Con el alma herida y temblando, salgo del apartamento y pido un taxi para dirigirme a mi casa. No dejo de llorar en el trayecto a casa. El taxista amablemente me ofrece servilletas y eso hace que llore más.
Al llegar a casa abatida, me dejó caer sobre la cama y lloro desconsolada, siento náuseas y corro al baño, pero no logro vomitar. Mis ojos están hinchados de tanto llorar. Tomo mi teléfono para llamar a mi madre, pero ni siquiera sé cómo hacerlo. ¿Cómo darle otra mala noticia? No quiero preocuparla mas de lo que ya debe estar con su propia vida. El fondo de pantalla de mi celular es una foto con ángel y rápido la cambio. Entro a mi galería. Hay cientos de fotos de nosotros dos, y la sola idea de borrar tantos lindos recuerdos con él, rompe mi alma. Pero ya no no pueden seguir ahí, nunca volveré con él; me traicionó, y quién sabe desde cuándo lo hacía. Abro mi computadora, elimino todas las fotos, archivos y videos. Luego recojo todos los regalos que me había dado y los meto en una bolsa, junto a algunas cosas suyas. Se que todo lo hago por impulso, pero estoy tan herida, como para pensar con claridad. La alarma suena, y con pesadez me levanto. No sé a qué hora me dormí, pero debo ir a trabajar. Me ducho, dejando que el agua fría empape mi cabello y me ayude a despertar. No quiero ir a la oficina; lo que realmente deseo es quedarme en casa, comer helado y ver una película triste para llorar más, para calmar este sentimiento de dolor. Me detengo frente al espejo, mis ojos están muy hinchados. Busco pepino congelado para tratar de disminuir la hinchazón, pero es en vano. Me maquillo un poco, mi cabello es ondulado y así que toma tiempo y hoy no era el día de dedicárselo, pero tampoco podía ir a trabajar hecha un asco como me sentía. Pantalones finos holgados, zapatos de pico con tacón no muy alto y una camisa con el logo de la empresa y un blazer. Hacía frío, creo que más que todos los días anteriores. —Destruida, pero no acabada... No tan acabada—murmuro para mí misma. De repente mi teléfono suena con un mensaje de texto. «Tenemos que hablar», Es ángel, sonrío con amargura. anoche ni siquiera se molestó en llamarme para saber si había llegado bien...o si no había pensando en hacer una locura despues de verlo con otra. —maldito hijo de pu...— me detengo. Sin pensarlo dos veces bloqueo su número, no quiero saber nada de él. Salgo de casa y tomo un taxi rumbo al trabajo. No tenía hambre, mis emociones me hacían un hueco en el estómago, así que únicamente compro un café cargado antes de ir directo a mi escritorio. —¿Estás bien, Georgiana?—me pregunta mi compañera de oficina. —Sí— respondo sin ganas. —Mañana viene el hijo del dueño, Sandro Volkov, así que hay que estar preparadas. Dicen que es una persona muy exigente y que da miedo con solo verlo. Se rumorea que tomará el cargo de director general porque descubrieron que el antiguo director estaba manipulando los ingresos y las gráficas de ventas— espeta en voz baja. —¿Y tú cómo sabes todo eso? ¿Chisme de pasillo?— ella me mira achicando los ojos y abre un poco la boca haciéndose la ofendida. —Es lo que se dice... aunque no han confirmado, anda aún— —Nuestro departamento no tiene nada que ver con la logística de la empresa. Mejor concéntrate en tu trabajo y deja los rumores a un lado. Sea verdad o no, no nos afecta— sé que soné dura, pero hoy no tengo fuerzas para socializar. —¡Qué amargada estás hoy!— dice con fastidio antes de alejarse. Yo solo suspiro y me sumerjo en la montaña de papeles que debo ingresar en el sistema. El trabajo acaba, pero hago horas extras. Ya es tarde, son las nueve de la noche y el dolor me amarga nuevamente al recordar de repente, sintiendo una punzada en mi corazón y en mi estómago. —Oye, Georgina, vete a casa—, me dice el guardia de seguridad. Recojo mis cosas y salgo del edificio, tomó un taxi. —¿A dónde se dirige, señorita?