No dejamos de caminar hasta que estuvimos lo suficientemente lejos.El silencio se extendía entre nosotros, interrumpido solo por nuestra respiración agitada. Rita no decía nada, pero su mente parecía estar tan inquieta como la mía.Yo tampoco tenía palabras. ¿Cómo explicarle lo que ni yo terminaba de aceptar?Finalmente, me detuve en un viejo parque abandonado. La herrumbre devoraba los columpios, las ramas desnudas de los árboles arañaban el cielo, y el banco de madera parecía a punto de desmoronarse.—Aquí. —Señalé el banco y Rita, aunque agotada, se dejó caer sin protestar.Me apoyé contra un árbol, sintiendo la corteza áspera contra mi espalda. El dolor seguía ahí, latiendo en mis heridas, pero lo que realmente dolía estaba más profundo.—Tenés que decírmelo ahora, Luke. —Su voz cortó la quietud, firme a pesar del temblor en sus manos—. ¿Qué está pasando?Me froté el rostro con una mano. No podía seguir esquivándolo.—Pasa que vienen por mí. Lobos, como yo.Dudé un segundo antes
El aire de la noche todavía olía a peligro. A tierra, a sangre, a algo más profundo que se filtraba en mi piel y me recordaba que, aunque hubiéramos escapado, la cacería no había terminado. Natan sabía dónde estaba. Sabía que seguiría con vida. Y tarde o temprano, volvería a buscarme.Podría haber intentado correr, dejar todo atrás y perderme en la ciudad, pero no tenía sentido. No con las heridas aún cerrándose. No con Rita.—Quiero que volvamos a casa —dijo ella, como si hubiera leído mis pensamientos.De alguna manera tenía más sentido de lo que ella creía.Regresar al cuarto de Rita no solo era lo más lógico, sino lo más seguro por ahora. Si nos quedábamos en otro lugar, dejaríamos nuestro rastro por toda la ciudad. Mi olor, el de ella. Mi manada, Natan, no tardaría en encontrarnos. En cambio, su cuarto ya estaba comprometido. Él sabía dónde estaba, pero no tenía motivos para sospechar que yo seguiría ahí. Esconderse a plena vista podía ser nuestra mejor opción.La caminata de re
El amanecer llegó demasiado rápido, y con él, una realidad que no podía ignorar. La calma de la noche se desvaneció como la niebla, dejando solo el eco de mis propios pensamientos, que se repetían una y otra vez. No podía quedarme. No debía. Pero la idea de irme dejaba un vacío insoportable en mi pecho.Rita se movió entre sueños, su rostro iluminado por la luz tenue que se filtraba por las cortinas. Observé su expresión tranquila, como si no acabara de enfrentarse a un mundo que no debería existir. Había algo en ella que me atrapaba, algo más profundo que su aparente fragilidad.Cuando abrió los ojos, me encontró mirándola.—¿No dormiste? —preguntó, su voz aún cargada de sueño.—No puedo permitírmelo. —Le ofrecí una pequeña sonrisa—. Alguien tiene que vigilar.—¿Siempre sos así de... protector?—Solo cuando vale la pena.Ella desvió la mirada, como si mis palabras fueran demasiado pesadas para enfrentarlas directamente.—¿Qué va a pasar ahora? —preguntó después de un momento, incorpo
La habitación quedó en silencio después de las palabras de Deter, como si el aire mismo estuviera conteniendo la respiración. Rita, a mi espalda, se mantuvo firme, pero podía sentir su mano temblando ligeramente contra mi camisa.Deter me observaba con los ojos entrecerrados, como si evaluara cuánto quedaba del viejo Luke, el que siempre tomaba la decisión correcta por la manada. Yo no era ese hombre ahora. Quizás nunca lo había sido.—Voy a necesitar tu ayuda. —Mis palabras cortaron el silencio, directas, sin rodeos.Deter dejó escapar un suspiro, como si ya esperara esa respuesta.—Lo sabía. —Sacudió la cabeza con un gesto resignado—. Siempre te metés en los problemas más grandes, jefe.—No más grande que este. Natan no va a parar hasta verme muerto. Si me quedo quieto, me encuentra; si me muevo, igual me sigue.—Entonces hacés algo que no se espere. —Deter se apoyó contra la pared, cruzando los brazos.Lo miré, esperando que continuara. Había una chispa en sus ojos, una idea peligr
