La exagente Jaya Takur se ha casado y no precisamente por amor. Un terrible suceso en su niñez la arrastra hacia una peligrosa venganza. Adam Coney es un abogado ejemplar y también su expareja. Ella, queriendo vengarse, abandona su trabajo y también a él, sin medir todas las consecuencias de sus actos. Ahora que las secuelas de sus decisiones la han atrapado, ella acude nuevamente a Adam con una petición inusual , intentando esconder el fuerte sentimiento que aún siente por él. ¿Cuál será esa misteriosa petición? ¿Adam aceptará ayudarla después de que ella lo ha abandonado sin explicación alguna? ¿De qué trata esa venganza, qué ha escondido la hermosa Jaya durante años?
Ler maisEl sujeto que le habló lo miró sin expresión alguna, y sin decir nada durante un par de segundos.Se acercó a la ventana que va detrás del copiloto y tocó. Adam vio cómo alguien, bien fuese Jaya o Karim, tuvo que haber bajado el vidrio de la ventana porque pudo notar que el sujeto que tocó estaba compartiendo una corta conversa en un tono bajo, palabras que él no pudo entender.El hombre se apartó y la puerta se abrió, saliendo un tambaleoso Karim del vehículo.—¿Qué es lo que pasa, abogado? —Ambos hombres se encontraron en pleno camino. Los demás se pusieron alerta cuando vieron a Adam caminar hacia ellos.Karim les hizo señas de que se quedaran tranquilos mientras estiraba los brazos hacia Adam.—Solo queríamos un poco de privacidad, y con estos dos trogloditas es imposible.Adam alzó las cejas, no le creía nada, aunque tampoco quiso pensar demasiado en lo que podrían estar haciendo dentro del carro.Sin embargo, Jaya no descendió y eso lo puso algo nervioso. Ella permaneció dentr
Coney encendió su coche y arrancó. Sin darse cuenta, ya los perseguía. Liliana siguió observando el comportamiento de Adam. Su memoria regresando al jardín, a ellos dos juntos retratando los problemas del pasado y la relación de un poderoso secreto. —No es por aquí —anunció ella cuando vio que Adam siguió derecho, no por donde debió haber cruzado. El abogado no prestó atención. Serio, nunca se detuvo, siguió detrás de los dos vehículos que salieron de casa de Klaus como en piloto automático, aunque el vehículo dos se adelantó al primero y ya no podía verlo.Dejaba que se alejaran bastante. Y a pesar de que los perdía de vista, de pronto volvía a encontrarles.Él ya no sentía a nadie a su alrededor, metido en su propio mundo de urgencia, de querer ver, curiosear, enterarse (y al mismo tiempo no) de dónde vivían Jaya y su marido, de querer sentirse bien y al mismo tiempo descargar toda la fea adrenalina que amenazaba con matarlo, desear que ese vacío en su estómago desapareciera, o
Adam no sabía qué pensar, qué hacer, solamente quería irse de la casa de su cliente, ya no deseaba estar cerca de Jaya Takur. Pero sus pensamientos estaban todos dirigidos a ella, a ese encuentro, a sus palabras y a todo lo que ella no le estaba contando. Por un lado necesitaba explicaciones, pero por otro deseaba mandarla lejos, superarla de una buena vez, dejarla tranquila con su esposo, su hotel y todo ese extraño lujo que empezó a adorar de buenas a primeras, demostrándole que, o bien las personas cambian a lo largo de los años, o que nunca realmente se sabe cómo es alguien a quien amas.Porque si, aún la amaba, y más de lo que él mismo pudiese. —¿Otra vez perdida? —ironizó Karim al ver a su mujer llegar. Después de ella, llegaba la sobrina del anfitrión, todos reunidos de nuevo en el despacho de la casa, pero Adam no llegaba. Jaya no respondió de inmediato, Karim se estaba convirtiendo en un fastidio para ella con esa forma de reclamar cada movimiento que hacía. En ese moment
Como estar dentro de una caja, o tal vez en el vagón de un tren a toda marcha, así podía sentirse Adam luego de salir del despacho de su cliente, y no lo soportaba, odiaba sentirse amarrado de pies y manos, atado a un pasado que luchaba por olvidar y que ahora parecía arrojarle arena caliente en los ojos. Salió al jardín. Ciertamente él no sabía dónde exactamente se encontraba, solo caminó sin rumbo por los lujosos y desolados pasillos de esa casa hasta encontrar aire libre para poder respirar. Al verse afuera, rodeado de césped, arbustos bien cortados, caída la noche, espacio iluminado por los cocuyos de la decoración, se aflojó la corbata, alzó la cara y respiró, tomó todo el aire posible. Colocó las manos en jarras, haciendo algo que pudiese sostenerlo de sí mismo. No se sentía bien y todo había empeorado después de ver el documento y aún peor, la extraña y (para él) despreciable interacción entre Karim y su mujer.Escuchó ruido, alzó su rostro y casi de reojo pudo ver a una Jay
