—¿Por qué siempre lo mencionas? Yo era su prometida y no hablo de él... ¿Que sucede contigo?— ¡Mierda! —Lo odio... lo detesto no me culpes por odiarlo, él te arruino y me molesta— —Solo olvídalo... Si hubiera quedado embarazada mientras estaba con él, habría sido exactamente lo mismo. Y por cierto, te recuerdo que él no era mi jefe, como tú— —Que más da si lo soy ¿Acaso no tengo derecho a ser feliz?— —Pero una mujer como yo...— —¿Por qué insistes con eso? ¿Qué tiene de malo? ¿Para qué quiero una mujer con estatus? ¿Acaso me falta dinero? Tengo más que suficiente... Si ese es tu miedo, si crees que eso es un problema, olvídalo. Puedo darte la vida que mereces, llevarte a donde quieras. ¿Quieres ir a París mañana? Dímelo, y estaremos allá. Solo entiéndelo... me gustas demasiado.— —Calla...— su tono molesto me provoca dejarla en paz. Se aleja de mí dándome la espalda y suspiró mirando hacia el techo. Esta mujer mía me saca de mis cinco sentidos. Después de unos largos minutos s
—Lo siento por tardar, se necesitaba de mis servicios— me excuso con una mentira. —Bien, podemos continuar...— la firmeza de su voz cargadas de enojo me estremecía. —¿Puedo ir al baño primero?— Su mirada es dirigida a uno de los empleados del departamento de marketing. —No, si no soporta vaya al basurero— eso fue cruel. —Señor, disculpe. Deje que vaya al baño, no me gustaría que mis superiores o compañeros vayan a malinterpretarlas cosas porque yo si pude ir— —¿Malinterpretar? Nadie aquí está para malinterpretar nada. Ni para ser parte de esos chismes de pasillo que tanto les gusta inventar. ¿Entendido? No me interesa en lo más mínimo que les caiga bien, no estoy aquí para eso. Si no me dan resultados, no los necesito a ninguno ¿pueden entender eso?— —Sí, señor, disculpe. — Su mirada se quedó fija en mí unos segundos, como si tratara de encontrar algo en mí. No me sentí mal, pero tampoco bien. Tal vez era el embarazo, porque mi estómago se contrajo al escucharlo tan duro. Es
Paso por una tienda y compro sushi, es una de las comidas favoritas de mi prometido, y para mí, un té frío. Es una de mis bebidas favoritas, pese al frío que hace en estos días de febrero. Salgo de la tienda con una sonrisa en mi rostro; al fin lo podré ver, después de una ardua semana ocupada. Tomo un taxi y me detengo en la entrada del edificio. Tengo la clave de la puerta de su casa, así que no tendré que molestarlo y de paso lo sorprenderé. Subo al ascensor, camino con calma por el corredor, con la bolsa de comida en mi mano hasta detenerme en su puerta y marco la clave 5555#La puerta se abre y mi primera impresión es ver tacones de una mujer tirados y una botella de vino vacía sobre una mesa y dos copas, una de ellas tiene tinta de labial rojo. El lugar no es muy amplio, que digamos, cocina, sala y una habitación con el baño incluido. Mi cabeza late con un fuerte dolor y siento mi corazón latir frenéticamente, mis manos tiemblan y la ansiedad me consume.Dejo lo que traje en el
Con el alma herida y temblando, salgo del apartamento y pido un taxi para dirigirme a mi casa. No dejo de llorar en el trayecto a casa. El taxista amablemente me ofrece servilletas y eso hace que llore más. Al llegar a casa abatida, me dejó caer sobre la cama y lloro desconsolada, siento náuseas y corro al baño, pero no logro vomitar. Mis ojos están hinchados de tanto llorar. Tomo mi teléfono para llamar a mi madre, pero ni siquiera sé cómo hacerlo. ¿Cómo darle otra mala noticia? No quiero preocuparla mas de lo que ya debe estar con su propia vida. El fondo de pantalla de mi celular es una foto con ángel y rápido la cambio. Entro a mi galería. Hay cientos de fotos de nosotros dos, y la sola idea de borrar tantos lindos recuerdos con él, rompe mi alma. Pero ya no no pueden seguir ahí, nunca volveré con él; me traicionó, y quién sabe desde cuándo lo hacía. Abro mi computadora, elimino todas las fotos, archivos y videos. Luego recojo todos los regalos que me había dado y los meto en un
