El pequeño hotel donde trabajaba era humilde pero acogedor. Mientras ella limpiaba las habitaciones, me quedé en la recepción, observando todo con atención. Los olores del lugar eran variados, pero ninguno indicaba peligro inmediato.Sin embargo, cuando un hombre alto y de ojos oscuros entró al vestíbulo, mis instintos se encendieron de inmediato.—¿Buscás algo? —le pregunté, interponiéndome en su camino antes de que pudiera avanzar demasiado.El hombre me miró con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.—Solo una habitación.—Está lleno.—¿Ah, sí? —replicó, frunciendo el ceño—. Qué curioso, porque afuera dice que tienen lugar.—El cartel está roto.El hombre me sostuvo la mirada por un largo momento, evaluándome. Finalmente, asintió lentamente y dio un paso atrás.—Entendido.Cuando salió, sentí el peso de su presencia desaparecer, pero mi inquietud no disminuyó. Algo en su forma de moverse, en el modo en que me miró, me dejó claro que no era un humano cualquiera.Cuando Rita regresó,
Me puse de pie al instante, colocando a Rita detrás de mí mientras me dirigía hacia la entrada. El olor que me llegó por debajo de la madera confirmó mis sospechas: no era humano.—¿Quién es? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta.—¿Vas a dejarme afuera toda la noche, Luke?La voz de Natan era burlona, como siempre, pero había un filo en sus palabras que no podía ignorar. No era una simple provocación; había algo más.—No es el momento.—Oh, pero yo creo que sí lo es.Volteé hacia Rita, quien me miraba con los ojos muy abiertos.—No hagas ruido. Quédate acá.—Luke, ¿quién...?—Rita, por favor. —Mis palabras fueron un susurro urgente. Ella dudó, pero finalmente asintió, retrocediendo hacia la esquina más alejada del cuarto.Respiré hondo y abrí la puerta. Natan estaba ahí, apoyado contra el marco con una sonrisa ladeada. Su postura era relajada, pero sus ojos brillaban con un conocimiento que me puso en guardia.—¿Qué querés? —gruñí.—Una charla, nada más. —Miró por encima de mi homb
Esa noche no pude dormir. El peso de la visita de Natan se quedó conmigo, como una sombra persistente. Su amenaza no era un simple alarde; era una promesa. Y yo sabía que no se detendría hasta que lograra lo que quería: mi cabeza o mi rendición.Rita dormía en la pequeña cama al otro lado del cuarto, su respiración tranquila un contraste absoluto con mi caos interno. La observé por un momento, asegurándome de que estuviera bien. Había algo hipnótico en la forma en que se movía ligeramente en sueños, como si incluso en su subconsciente peleara contra algo.Era irónico. Ella, tan pequeña y aparentemente frágil, tenía una fuerza que yo apenas comenzaba a comprender.Caminé hasta la ventana, mirando las sombras que danzaban bajo la luz de las farolas. No podía quedarme mucho tiempo aquí. Natan no solo me quería muerto; lo haría a su manera, y no dudaría en usar a Rita para lograrlo.Mi mandíbula se tensó ante la idea.Por la mañana, el primer rayo de sol que atravesó la cortina fue sufici
El aire nocturno mordía con una ferocidad que apenas sentía. Estaba demasiado enfocado en cada sonido, cada sombra que se movía a nuestro alrededor. Rita caminaba detrás de mí, sus pasos pequeños pero decididos. Pude oír su respiración, un poco más rápida de lo normal, pero no dijo nada. Cruzamos callejones oscuros y desiertos, esquivando las luces como si fueran trampas. Mi instinto me llevaba, mi cuerpo sabía qué hacer antes de que mi mente pudiera procesarlo. Era un cazador, pero esa noche, me sentía como la presa. —¿A dónde vamos? —preguntó Rita en voz baja. Me detuve un segundo, girando apenas para mirarla. Sus ojos estaban cargados de incertidumbre, pero también de confianza. —A un lugar seguro. —¿Qué lugar seguro hay en este barrio? No le respondí. Porque, sinceramente, no estaba seguro de la respuesta. Habíamos avanzado un par de cuadras más cuando mi nariz captó el olor. Un aroma distintivo, animal, como una advertencia en el aire. Me detuve de golpe, levantando la mano