—me preguntó el conductor. Dudé un momento antes de responder. —lléveme a un bar— sí, eso. No sé si es la mejor decisión, pero necesito un trago para anestesiar el dolor. El taxi me deja en la entrada de un bar elegante, iluminado con luces suaves, dándole ese toque misterioso. Entro, un poco nerviosa, y me dirijo a la barra. —¿Qué desea, señorita?— me pregunta el bartender con amabilidad. Mientras observo lo lujoso y acogedor que es el lugar, con aire misterioso. —Dame un trago de whisky a la roca— le digo con firmeza, decidida. El bartender asiente y prepara mi trago. Me quito el blazer, dentro estaba cálido y paso la mano por mi cabello acomodándolo. —Que lo disfrute— asentí con una sonrisa para no verme descortés. Me doy un trago sin pensarlo mucho, pero es aterrador y quema mi garganta. Era la primera vez que tomaba, el sabor tan amargo no me agrado e hice una mueca involuntaria queriendo escupir el resto. Sentía mi lengua adormecida. —Agua, por favor— digo, tratando de aliviar la sensación de ardor en mi garganta y paso la lengua por mis labios. «Esto no es lo mío», murmuro. Pido la cuenta, pero antes de poder pagar alguien se sienta a mi lado. Es un hombre alto de aspecto imponente y me habla con mucha confianza. —Si no tienes experiencia bebiendo, deberías empezar con algo más suave, como alguna mezcla que te interese. Tomar whisky a la roca, si nunca has tomado, solo te hará creer que el alcohol es malo, ¿no crees?— dice con voz profunda y firme, dando un sorbo a su whisky. —El whisky a la roca no es para principiantes— Lo miró con cautela. Tiene tatuajes en el cuello y usa guantes de cuero. Sus ojos son de un verde olivo intenso, lleva varios pendientes en sus orejas, unas pequeñas argollas de color plata y el cabello liso muy negro, con un estilo mullet. Su cara es atractiva, pero tiene un aire intimidante con una mezcla de egocentrismo. Con su traje negro impecable parece el típico villano de las novelas de mafia. —Trabajas para la compañía Mattresses sweet dream... qué interesante— murmura con media sonrisa y recuesta su cabeza de la palma de su mano, mirándome fijamente. Frunzo el ceño. —Sí... ya gracias por el consejo, pero ya me iba— —¿Te incomodé? Lo siento, fui un atrevido al dirigirme a ti como si nos conociéramos. Permítame presentarme. Un gusto, mi nombre es Leo— Curiosamente, no mencionó su apellido. —Georgina— respondo estrechándole la mano. Para mí sorpresa, en lugar de soltarla de inmediato, la lleva a sus labios y deposita un beso suave sobre mi piel. Su mirada es tan intensa que me hace retirarla rápidamente. —Tienes un nombre precioso, ¿te puedo invitar a un trago? Tranquila, no te haré nada. Me estás viendo como si fuera a secuestrarte— dice con una lave sonrisa. Su voz es perfecta, sin titubeos. Irradia confianza. Dudo un instante, pero finalmente asiento. —bueno... esta bien— Poco a poco, la conversación fluye. Leo es un buen conversador y tiene un encanto natural. Me cuenta que es ruso, que dirige una empresa y que está en el país por negocios. Me siento extrañamente cómoda con él. —¿Y que haces sola aquí? ¿No tienes pareja?— preguntó con curiosidad. Bajo la cabeza y, se me deslizan las lágrimas por mis mejillas. —Lo siento, no debí preguntarte eso— se disculpa con sinceridad y me ofrece su pañuelo. —No te preocupes... posiblemente nunca más nos volveremos a ver, así que ¿qué más da si me desahogo?— Le cuento todo lo que pasó con Ángel, sonriendo con amargura mientras lo hago. Leo me escucha atentamente, sin interrumpirme. —Es un estúpido. Si hubieses sido mía, te habría esperado toda la vida— dice con firmeza. volví mis labios una línea recta con dudas. —Mi mamá me ha inculcado valores tradicionales: «no estés con ningún hombre hasta tu matrimonio, así te verás más interesante», ¿y de qué me sirvió?— Leo sonríe levemente. —Tu mamá hizo un excelente trabajo, Georgiana. ¿Por que me dice eso? ¿Por que este hombre me mira así?