Blake Townsend es un hombre poderoso y rico, pero despreciado por la alta sociedad por ser hijo ilegitimo y por su mala reputación por sus relaciones con el bajo mundo. Lo apodan "el Diablo" por ser despiadado no solo en los negocios sino también con sus enemigos. Madelaine Aston Green es una socialite mimada y soberbia, descendiente de una de las familias más importantes de la aristocracia del país. Famosa por ser la chica más hermosa y deseada de la alta sociedad neoyorquina, él se obsesiona con la joven. Pero, es constantemente despreciado y rechazado no sólo por su linaje sino también por su fama. El jura vengarse de cada desplante que ha recibido y la oportunidad le llega cuando la familia Aston cae en desgracia en medio de la gran depresión de 1929 y él se presenta como su salvador pero a cambio quiere una sola cosa: a Madelaine como esposa. Desde allí la lucha entre ellos será constante pues ninguno de los dos ha nacido para ser sometido o humillado. Una historia en donde la pasión, orgullo, venganza , poder y amor estarán en juego constantemente.
Leer másBlake despertó con un dolor punzante en la cabeza y un latido irregular en su costado derecho. El sabor metálico de la sangre inundaba su boca y apenas podía respirar sin que un dolor lacerante le atravesara el pecho. La camisa empapada y pegajosa le indicaba lo evidente: la bala lo había alcanzado. No estaba muerto, pero cada latido lo acercaba peligrosamente a la inconsciencia.El lugar donde lo tenían era un sitio oscuro y húmedo, probablemente un sótano o un almacén abandonado. El aire olía a moho, a tierra y a óxido, y la única fuente de luz provenía de una bombilla titilante colgada del techo. El concreto frío contra su espalda le provocaba escalofríos, y aunque intentó moverse, pero sus muñecas estaban atadas con una gruesa cuerda de yute, tan apretada que la piel se le enrojecía y sentía los dedos entumecidos. Cada intento de moverse solo lograba que los nudos se hundieran más en su carne.A pocos metros de él, Ava lo observaba con una expresión indescifrable. Su vestido de co
El viaje hasta la residencia de Don Vitale transcurrió en un silencio tenso. Maddie, sentada en el automóvil junto a Gianna, se retorcía las manos con nerviosismo. Cada minuto que pasaba era una daga en su pecho. Blake estaba en algún lugar, herido, tal vez muriendo, y ella no podía soportar la incertidumbre.— Respira, bambina —susurró Gianna, posando una mano sobre la de Maddie. Ella estaba destrozada, pero tenía que ser fuerte por Maddie y también por su hijo—. Hagas lo que hagas, no le muestres miedo. Carlo tiende a no respetar a esa clase de gente y tampoco respeta a las mujeres; pero recuerda: tú no eres cualquier mujer. A sus ojos, tu eres una Vitale. No dejes de recordárselo.Maddie asintió, aunque la ansiedad seguía oprimiéndole el pecho. Sabía lo que significaba recurrir a Don Vitale. Pedir su ayuda era hacer un pacto con un hombre que nunca concedía favores sin esperar algo a cambio. Pero en ese momento, era el único con la suficiente influencia y poder para encontrar a Bla
Un par de horas después, la bruma del dolor comenzó a disiparse lentamente. Un murmullo de voces a su alrededor la fue trayendo de regreso a la conciencia. Sus párpados se sentían pesados, como si una fuerza invisible los mantuviera cerrados, pero con esfuerzo logró abrirlos.La luz tenue de la habitación le hizo parpadear varias veces hasta que su vista se aclaró. Reconoció el techo alto y las paredes pálidas del hospital, el inconfundible olor a desinfectante llenando sus pulmones.— ¡Maddie! —exclamó una voz masculina, cargada de alivio y preocupación.Giró levemente la cabeza y vio a su hermano Paul inclinado hacia ella, con los ojos brillantes de angustia. A su lado, Alice le sostenía el brazo con dulzura, su rostro delicado reflejando la misma preocupación.— Gracias a Dios... —murmuró Alice, acariciando suavemente la mano de Maddie.Del otro lado de la cama, Patrick, su viejo amigo y confidente, la observaba con una mezcla de seriedad y ternura. Llevaba la chaqueta ligeramente
Maddie, atónita y temblorosa, apenas lograba entender lo que sucedía a su alrededor. El peligro se cernía sobre ella, y su mente luchaba por reaccionar. En ese instante, Blake vio lo que sucedía y, con un esfuerzo increíble, usó toda su fuerza para liberarse de los hombres que lo sujetaban.Antes de que Ava pudiera apretar el gatillo, Blake saltó hacia adelante, posicionándose entre ella y Maddie, justo en el momento en que el disparo resonó en la calle desierta. Un dolor agudo atravesó su torso, y su cuerpo cedió ante el impacto.— ¡Blake! —gritó Maddie, completamente desesperada, mientras el sonido de los pasos de los secuaces de Ava se desvanecía en la distancia.Blake cayó de rodillas, pero mantuvo la compostura. Su mirada, llena de dolor, se clavó en Maddie, tratando de hacerle entender que todo estaba bien, que ella no debía temer.Ava, sorprendida por la valiente intervención de Blake, retrocedió, aunque no perdió su expresión malévola. Los hombres que la acompañaban empezaron
