76. El Olor del pasado.

El aire se espesa con la llegada de la amenaza. No hace falta verlos para saber que están cerca.

Mi manada.

El olor es inconfundible. A tierra húmeda, bosque y sangre. Es un olor que llevo en la piel, que nunca desaparece del todo, que siempre regresa.

Miro a Rita. Ella también lo siente.

No dice nada, pero su mano tiembla sobre la mía.

—¿Qué pasa? —Rob frunce el ceño desde la mesa, su vaso de whisky entre los dedos.

No respondo. No puedo.

Lorens deja de garabatear en su libreta y nos observa, como si percibiera algo que su padre no puede ver.

El viento cambia. Susurros entre los árboles.

Y entonces, el golpe seco en la puerta.

—Rob… —Lorens se pone de pie, tenso.

Rob se levanta, dejando el vaso a un lado. No sabe quién está afuera.

Pero yo sí.

Natan ha venido por nosotros.

Rob agarra su escopeta.

—Voy a ver quién es —murmura, avanzando hacia la puerta.

—No abras —gruño, poniéndome de pie de golpe.

Me mira con el ceño fruncido.

—¿Qué carajo te pasa?

Si abre la puerta, estamos muerto
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