—¿Crees eso? Si hubiera estado con él, quizás no me hubiera engañado— —¡Ohhhh! ¿Quién te dijo que la lealtad se mide por el sexo? El infiel es infiel sin importar que, el sexo no garantiza nada en esta vida. Si no me crees, mira a las actrices porno. ¿O esa fue la excusa que te dio cuando lo encontraste con otra mujer encima?— Me dolió lo que dijo, pero en el fondo tiene razón, me lleve el vaso a los labios y di un trago largo. Mi cabeza comenzó a nublarse. —Creo que ya debo irme... estoy perdiendo el rumbo- —¿Quieres que te lleve a tu casa?— —No, no estoy bien.— Intenté levantarme, pero mis piernas no respondieron y terminé cayendo sobre su regazo. Nos miramos fijamente por unos segundos antes de que apartara la mirada, levantando mi mentón con orgullo. —Te llevaré a un lugar mejor. Confía en mí— se levantó, sin molestarse en pedir la cuenta. —espera, hay que pagar...— —tranquila, este lugar es mío— —¿Esa es la empresa de la que me hablaste?— —No, esta es una pequeña entr
Salgo del baño con su camiseta puesta. Él está sentado en la cama, tecleando algo en su teléfono de último modelo. Cuando me ve, deja el dispositivo a un lado y da unas palmadas sobre el colchón, invitándome a recostarme junto a él. Pero no lo hago. Me siento en el borde, nerviosa. —Creo que no debería...— No me deja terminar. Su mano firme envuelve mi brazo y en un instante me jala hacia su cuerpo. Me envuelve entre sus piernas, sus brazos. Siento su aliento cálido en mi cuello cuando inhala y exhala con lentitud, como si estuviera drogandose con mi olor. Mi cabello se derrama sobre su pecho. —No te preocupes por nada —susurra en mi oído. —¿Quieres un poco de alcohol? Para que te relajes... Si no quieres, no te obligaré. Haremos las cosas como desees— —Sí, quiero un poco de alcohol— ¿Que más podía perder? Ya no había boda, ni compromiso, ni promesas vacías. Sé que no volveré a ver a este hombre. Tal vez siente lástima por lo patética que me veía en ese bar. Se levanta, va por
Me hundo bien profundo, provocándole un grito placentero mientras mi semen la llena por completo. La aprieto con fuerza, soltando un gemido de puro placer al derramarme dentro de ella, con una única intención clavada en mi mente. Mi cuerpo reposa sobre el suyo, ambos agotados, empapados en sudor y jadeando en la oscuridad de la habitación. El sueño nos atrapa sin poder resistir. A la mañana siguiente, despierto temprano. Tengo una reunión importante. Me ducho rápido, me visto con elegancia y preparo el desayuno. Antes de marcharme, dejo una pastilla para la resaca y una nota junto al desayuno. Le explico que tuve que irme temprano por trabajo y que preferí no despertarla porque se veía demasiado cómoda en mi cama. ** Me despierto con una sensación de resaca brutal, mi cabeza late como si me estuvieran golpeando por dentro. Me estiro, disfrutando la suavidad de las sábanas, hasta que la realidad me golpea: no estoy en mi casa. Me siento de golpe y el dolor en mi cabeza se intensifi
Sandro no deja de hacerme preguntas durante toda la reunión, como si disfrutara verme incómoda. Todos comienzan a murmurar al terminar la reunión, convencidos de que su interrogatorio es un castigo por haber llegado tarde y derramado el café. —Vamos a almorzar —me dice Liliana al terminar la reunión. Las paredes de la oficina son de cristal, permitiéndonos ver a todos los que pasan. Justamente saliendo de la sala de juntas estaba él. Me hierve la sangre al recordarlo. Me engañó para acostarse conmigo. Soy una completa imbécil. —Ese hombre da miedo, ¿viste que era cierto lo que te dije sobre él? —insiste Liliana. Trato de ignorarla mientras me enfoco en la pantalla del computador. —Ya deja de trabajar y vamos a comer, muero de hambre— —No traje almuerzo y tengo demasiado trabajo. Iré más tarde— —¿Te vas a quedar sin comer?— —No, hay una cafetería cerca. Iré cuando termine— —Pues vale— Liliana se marcha y yo suelto un suspiro, echando la cabeza hacia atrás. Con tanto en la cab