La puerta se cerró tras Deter, dejando a Rita y a mí sumidos en un silencio pesado. Podía escuchar su respiración, rápida y superficial, como si estuviera luchando contra algo dentro de ella. Quería decir algo, pero las palabras parecían inútiles. En su lugar, me dejé caer en la silla más cercana, sintiendo el peso del día aplastándome.—¿Entonces qué? —Su voz cortó el aire como un cuchillo.Levanté la cabeza para encontrarme con sus ojos. Había algo en ellos que no había notado antes: una chispa de desafío.—¿Qué de qué? —respondí, apoyando los codos en mis rodillas.—¿Qué pasa ahora? Decís que te quedás, pero eso no resuelve nada. Natan sigue allá afuera, y vos... —se detuvo, como si no supiera cómo terminar la frase—. Vos ni siquiera estás completamente recuperado.—Estoy mejor de lo que parece. —Intenté sonreír, pero el gesto no pareció convencerla.—No es suficiente. —Rita se cruzó de brazos, su tono firme y decidido. Esa timidez inicial parecía haberse desvanecido en el aire.Me
Cuando Rita cerró la puerta, el eco del golpe resonó como un disparo en mis oídos. Me quedé allí, de pie en el centro de la habitación, con el sabor de sus labios todavía en los míos y la necesidad ardiendo en cada músculo de mi cuerpo.Tomé una respiración profunda, intentando calmar el fuego que ella había encendido. No era solo deseo lo que sentía; era algo más, algo que no había sentido en años. Una conexión. Pero esa conexión venía con un precio: perder el control.Y para un alfa, el control lo es todo.—¿Qué estás haciendo, Luke? —murmuré para mí mismo, pasándome una mano por el cabello desordenado.Mi instinto me gritaba que la persiguiera, que forzara el enfrentamiento que ambos estábamos evitando. Pero sabía que no podía. Rita no era como las demás. Ella no cedería ante la presión, y eso solo hacía que la deseara más.Me dejé caer en la cama, mirando el techo desvencijado. Mi mente volvió a la manada, a Natan, a la traición que me había dejado tirado en un callejón como un pe
Cuando Rita cerró la puerta, el eco del golpe resonó como un disparo en mis oídos. Me quedé allí, de pie en el centro de la habitación, con el sabor de sus labios todavía en los míos y la necesidad ardiendo en cada músculo de mi cuerpo.Tomé una respiración profunda, intentando calmar el fuego que ella había encendido. No era solo deseo lo que sentía; era algo más, algo que no había sentido en años. Una conexión. Pero esa conexión venía con un precio: perder el control.Y para un alfa, el control lo es todo.—¿Qué estás haciendo, Luke? —murmuré para mí mismo, pasándome una mano por el cabello desordenado.Mi instinto me gritaba que la persiguiera, que forzara el enfrentamiento que ambos estábamos evitando. Pero sabía que no podía. Rita no era como las demás. Ella no cedería ante la presión, y eso solo hacía que la deseara más.Me dejé caer en la cama, mirando el techo desvencijado. Mi mente volvió a la manada, a Natan, a la traición que me había dejado tirado en un callejón como un pe
El silencio en la habitación era espeso, cargado de tensión. Rita me miraba como si intentara leerme, pero yo no tenía nada que ofrecer, solo la quietud de un hombre dividido entre dos mundos. Ella no comprendía completamente lo que estaba en juego, ni lo que estaba dispuesto a arriesgar. Pero lo que más me sorprendía era lo que sentía por ella, algo que jamás había anticipado: algo puro, que desbordaba mis instintos animales y mi orgullo de alfa.Me acerqué a la ventana, la mano apoyada sobre el cristal frío. Desde allí, podía ver las luces tenues de la ciudad, ajenas a lo que estaba por desatarse. La amenaza de Natan seguía pesando sobre mí, pero era Rita la que ocupaba mis pensamientos. Si tomaba el camino hacia la manada, sería un golpe directo a lo que había comenzado a construir con ella. Si me quedaba, enfrentaría una guerra con consecuencias que no podía predecir.Un fuerte golpe en la puerta me sacó de mis pensamientos. Deter.—Luke, tenemos un problema. —Su voz era grave, ll