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16. Mi mandíbula se tensó ante la idea.

Me puse de pie al instante, colocando a Rita detrás de mí mientras me dirigía hacia la entrada. El olor que me llegó por debajo de la madera confirmó mis sospechas: no era humano.

—¿Quién es? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta.

—¿Vas a dejarme afuera toda la noche, Luke?

La voz de Natan era burlona, como siempre, pero había un filo en sus palabras que no podía ignorar. No era una simple provocación; había algo más.

—No es el momento.

—Oh, pero yo creo que sí lo es.

Volteé hacia Rita, quien me miraba con los ojos muy abiertos.

—No hagas ruido. Quédate acá.

—Luke, ¿quién...?

—Rita, por favor. —Mis palabras fueron un susurro urgente. Ella dudó, pero finalmente asintió, retrocediendo hacia la esquina más alejada del cuarto.

Respiré hondo y abrí la puerta. Natan estaba ahí, apoyado contra el marco con una sonrisa ladeada. Su postura era relajada, pero sus ojos brillaban con un conocimiento que me puso en guardia.

—¿Qué querés? —gruñí.

—Una charla, nada más. —Miró por encima de mi homb
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