CAPITULO 35

El niño se llenó de celos y sintió la necesidad de lanzar al suelo al hombre que se acomoda en una mejor posición en la cama.

—¡Qué! —exclamó el pequeño con mucha molestia. —¿De qué hablas? —renegó frunciendo el ceño, se siente confundido.

—Ay, perdón, estaba soñando y pensé que era tu mamá la que me estaba despertando. —respondió con apuro.

—¿Cómo?

—Digo… pensé que era con una novia que tengo que estaba hablando. Pero no se lo digas a tu madre. —Ay ya olvídate niño adorable y dime que quieres.

Igual que hace unas horas, el hombre volvió a sentirse acorralado por su hijo y esta vez ha sido por su mismo descuido.

El niño le mostró la cantidad de llamadas perdidas que tiene y justamente en ese momento entró otra llamada. Es su gente de la empresa que le informan sobre lo que ha acontecido.

—¿Ya está enterado usted, señor Morotova?

—No, hasta ahora que me lo dices. Ahora mismo veo los videos de seguridad y solicito alerta roja a las autoridades.

Brandon entró a su bandeja de correo electrónico para revisar el archivo que le enviaron de la misma empresa. Sus manos tiemblan por la noticia recibida. Su mente da vueltas intentando descubrir quién es la persona que se atrevió a secuestrar a su mujer, sin embargo, su búsqueda se vio interrumpida por una llamada de un número desconocido.

—¡Aló, buenas tardes!

—Escúchame bien lo que te voy a decir mi querido amigo Morotova. Tengo en mi poder a tu amada esposa, ¿Qué se sentirá al probar sus jugos vaginales? ¡Ah, eso debe saber delicioso!

—¿Quién eres? —preguntó alterado. A la vez que trata de procesar esa voz en su mente para ver si recuerda haberla escuchado en algún momento.

—Soy tu pesadilla a partir de ahora.

—Si es verdad que tú tienes a mi mujer, quiero escuchar su voz.

—Oh, por supuesto. Pero supongo que ella no te va a contar que juntos hemos planeado este escape, así es que yo te lo digo para que no creas que ella está conmigo por la fuerza. —Mintió, mientras con una navaja que hasta se nota el brillo del filo le amenaza con cortar la yugular a Valquiria para que no se pase de la raya al hablar.

—Que me la pases te digo infeliz. —Brandon está desesperado, él no cree lo que ese hombre le ha dicho.

—Lo siento mucho Brandon, te mentí cuando dije que te amaba. Desde siempre he preferido a este hombre y no a ti, él es… es el amor… de mi vida.

—No mi amor, por favor no me digas eso yo sé que tú me amas a mí, ambos nos amamos con intensidad, mi amor. —suplica. Su corazón se niega a creer lo que el amor de su vida articula

—Adiós Brandon, ya no quiero saber nada de ti, por favor… no me… busques porque no regresaré contigo. —A Valquiria le ha costado mucho trabajo decir todo eso, más bien leer todo lo que ese hombre le dio escrito en un pedazo de papel.

—¿Pero, y nuestros hijos Valquiria? ¿Acaso los piensas abandonar a ellos también?

—Cuídalos, te lo ruego… —Ella se alteró al escuchar hablar de sus hijos. Eso no debió haberlo mencionado Brandon, y es que se supone que ellos todavía son un secreto para el mundo y ahora a ese maldito que la ha secuestrado le brillan los ojos de alegría.

—¡O sea que ese desgraciado y tú ya tienen hijos! Jajaja, me muero de la risa. —Dime cuando quieres que vaya por tus mocosos y los traiga para que te acompañen aquí. —Dijo el hombre al arrebatarle el celular y colgar la llamada.

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