CAPITULO 31

El oficial suspiró resignado. ¿Cómo se va a oponer a semejante arma de grueso calibre que Brandon le ha puesto sobre la frente? Además, ha reconocido al magnate de los negocios y sabe que no se puede meter en su camino

—Está bien, señor, se la voy a entregar. Pero si hace algo indebido, por favor, no nos involucre a nosotros como autoridad. —pidió el oficial.

—Aaah, mire nomás, aquí está el diagnóstico médico en el que se confirma que, en efecto, hubo violación, ¿y así no tuvieron las agallas de refundirlo en la cárcel, dizque porque nadie se presentó a respaldar la acusación? Malditas autoridades de m****a que solo sirven para estar sobándose las bolas.

Brandon está furioso y así se lo ha hecho saber al oficial. Se marchó de la comisaría, no sin antes amenazarlo de muerte si cuenta que él fue quien lo vino a amedrentar para que le diera información que solo le pertenece a la autoridad competente. Él teme que este caso tenga repercusión en su carrera política.

En la empresa todo marcha en orden, las empleadas saludan con mucha educación a su nueva jefa. Anteriormente, Valquiria llamó a cada una de ellas a su oficina y les hizo prometer que nunca más volverán a insultar o tratar de hacer sentir de menos a otra persona, ya sea del sexo opuesto o de su mismo género.

—Yo no soy como ustedes, yo soy muy diferente porque tengo buenos modales y en la vida han sido tan injustos conmigo que no quisiera que otras mujeres vivan lo que a mí me tocó vivir. —Les aconsejó Valquiria a cada una de ellas, con excepción de la mujer que se le insinuó a su marido en la cafetería.

—Lamento haberle faltado el respeto, jefa, es usted muy considerada con nosotros. Sé que si fuera otro tipo de mujer intolerante, ya nos tuviera de patitas en la calle.

—Y tú, señorita, ¿qué pretendes con mi esposo? —preguntó cuando le tocó el turno a la coqueta.

—¿A… a qué se refiere? —preguntó tartamudeando.

—Sabes de lo que estoy hablando, así que no te hagas la estúpida ignorante. —¿Quieres a mi marido? —Pues ahí está, muéstrale tu trasero las veces que quieras y al final es él quien va a decidir con quién se queda. Yo no soy de las que se va a agarrar de las greñas por un hombre, no mamita, eso no va conmigo porque yo ya tengo el amor más puro y sincero que una mujer puede tener. “Mis hijos”.

Pero si te pido un favor, si un día llegas a lograr tu propósito, házmelo saber de inmediato, porque yo no voy a estar con un hombre doble moral que se acuesta conmigo y con otra. ¿Te queda claro?

—Sí, señora, me ha quedado claro. —Pero por mí ya no se preocupe, ya he renunciado a su esposo y nunca pienso volver a seducirlo. —Pero cuénteme, jefecita, ¿acaso esos hijos que menciona también son del señor Morotova? —Quiso saber con sumo interés, incluso arrastró una silla y se sentó en ella frente al escritorio de Valquiria.

—No lo puedo creer que encima de estúpida seas atrevida, ¿en qué cabeza te cabe que yo le voy a dar información sobre mi vida personal a una cualquiera que seguramente me odia? Sal de mi oficina y ponte a hacer tu trabajo.

—Miren nada más a esta igualada, queriendo sacar información sobre mis hijos. —Ja, ella cree que me he creído ese cuento de que ya no buscará a mi esposo. —comentó en voz baja.

Lo que yo le dije a ella es cierto, yo jamás me voy a rebajar a un nivel tan bajo solo por estar peleando a un hombre, si Brandon me paga mal con otra mujer, pues es él quien se hace el daño. Yo no, porque tengo a tres hombrecitos que me van a acompañar para toda la vida y yo siempre estaré para ellos, porque el amor de una madre por sus hijos es fuerte e incondicional y más cuando uno ha sido madre soltera y con esfuerzo los ha sacado adelante.

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