—¿Cuáles crees que serían mis intenciones?— Me mira a los ojos por un momento antes de desviar la vista hacia una mesa donde hay un pequeño alboroto. —Sigo esperando tu respuesta, Georgina.— —Yo le hice una pregunta primero. ¿Por qué siempre contesta con otra?— Me llevo el té a los labios justo cuando mi teléfono vibra con una notificación del banco. «Su retiro ha sido exitoso.» Al ver el mensaje, abro la aplicación. Mi cuenta está en cero. Trago en seco y trato de disimular el temblor en mis manos, pero el enojo me sube por las venas como fuego. Aun así, no logro contener las lágrimas frente a él. —¿Georgina?— Me levanto rápidamente, limpiándome los ojos sin responder. —Tengo que irme.— Tomo mi cartera y chaqueta y salgo sin mirar atrás. Me siento en una banqueta a esperar el bus, con la mente dando vueltas. Dos años de noviazgo tirados a la basura. Mi vida entera estaba entrelazada con la de ese hombre. Teníamos planes, hasta el lugar de la boda elegido. Incluso habíamos
7:30 p.m. Un vuelo en primera clase cancelado. Qué estupidez.—¿Señor, desea algo de tomar? —pregunta mi seguridad.—Agua, está bien.—Apoyo la cabeza contra el metal frío del asiento, observando sin interés el panorama. Pero entonces la veo.Es hermosa.Cabello negro, abundante, con ondas suaves. No es ni muy alta ni muy baja, diría que mide alrededor de 1.70. Su cuerpo es esbelto, con curvas sutiles, elegantes. Su piel... morena, pero no del todo oscura. Es como café con leche, como dulce de leche. Sí, es una descripción estúpida, pero efectiva.Parece estar perdida. Mira en todas direcciones, buscando algo. Lleva una maleta y unos auriculares colgados del cuello. Y entonces, camina hacia mí.—Hola, disculpa, ¿has estado aquí antes? —Su sonrisa es radiante, y sus dientes, perfectos.Parpadeo, distraído por lo que veo.—Mmm... sí. ¿Qué necesitas? —Enderezo mi postura en el asiento.—Es que me perdí y no sé dónde queda este lugar—me muestra un papel.La tengo demasiado cerca. Lo sufic
Al final termino aceptando la propuesta de mi padre. No porque tenga interés real en la empresa. Todo lo hace por ella. Me alojé en un penthouse no muy lejos de la empresa. La ubicación era perfecta. Antes de presentarme a trabajar, me tomé unos días. No eran vacaciones. Era para verla. Desde mi coche la observaba llegar a su apartamento. No era un mal lugar, pero tampoco el mejor. Georgina merecía más y yo podía dárselo. Terminaba tarde de trabajar, haciendo horas extras, juntando dinero para casarse con ese idiota que la engañaba. Qué patético. Después de días viéndola llegar siempre a la misma hora, algo cambió. Esa noche no apareció a la hora habitual. Esperé. Hice algunas llamadas y me enteré de que había salido más temprano. Aun así, no me fui. No podía irme sin verla. Pasaron las horas. Y de sólo imaginarme que había una posibilidad de que ella estuviera entre los brazos de él, haciendo el amor me provocaba un malestar. Cuando finalmente decidí rendirme, apareció.
~Recuerdas que hoy es la cena?~ Liliana me escribe por mensaje, recordándome la cena con los compañeros de trabajo en un restaurante. Lo había olvidado por completo. ~No tengo mucho ánimo...~ ~No seas aguafiestas, a las 8:30 pm espero verte ahí.~ Suspiro mientras termino de guardar la ropa que lavé. No sé si tengo ganas de ir. Con el corazón hecho trizas y la cabeza llena de pensamientos desordenados, lo último que quiero es socializar. Pero, después de unos minutos de pelear conmigo misma, termino cediendo y empiezo a arreglarme. Nada me gusta. Nada me queda bien. No me siento cómoda con nada. —Esta soy yo, no puedo deprimirme por alguien que me mintió tanto como pudo— Me digo en voz baja, tratando de convencerme. Alzo el rostro con determinación, pero mis ojos se humedecen inevitablemente. —No, no puedo— lloro un poco para después maquillarme y vestirme. Al llegar al restaurante, noto que todos están reunidos ya. No puedo evitar sentirme incómoda cuando las miradas se clava