CAPITULO 33

Brandon no entiende que la chica lo está usando como payaso. Ella está dispuesta a sacar el máximo provecho al convertir su amabilidad en venganza.

—Olvídalo, mujer, ni estando loco lo aceptaría.

—Solo era una sugerencia, entonces lo haremos normal. Les diré que por su bien yo me inventé aquella historia.

—Por lo menos no les hablaste en mal de su padre, y eso te lo agradezco, ¿o me equivoco?

—No, Brandon, no había necesidad de recordarte a ti.

—Ouch, eso dolió mucho, querida.

—No más de lo que me han dolido estos años a mí.

—Yo sé que no se compara mi amor, nada tiene comparación con el sacrificio que has hecho por nuestros hijos, aun siendo madre soltera y sin el apoyo de nadie. —reconoció.

Cada vez que Brandon recuerda eso, se siente miserable y odia cada vez más a su hermano mayor, que, por cierto, aún no ha regresado de su viaje desde que Brandon le dijo que necesitaba hablar con él sobre aquel viaje en donde viajó con la que fue su esposa.

—Muchachos, les tengo buenas noticias. —Anunció Brandon al entrar de nuevo a la casa; lo que quiere evitar es que su hijo le vuelva a hacer la misma consulta que hace un rato.

—¿Qué clase de noticia, señor? A mí lo único que me interesa es que me regale un par de libros para leer y aprender mucho más de lo que ya sé. —Dijo Taylor, el niño genio.

—Ay, hermano, ¿de qué te quejas si tú no necesitas leer un libro en físico? Al parecer, tú naciste con un libro universal en la memoria. —Comentó entre sonrisas el otro su hermano.

Brandon agradeció que los niños entraran en discusión entre ellos mismos, poco a poco logró escabullirse hasta la habitación y puesto allí cerró la puerta con seguro. —Uf, de la que me he salvado. —Se dijo en su mente.

Pero su alegría le duró muy poco y su escape no sirvió de nada. —Señor Morotova, abra la puerta, por favor, queremos hablar con usted. —Gritan los pequeños al otro lado de la puerta, logrando que el millonario se ponga con los nervios de punta nuevamente. —¿Y si estos malandrines me vuelven a preguntar la razón por la que yo dije que su madre es mi esposa? ¿Qué les voy a decir? No les quiero mentir, pero tampoco quiero ser yo el que les diga la verdad. Creo que eso le toca a Valquiria. —piensa en su mente.

—¿Qué pasa, muchachos? ¿Quieren comer pizza, ahorita, que su madre no está? —les propuso al abrir la puerta y ellos se apresurasen a entrar.

—Sí, que sea una grandota y de cuatro estaciones, por favor.

—Perfecto, ahora mismo hacemos el pedido. —¿Qué les parece si jugamos un juego por mientras el repartidor nos la trae?

—Pero que no sea aburrido.

—Será muy divertido, a partir de este momento al que hable, le toca lavar los zapatos de todos los demás.

—¡Qué, eso es en serio!

—Sí, ¿no les parece bien?

—Hagámoslo ahora mismo. —Dijeron al mismo tiempo y los cuatro comenzaron a guardar silencio. —Brandon está contento de haber encontrado la forma de callarlos para que no le pregunten nada.

En la oficina

—Señora Estrada, ¿se siente bien? —preguntó su asistente personal, el mismo que Brandon tenía.

—Eh, sí, vamos a esa reunión ahora. —ellos tienen programado reunirse con el dueño de una empresa del rubro del metal que quiere expandir sus instalaciones.

—Si gusta, mejor la cancelamos y la programamos para otro día. La veo un poco mal a usted.

—Estoy bien, solo es un mal presentimiento. —dijo ella y continuó recogiendo sus cosas para irse.

Nuestros antepasados decían que si en algún momento presientes como si algo malo te va a pasar, debes detenerte porque es una señal de advertencia que el destino te está enviando para evitar una desgracia o tragedia. ¿Será este el caso de Valquiria? 

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