"Señorita Georgina Acosta, tiene cuatro semanas de embarazo." Mi mundo se vino abajo en un instante. Todos mis planes, mis sueños... destruidos con una sola frase. Me acosté con un desconocido sin saber que era mi jefe, y ahora estoy atrapada. ¿Qué pensará la gente de una mujer que, apenas rompió con su novio, terminó en la cama de otro hombre por culpa del alcohol y el dolor?
Leer másUna vez más en el trabajo. Aunque dormí en casa de mi jefe y me trajo al trabajo. Fue una guerra aceptar, pero no hay quien le haga cambiar de opinión o entrar en razón. Hace lo que quiere y cuando quiere... Pero me agrada. Me gusta pasar tiempo con él, el recuerdo de acuario me hace sonreír. Con él, en tan poco tiempo han sucedido cosas que jamás imaginé que podrían suceder. El es tan diferente a Ángel aunque sea raro de decirlo, y por más que quiero alejarlo de mí, no existe una manera y ahora que sabe que llevo a su hijo en mi vientre mucho menos. Durmió abrazado a mí, su mano me acariciaba el vientre emocionado, incluso le hablaba con dulzura. Me sentía extraña , no feliz, tampoco triste. Aún no he podido aceptar este embarazo, es difícil aceptarlo y no puedo abortar, pero me da miedo no sentir amor por él. No niego que los nervios y el temor por momentos me atacan, pero trato de controlarlo. —Georgina, prepara un informe detallado de todos los nombres que se le han colo
—¿A dónde me llevas?— me pregunta con curiosidad. —Te va a gustar, es una sorpresa para ti.— Llevo su mano a mi boca, dejo un beso en su piel y mis ojos van directo a su vientre. Lleva un vestido ceñido al cuerpo, su cabello cae libre y un abrigo apenas disimula lo bien que se ve. Los tacones me hacen sentir nervios, pero me guardo el comentario. El tiempo transcurrió lentamente; en mi pecho no cabe la felicidad. Por fin, ella sonríe. No veía esa sonrisa desde hace mucho, la misma que me regaló en el aeropuerto. Su cara se iluminó al señalar a los peces. El murmullo de las personas no me molestaba; estaba perdido en la belleza de su admiración por las cosas. Su reflejo en el cristal. Y cómo me abrazó cuando vio a un tiburón acercarse veloz a un buzo. Me hizo sentir su lugar seguro, quien la iba a proteger. Nos sentamos algunas veces; los malestares le causaban estragos. Pero aun así, disfrutamos tanto. Fuimos a un restaurante que había cerca, con una temática estilo barco.
—¡Basta! —suspiró jadeando, alejándome de Leo. Era como una bestia salvaje que no me daba chance a defenderme. Me trataba como a un cervatillo que, tras resistirse, termina rindiéndose antes de ser devorado. —Deje de hacer eso —murmuré, tratando de acomodar mi ropa con las manos temblorosas. Él cruza las piernas y pasa el pulgar por sus labios con delicadeza. Una sonrisa maliciosa aparece en su rostro. ¿Cómo podía ser tan descarado y, al mismo tiempo, parecer tan, tan genuino? —Me gustas, Georgina. No sé por qué te niegas si, al igual que yo, te gusta besarme— Su voz es tan jodidamente seductora. El brillo en sus ojos cuando me mira es intenso, como fuego que amenazaba con consumirlo todo. No sabía cómo defenderme de sus deseos desbordados por mí. Quería seguir pensando que solo estaba confundido. —No hable por mí... Usted no me da oportunidad a nada. Me ataca sin medida, sin detenerse a pensar si quiero— Esbozó una breve sonrisa ladeada, y yo, incómoda, entro el cabello por
Se que atarla con un embarazo es tan egoísta,. Creo que es un secreto que guardare por mucho tiempo, o tal vez para siempre. La embarace a propósito para que no pudiera volver a estar con él ni dejarme a mí. Sí, yo también soy patético. La diferencia es que yo si la quiero y le podré dar una vida como ella merece. La veo dormir en mi cama, con la piel desnuda después de hacer el amor cuidando a este bebé que hice con mi amor por ella. Es tan es hermosa, su cabello se derrama sobre las sábanas blancas y sus pechos estan descubiertos, con la manta más abajo de su ombligo. Sus labios son gruesos y tiene un lunar muy cerca de su pezon derecho. Me gusta mirarla mientras duerme, me encanta saber que el destino la hizo para mí. Saber que conmigo ha tenido sus experiencias más íntimas. Mi meta es meterme tan adentro de ella, que no pueda correr muy lejos porque sentirá que se asfixia si no está a mi lado. No sé qué deparará el mañana, ni cómo va a reaccionar. Pero si me pide que me