Un par de semanas después...Esa noche, Nueva York brillaba con una energía especial. Las luces de Broadway, como estrellas atrapadas en el asfalto, iluminaban el horizonte con su brillo inconfundible. Maddie y Blake caminaban por la acera, rodeados del bullicio característico de la ciudad, mientras una leve brisa nocturna acariciaba sus rostros. Aunque los días recientes habían estado llenos de desafíos, esa noche era diferente. Esa noche, estaban juntos, listos para dejarse llevar por el glamour y la magia de Broadway.—¿Estás lista para sumergirte en el espectáculo? —preguntó Blake, con su voz llena de emoción —. Sé que estos espectáculos siempre te alegran mucho.Maddie sonrió, mirando las enormes marquesinas que adornaban los teatros, prometiendo una noche de escapismo. Aunque las sombras del pasado aún acechaban su vida, ese momento les brindaba una pausa.— Tú bien sabes que sí. Amo el teatro y la música, sólo que... extraño un poco a mis padres y a mi tío. —respondió Maddie, u
Después de aquella cena, todo pareció misteriosamente, mejorar sin obstáculo alguno en la vida de Blake y Maddie.Al contrario de lo que pensaban, Don Vitale no había hecho nada en contra de Blake cuando este decidió de manera determinante que su madre no regresara con él.A pesar de los ruegos de Gianna, Blake no cedió a sus peticiones.— No insistas más madre. No regresarás con mi tío Carlo, eso ya está decidido. De ahora en más vivirás con Maddie y conmigo —le dijo con firmeza Blake—. Tú lugar está a mi lado y no habrá más punto de discusión sobre eso. Si mi tío quiere decirme algo, pues aquí lo espero.La decisión de Blake, aunque firme y llena de determinación, había causado un revuelo en el corazón de Gianna. Aunque su hijo había sido claro en sus palabras, ella sentía el peso de la historia, de los lazos rotos con Carlo, y su alma se debatía entre el deseo de ver a su hijo feliz y la culpabilidad de una vida pasada que no podía cambiar. Sin embargo, el amor de Blake, tan eviden
La mansión de los Aston resplandecía con una calidez sutil, la luz tenue de las lámparas de cristal y las velas dando una atmósfera acogedora a la ocasión. El salón estaba adornado con delicados arreglos florales, que contrastaban suavemente con las paredes de tonos neutros. La chimenea chisporroteaba en un rincón, añadiendo un toque de elegancia y serenidad al ambiente.Maddie se encontraba junto a su madre, que había supervisado todos los detalles de la recepción. Aunque la ocasión era sencilla, el aire de sofisticación no podía faltar. Una mesa larga y pulida estaba dispuesta con finos vinos y una selección de pequeños bocados, mientras que los pocos invitados comenzaban a llegar, vestidos con elegancia discreta, en tono con la delicadeza de la velada.No eran muchos los asistentes a la cena: El conde, Paul, Alice y los padres de esta y Patrick. La idea era que Gianna se sintiera segura en aquel entorno, y entendiera lo importante que era para todos ellos que no se sintiera menosca
— Señor Stanton —le avisó su secretaria, dejándole unos documentos sobre el escritorio al abogado—. Aquí le dejo los papeles que me pidió del caso Russell. Ah, afuera hay un hombre esperando hablar con usted.Patrick dejó de leer y la miró con extrañeza.— ¿A esta hora? —miró su reloj—. Es tarde, dile si puede venir mañana. No tengo ganas de recibir a nadie, dale una cita, por favor.La mujer se encogió de hombros.— Es que ya se lo he dicho, pero insiste en verlo. Me dice que debe entregarle algo en mano y no se irá de aquí sin hacerlo.Patrick suspiró hondo, con resignación.— ¿Te ha dicho su nombre al menos?Ella frunció el ceño.— Oh, espere que le pregunto—se asomó a la puerta—¿Cómo me ha dicho que se llama, señor?Del otro lado, se escuchó una grave y atronadora voz.— John White.Apenas oyó la voz del otro hombre a Patrick se le heló la sangre. Desde que se había despedido de Grace aquel día en el muelle cuando ella partió a Londres, no había tenido la oportunidad de hablar con
Dos días después...El conde de Lancaster, George y Edith escuchaban atentamente mientras Maddie y Blake relataban los recientes acontecimientos. La madre de Maddie se removía en su asiento, luchando contra el impulso de interrumpir con preguntas, pero su tío la miraba de reojo, dejándole en claro que debía esperar.Cuando Blake terminó de hablar, el silencio en la sala se volvió espeso. Fue el conde quien, finalmente, lo rompió con una leve sonrisa.—De modo que tu madre está viva —dijo, inclinando la cabeza con aprobación—. Pues me alegro mucho por ti, muchacho. Eso es, sin duda, una gran noticia.Blake asintió con discreción. No esperaba una reacción cálida por parte del conde, pero al menos su tono no llevaba juicio. Sin embargo, Edith no tardó en expresar su preocupación.—Bueno, no niego que esto sea una buena noticia para Blake... pero, tío, ¿te has puesto a pensar en lo que dirán nuestros amigos cuando esto se sepa? —preguntó, alarmada—. ¿Qué pensarán de nosotros?La mandíbula