mi manada.El olor es inconfundible. A tierra húmeda, bosque y sangre. Es un olor que llevo en la piel, que nunca desaparece del todo, que siempre regresa.Miro a Rita. Ella también lo siente.No dice nada, pero su mano tiembla sobre la mía.—¿Qué pasa? —Rob frunce el ceño desde la mesa, su vaso de whisky entre los dedos.No respondo. No puedo.Lorens deja de garabatear en su libreta y nos observa, como si percibiera algo que su padre no puede ver.El viento cambia. Susurros entre los árboles.Y entonces, el golpe seco en la puerta.—Rob… —Lorens se pone de pie, tenso.Rob se levanta, dejando el vaso a un lado. No sabe quién está afuera.Pero yo sí.Natan ha venido por nosotros.—Rob agarra su escopeta.—Voy a ver quién es —murmura, avanzando hacia la puerta.—No abras —gruño, poniéndome de pie de golpe.Me mira con el ceño fruncido.—¿Qué carajo te pasa?Si abre la puerta, estamos muerto
Mis músculos se tensan. Eliot sabe.Me lo dice con los ojos, con el ligero cambio en su postura, con la manera en que su olor se transforma en algo más denso. Seguridad.Él sabe lo que soy. Y no tiene miedo.Eso es lo que me preocupa.—¿Qué querés decir? —gruño, manteniéndome en mi sitio.Eliot entrecierra los ojos, como si sopesara si responderme o no.—Nada… —miente.Hijo de puta.No necesito que me lo diga en palabras. Él está con ellos.Él nos delató.---Rita está en la cocina con Rob, ayudándolo a reforzar la puerta trasera. Lorens, el pibe, está en la sala, clavando maderas en la ventana. El viento afuera arrecia, golpeando la casa como si quisiera arrancarla de cuajo.Mis oídos captan algo.Un susurro.Un sonido casi imperceptible bajo el rugir de la tormenta.El crujido de ramas pisoteadas.Y entonces lo veo.Eliot, con la mano deslizándose hacia su bolsillo.—No lo hagas.Mi voz es un filo de hielo.Pero él sonríe.—Demasiado tarde.Y antes de que pueda moverme, mete los ded
El estruendo de los disparos me ensordece, pero no me detengo. El dolor en mi costado es un recordatorio punzante de que no soy invencible, pero eso no importa. Rita está aquí, y la están atacando. No lo voy a permitir.Mis garras se hunden en el pecho del primer cazador que se cruza en mi camino. El calor de su sangre me salpica el rostro, y su grito se ahoga en un gorgoteo húmedo. Detrás de él, otro alza su arma, pero soy más rápido. Siempre soy más rápido. Me abalanzo sobre él antes de que pueda apretar el gatillo. Su cuello cede bajo mis mandíbulas con un crujido seco.A mi lado, Rita respira con dificultad, pero su mirada no tiembla. Eliot le ha dado un arma, y ella la sostiene con ambas manos, el cañón temblando solo un poco. Mi chica. Valiente, decidida. Aterrado por dentro, lo sé, pero sin dar un paso atrás.—¡Rita, detrás de mí! —gruño, mi voz apenas reconocible con la furia vibrando en mis huesos.Ella no obedece del todo. Por supuesto que no. Dispara. Una, dos veces. Y un c
El viento arrastra el aroma del bosque, la humedad de la tierra revuelta, el rastro de presas que han pasado por aquí hace horas. Respiro hondo, llenando mis pulmones con la esencia de mi territorio. De mi hogar. De mi manada.Soy Luke. El alfa.No nací para esto. O al menos, no lo creí cuando era solo un cachorro corriendo entre la maleza, midiendo fuerzas con mis hermanos, con las fauces llenas de sangre y tierra. No pensaba en liderazgo, ni en poder. Solo en correr, en pelear, en sentir la libertad ardiendo en mis músculos. Pero el destino no pregunta. Te pone frente al abismo y espera. Algunos caen. Otros saltan.Yo salté.Mi cuerpo es la prueba de cada batalla librada. Alto, musculoso, forjado por los años y las cicatrices que cuentan historias que pocos conocen. Mi piel es dura, mis puños, aún más. Y mis ojos... mis ojos han visto demasiado. Lo suficiente para entender que la lealtad puede ser un arma de doble filo y que el poder pesa más de lo que cualquiera imagina.Soy el lob
El sol apenas se ha puesto, tiñendo el cielo de un rojo oscuro que se refleja en las calles mojadas. Camino con Natan, como tantas otras noches, y todo parece normal. Sus pasos resuenan junto a los míos, en sincronía, como siempre. No hay distancia entre nosotros. Nunca la hubo.Natan es más que mi amigo. Es mi hermano, mi confidente, el único en quien confío cuando todo lo demás se tambalea. Tiene esa risa fácil, esa manera despreocupada de ver la vida, como si nada pudiera tocarlo. Pero sé que detrás de eso hay lealtad, una lealtad que creí inquebrantable.—Hoy fue un buen día—, dice, dándome un codazo con una sonrisa torcida.—Hiciste temblar a esos idiotas.Sonrío de lado.—Solo hago lo que hay que hacer.Él asiente, mirándome con esa chispa de admiración en los ojos.—Eso es lo que me gusta de vos. No te doblegás.Me gusta escuchar eso de su boca. Me recuerda por qué siempre lo tuve a mi lado. Nos cuidamos el uno al otro desde que tengo memoria. Desde que éramos unos pibes sin nad
El olor a lluvia y asfalto mojado se mezcla con el hedor a sangre. Mi sangre. Me apoyo contra la pared del callejón, jadeando, sintiendo cómo el líquido caliente me empapa la camisa rota. La herida en mi costado arde como si me hubieran prendido fuego desde adentro. Maldita sea, no debería haberme confiado.Natan.Su nombre me retumba en la cabeza como un eco burlón. No lo vi venir, o mejor dicho, no quise verlo venir. Creía que era mi amigo, mi mejor amigo, pero no, era un traidor, que esperaba su momento para clavarme los colmillos en la yugular. Y lo hizo. Solo que no fue con sus dientes, sino con una emboscada cobarde.—¿Qué se siente, Luke? —Su voz sisea entre las sombras cuando me derriban.No respondo. No iba a darle el placer de verme suplicando. Me defiendo con todo lo que tengo, con uñas, dientes y la furia de mi instinto. Mi lobo ruge dentro de mí, pero la traición pesa más que las heridas. Este no es un ataque cualquiera. Es un mensaje. Quieren que sepa que mi reinado ha t