La rueda de prensa fue un éxito, y el tiempo que pasé fuera de Reino Unido se alargó más de lo esperado. Este viaje no estaba pautado; se suponía que sería dentro de un mes, pero todo se adelantó y simplemente tomé un vuelo. Ni siquiera tuve tiempo de contratar a Georgina.Me gusta estar concentrado, y para evitar su frialdad, mejor me fui con el recuerdo de la noche anterior en la que nos devoramos sin control. Con la pasión con la que se aferró a mi espalda, los rasguños que dejó en mi piel y la forma en que su cuerpo me pedía más.No sé si pude pensar en otra cosa durante el vuelo, porque lo único que me invadía la mente era ella:Ella sobre mí; su cintura se movía com lentitud demostrando lo inexperta que era, pero cuando profundizaba, no podia parar de gemirle.Yo sobre ella; mis embestidas duras, su choque contra mi pelvis, las piernas ligeramente abierta y mi boca entre ellas.Sus gemidos en mi oído, su sabor en mi boca.Sus pechos duros por el placer, estremeciéndose con cada
—¿Se le ofrece algo, Director?— pregunté, pero él entró sin esperar que le de el permiso de pasar. Cerré la puerta y me giré, disimulando lo mal que me sentía. Su mirada era sombría. —¿Estás enferma?— preguntó sin rodeos. —¿Está aquí por eso? Pudo preguntarme por mensaje de texto— —Respóndeme lo que te pregunté—. Su tono fue seco. Me lastimaba. —No estoy enferma, y hágame el favor de bajarme el tono. Soy su empleada, pero esta es mi casa, no su empresa— Alzó una ceja. —Discúlpeme por el tono tan alto, tiene razón— Su voz bajó un poco, pero su actitud despectiva no cambió —Fuiste al médico, pero no dijiste que te sucede— —Solo estaba resfriada, señor. No se moleste, ha pasado mucho tiempo desde eso. ¿A qué viene ahora?— Su mirada me acusaba. —Por eso te pregunto: ha pasado mucho y te ves decaída. No estás rindiendo como antes. ¿Algo que no sepamos?— —¿Le preocupa que no esté haciendo horas extras ni rindiendo igual?— —No, eso no me preocupa. Me preocupa que mis empleados es
No dormí nada esperando que amaneciera, lloré toda la noche mirando esas dos líneas rojas, muy rojas. Mi alma gritaba que eso no podía estar pasándome. De camino al hospital, luego de mentir en mi trabajo para faltar ese día, voy a punto de colapsar en el coche. Me quedo en la entrada del hospital y camino nerviosa. Me registran y me indican dónde esperar. Pasado un tiempo, me toca entrar. El doctor es amable conmigo y me dice que no llore, que todo estará bien. Me quedo a esperar el resultado y me lo entregan sellado. Les dije que prefería leerlo en casa, y así lo hice. Me fui a casa, esta vez peor que cómo llegué. Al llegar a mi hogar, me siento en el sofá, suspiro sabiendo que todo puede cambiar para bien o mal sea cual sea el resultado y llenándome de la valentía que no tenía, abro el sobre. "Aurora Acosta, tiene cinco semanas de embarazo. Favor pasar a hacerse un eco en tres semanas si desea." Mi corazón empezó a latir frenéticamente y corrí al basurero a vomitar. Lloré, ll
Llego a casa y miro la caja sin atreverme a abrirla. El miedo me invade, siento que si esas dos líneas se vuelven rojas, todo cambiará. Respiro hondo, tratando de convencerme de que exagero la situación. —No estoy embarazada... Seguro es mi cabeza jugándome una mala pasada. Además, mi calendario aún no ha notificado nada sobre mi periodo y siempre lo hace, esta no será la excepción— Dejo la prueba sobre la cama y voy a la cocina por un vaso de agua. Noto que hace falta hacer compras, así que aprovecho que aún no oscurece para salir. Cuando abro la puerta, mi corazón da un brinco: Ángel está ahí, a punto de tocar el timbre. —Hola, Georgina... ¿Podemos hablar? — lo fulmino con la mirada. —Voy a salir, ahora no puedo hablar— intento cerrar la puerta y me lo impide. —Por favor, solo cinco minutos. No quiero molestarte— Dudo un instante, pero al final cedo. —Cinco minutos. Te lo advierto— lo señalo con el dedo. Camino detrás de él hasta el sofá. Está bien vestido, parece que viene
En su cama, en su habitación, las gotas de sudor resbalan por mi piel. Mis jadeos se mezclan con el sonido de su cuerpo chocando contra el mío, una y otra vez. Es una sensación nueva, intensa, sin dolor. Me embriaga su aroma y la forma en que me toma. Su boca recorre mi piel, su lengua fría atrapa mis pezones, arrancándome gemidos sin control. Algo que nunca hice con Ángel... lo estoy haciendo con mi jefe.—Shhh...— su aliento caliente choca contra mis labios—¿Te gusta tanto como a mí, Georgina?—Su voz ronca en susurros me hace estremecer.Sus embestidas son profundas, como si ya conociera cuáles son mis debilidades. Mis manos exploran la dureza de su espalda.—¡Ah...!— gimo en sus labios antes de que descienda por mi vientre, dejando un rastro de besos humedecidos.Mi cuerpo reacciona solo, mis piernas tiemblan. Me aferro a su cabello, temblando cuando succiona al punto que no resisto más y me corro toda en su boca sin callar mis gritos de placer.No sé cuánto tiempo llevamos en l