No dejamos de caminar hasta que estuvimos lo suficientemente lejos.El silencio se extendía entre nosotros, interrumpido solo por nuestra respiración agitada. Rita no decía nada, pero su mente parecía estar tan inquieta como la mía.Yo tampoco tenía palabras. ¿Cómo explicarle lo que ni yo terminaba de aceptar?Finalmente, me detuve en un viejo parque abandonado. La herrumbre devoraba los columpios, las ramas desnudas de los árboles arañaban el cielo, y el banco de madera parecía a punto de desmoronarse.—Aquí. —Señalé el banco y Rita, aunque agotada, se dejó caer sin protestar.Me apoyé contra un árbol, sintiendo la corteza áspera contra mi espalda. El dolor seguía ahí, latiendo en mis heridas, pero lo que realmente dolía estaba más profundo.—Tenés que decírmelo ahora, Luke. —Su voz cortó la quietud, firme a pesar del temblor en sus manos—. ¿Qué está pasando?Me froté el rostro con una mano. No podía seguir esquivándolo.—Pasa que vienen por mí. Lobos, como yo.Dudé un segundo antes
El aire de la noche todavía olía a peligro. A tierra, a sangre, a algo más profundo que se filtraba en mi piel y me recordaba que, aunque hubiéramos escapado, la cacería no había terminado. Natan sabía dónde estaba. Sabía que seguiría con vida. Y tarde o temprano, volvería a buscarme.Podría haber intentado correr, dejar todo atrás y perderme en la ciudad, pero no tenía sentido. No con las heridas aún cerrándose. No con Rita.—Quiero que volvamos a casa —dijo ella, como si hubiera leído mis pensamientos.De alguna manera tenía más sentido de lo que ella creía.Regresar al cuarto de Rita no solo era lo más lógico, sino lo más seguro por ahora. Si nos quedábamos en otro lugar, dejaríamos nuestro rastro por toda la ciudad. Mi olor, el de ella. Mi manada, Natan, no tardaría en encontrarnos. En cambio, su cuarto ya estaba comprometido. Él sabía dónde estaba, pero no tenía motivos para sospechar que yo seguiría ahí. Esconderse a plena vista podía ser nuestra mejor opción.La caminata de re
El amanecer llegó demasiado rápido, y con él, una realidad que no podía ignorar. La calma de la noche se desvaneció como la niebla, dejando solo el eco de mis propios pensamientos, que se repetían una y otra vez. No podía quedarme. No debía. Pero la idea de irme dejaba un vacío insoportable en mi pecho.Rita se movió entre sueños, su rostro iluminado por la luz tenue que se filtraba por las cortinas. Observé su expresión tranquila, como si no acabara de enfrentarse a un mundo que no debería existir. Había algo en ella que me atrapaba, algo más profundo que su aparente fragilidad.Cuando abrió los ojos, me encontró mirándola.—¿No dormiste? —preguntó, su voz aún cargada de sueño.—No puedo permitírmelo. —Le ofrecí una pequeña sonrisa—. Alguien tiene que vigilar.—¿Siempre sos así de... protector?—Solo cuando vale la pena.Ella desvió la mirada, como si mis palabras fueran demasiado pesadas para enfrentarlas directamente.—¿Qué va a pasar ahora? —preguntó después de un momento, incorpo
La habitación quedó en silencio después de las palabras de Deter, como si el aire mismo estuviera conteniendo la respiración. Rita, a mi espalda, se mantuvo firme, pero podía sentir su mano temblando ligeramente contra mi camisa.Deter me observaba con los ojos entrecerrados, como si evaluara cuánto quedaba del viejo Luke, el que siempre tomaba la decisión correcta por la manada. Yo no era ese hombre ahora. Quizás nunca lo había sido.—Voy a necesitar tu ayuda. —Mis palabras cortaron el silencio, directas, sin rodeos.Deter dejó escapar un suspiro, como si ya esperara esa respuesta.—Lo sabía. —Sacudió la cabeza con un gesto resignado—. Siempre te metés en los problemas más grandes, jefe.—No más grande que este. Natan no va a parar hasta verme muerto. Si me quedo quieto, me encuentra; si me muevo, igual me sigue.—Entonces hacés algo que no se espere. —Deter se apoyó contra la pared, cruzando los brazos.Lo miré, esperando que continuara. Había una chispa en sus ojos, una idea peligr