—¿Crees eso? Si hubiera estado con él, quizás no me hubiera engañado— —¡Ohhhh! ¿Quién te dijo que la lealtad se mide por el sexo? El infiel es infiel sin importar que, el sexo no garantiza nada en esta vida. Si no me crees, mira a las actrices porno. ¿O esa fue la excusa que te dio cuando lo encontraste con otra mujer encima?— Me dolió lo que dijo, pero en el fondo tiene razón, me lleve el vaso a los labios y di un trago largo. Mi cabeza comenzó a nublarse. —Creo que ya debo irme... estoy perdiendo el rumbo- —¿Quieres que te lleve a tu casa?— —No, no estoy bien.— Intenté levantarme, pero mis piernas no respondieron y terminé cayendo sobre su regazo. Nos miramos fijamente por unos segundos antes de que apartara la mirada, levantando mi mentón con orgullo. —Te llevaré a un lugar mejor. Confía en mí— se levantó, sin molestarse en pedir la cuenta. —espera, hay que pagar...— —tranquila, este lugar es mío— —¿Esa es la empresa de la que me hablaste?— —No, esta es una pequeña entr
Salgo del baño con su camiseta puesta. Él está sentado en la cama, tecleando algo en su teléfono de último modelo. Cuando me ve, deja el dispositivo a un lado y da unas palmadas sobre el colchón, invitándome a recostarme junto a él. Pero no lo hago. Me siento en el borde, nerviosa. —Creo que no debería...— No me deja terminar. Su mano firme envuelve mi brazo y en un instante me jala hacia su cuerpo. Me envuelve entre sus piernas, sus brazos. Siento su aliento cálido en mi cuello cuando inhala y exhala con lentitud, como si estuviera drogandose con mi olor. Mi cabello se derrama sobre su pecho. —No te preocupes por nada —susurra en mi oído. —¿Quieres un poco de alcohol? Para que te relajes... Si no quieres, no te obligaré. Haremos las cosas como desees— —Sí, quiero un poco de alcohol— ¿Que más podía perder? Ya no había boda, ni compromiso, ni promesas vacías. Sé que no volveré a ver a este hombre. Tal vez siente lástima por lo patética que me veía en ese bar. Se levanta, va por
Me hundo bien profundo, provocándole un grito placentero mientras mi semen la llena por completo. La aprieto con fuerza, soltando un gemido de puro placer al derramarme dentro de ella, con una única intención clavada en mi mente. Mi cuerpo reposa sobre el suyo, ambos agotados, empapados en sudor y jadeando en la oscuridad de la habitación. El sueño nos atrapa sin poder resistir. A la mañana siguiente, despierto temprano. Tengo una reunión importante. Me ducho rápido, me visto con elegancia y preparo el desayuno. Antes de marcharme, dejo una pastilla para la resaca y una nota junto al desayuno. Le explico que tuve que irme temprano por trabajo y que preferí no despertarla porque se veía demasiado cómoda en mi cama. ** Me despierto con una sensación de resaca brutal, mi cabeza late como si me estuvieran golpeando por dentro. Me estiro, disfrutando la suavidad de las sábanas, hasta que la realidad me golpea: no estoy en mi casa. Me siento de golpe y el dolor en mi cabeza se intensifi
Sandro no deja de hacerme preguntas durante toda la reunión, como si disfrutara verme incómoda. Todos comienzan a murmurar al terminar la reunión, convencidos de que su interrogatorio es un castigo por haber llegado tarde y derramado el café. —Vamos a almorzar —me dice Liliana al terminar la reunión. Las paredes de la oficina son de cristal, permitiéndonos ver a todos los que pasan. Justamente saliendo de la sala de juntas estaba él. Me hierve la sangre al recordarlo. Me engañó para acostarse conmigo. Soy una completa imbécil. —Ese hombre da miedo, ¿viste que era cierto lo que te dije sobre él? —insiste Liliana. Trato de ignorarla mientras me enfoco en la pantalla del computador. —Ya deja de trabajar y vamos a comer, muero de hambre— —No traje almuerzo y tengo demasiado trabajo. Iré más tarde— —¿Te vas a quedar sin comer?— —No, hay una cafetería cerca. Iré cuando termine— —Pues vale— Liliana se marcha y yo suelto un suspiro, echando la cabeza hacia atrás. Con tanto en la cab