—¿No te has sentido mal otra vez? ¿Mmm? —Karim la miró a los ojos, ella negaba. Adam los miraba absolutamente quieto, sintiendo una fuerza inusual, un sentimiento prieto recorrerle entero. —Vinimos aquí por ti —dejó Karim en el oído de su esposa a modo de susurro. Tomó su mentón con un par de dedos para que ella le mirase—. ¿Te vas a poner otra vez rebelde, aquí, delante de esta gente? No creo que te atrevas y menos hoy. No te conviene, ¿verdad, Jaya?Los presentes escuchaban murmullos, pero ninguno logró entender con precisión. Liliana arqueaba sus cejas, miraba hacia otro lugar sintiendo vergüenza ajena por estar presenciando lo que parecía ser una discusión matrimonial. Germán suspiró un par de veces, era muy amigo de Karim, lo conocía desde que aquel era un niño, y sabía que el matrimonio atravesaba por inconvenientes, entendió siempre que Karim, queriendo contentar a su mujer, decidió darle el hotel a ella. Adam, por el contrario, su propio estupor lo ató a esa escena. Su estóm
—Es verdad. —Liliana seguía riendo—. Sé que es algo íntimo, pero bueno, somos adultas, nadie nos escucha y me atrevo a decir que de aquí no saldrá nada de lo que digamos. Jaya permanecía en silencio, no sonreía, pero tampoco expresaba absoluta seriedad. —Ser novia de Adam Coney es una locura. En muchos sentidos. —Las cejas de Jaya se arquearon por lo que Liliana decía—. Es muy reservado, no conozco su pasado amoroso, pero debió tener a las damas como abejas, porque lo que él sabe hacerle a una mujer debió aprenderlo con muchas vivencias. Jaya se giró hacia el espejo. Sin que Liliana se diera cuenta, ya que aún se maquillaba, Jaya cerró y abrió sus ojos con lentitud, deseaba callarla.—Por eso no calculo cuánto tiempo tenemos, pero admito que para mí fue una sorpresa que anunciara que somos novios esta noche.—Fue tu tío quien lo hizo. Liliana sonrió y asintió, encogiéndose de hombros. —Bueno, sí. Ese bocazas. Ya querrá que nos casemos…—Debo hacer pis. No tenía ganas, ahora sí —i
Adam detuvo la caminata hacia el bar de la casa, también oyó el timbre, así como las palabras de Germán. Miró hacia ningún punto en específico y liberó un corto suspiro, la tensión amenazaba con volverlo loco. —¡Bienvenidos! —saludó el anfitrión. Su voz un poco lejana de la sala, ya que se encontraba en la entrada para personalmente recibir a sus invitados—. Por favor, adelante. Me alegra mucho verla, señora Bakir. —Adam cerró sus ojos, aún sin moverse, ni girarse—. Espero que ya se encuentre bien.Jaya respondió lo propio, con la sonrisa más fingida y ensayada que nunca. Agradeció por la preocupación y los buenos deseos del señor Klaus, evitando que algo roto fuera evidente ante los demás, porque ya había notado la presencia de Adam en el lugar. El abogado se giró con un semblante sereno y prepotente, serio y educado, y se acercó a los recién llegados, estirando su mano hacia el hombre vestido de traje blanco, Karim. —Señor Bakir —mano extendida, mirada fija al rostro—, un gusto
—Vaya, ya veo que estás lista. Karim caminó hasta su esposa, quien miraba su atuendo en un espejo de cuerpo entero, dentro de la habitación que ambos compartían.Se acercó a ella lo suficiente como para tocarla y dejar un beso en el hombro derecho de ella, piel desnuda gracias al modelo de vestido que ella se había puesto.Luego, él y ella se encontraron a través del reflejo. —Te ves hermosa —aseguró él. Y volvió a besarla, esta vez tocando la espalda.Jaya cerró los ojos. No se sentía bien, culpaba a sus nervios. Ya era abril, no sabía nada de Adam, si alguien lo había amenazado y agredido. Investigó apenas, buscando alguna noticia que le dijera algo positivo, sin éxito. Los nervios también se debían al lugar a dónde iban y lo que harían. La desesperación por querer cambiarlo todo, darle la vuelta al mundo para transformar las cosas y a la gente a su alrededor, le hacía sentir como si alguien tomara su cuello y apretara. Jaya estaba muy segura que si no lograba encarrilar las cos
El ascensor se abrió en la sala y de él salió una Jaya decidida, pisando fuerte, a enfrentar a su marido por la osadía de mandar a vigilarla. Se detuvo en seco al ver a uno de los homnres del vehículo negro, específicamente al que se quedó en ese auto para traerlo, mientras ella era escoltada por el otro, con quien habló y quien manejó su coche hasta allí. Karim se levantó de la silla. Iba de suéter grueso color gris claro, pantalones de hacer ejercicio y botas de trotar. Secaba su cabello con una toalla, Jaya sabía que se acababa de bañar. La miró, pero siguió escuchando lo que su empleado le decía. Ella dio unos pasos hacia adelante, pero se detuvo de nuevo, manteniendo distancia entre ambos mientras dejaba su bolso, chaqueta y guantes sobre una de las sillas. —Muy bien, ya puedes retirarte. Quien escuchó la orden obedeció de inmediato. Jaya vio cómo Karim dejó la toalla sobre otro de los sillones y se acercó a ella. Marido y mujer se miraron a la cara. Karim tenía ascendencia