Paso por una tienda y compro sushi, es una de las comidas favoritas de mi prometido, y para mí, un té frío. Es una de mis bebidas favoritas, pese al frío que hace en estos días de febrero. Salgo de la tienda con una sonrisa en mi rostro; al fin lo podré ver, después de una ardua semana ocupada. Tomo un taxi y me detengo en la entrada del edificio. Tengo la clave de la puerta de su casa, así que no tendré que molestarlo y de paso lo sorprenderé. Subo al ascensor, camino con calma por el corredor, con la bolsa de comida en mi mano hasta detenerme en su puerta y marco la clave 5555#
La puerta se abre y mi primera impresión es ver tacones de una mujer tirados y una botella de vino vacía sobre una mesa y dos copas, una de ellas tiene tinta de labial rojo. El lugar no es muy amplio, que digamos, cocina, sala y una habitación con el baño incluido. Mi cabeza late con un fuerte dolor y siento mi corazón latir frenéticamente, mis manos tiemblan y la ansiedad me consume. Dejo lo que traje en el piso, no encontré otro lugar donde dejarlo y, mientras camino un poco más, sobre un mueble, veo ropa interior y una camisa blanca manchada de labial tirada junto a sus pantalones finos y bóxer gris. Mis ojos se cristalizan y las lágrimas deslizan por mi rostro; esto no me estaba pasando a mí. Me detengo detrás de la puerta llenándome de valor y respiro profundo, limpiando mis lágrimas y levantando la cabeza con la poca dignidad que me quedaba. Agarre la manija para abrir, sabía que en el momento que lo hiciera iba a desplomarme. Dudo entre seguir o detenerme, las piernas no me funcionan, siento que mi propia bufanda me ahorca, pero debo terminar de destrozarme por completo con la cruda realidad. —¡Ay! Ángel, no eres un ángel... eres un maldito demonio— su risa ahogaba resonó en la habitación. —Para ti soy todo lo que quieras, pero para mi novia sigo siendo un ángel muy bueno— respondió con voz burlona. —Tu novia es una idiota, ¿quién en su sano juicio espera hasta matrimonio en estos tiempos?— respondió ella con gracia. —Es una linda puritana, pero no hablemos de ella ahora. Lo único importante eres tú— gimió con placer. El placer que nunca me había dado. —¡Ah malvada, eres increíble! Sigue, apriétame un poco más— La palmada en su trasero me hace temblar. No podía dejar de llorar, ese era el amor de mi vida, el hombre que juró esperarme y ahora entiendo el porqué. No le hacía falta el sexo y era muy compresivo porque tenía con quien jugar y darse placer, así hasta yo esperaría. Me iba a ir sin decir nada, pero no soporté y encendí la luz. —¡Mierda!— resonó con sorpresa y agitación. El muy sinvergüenza ni siquiera me escuchó abrir la puerta. —Georgina, ¿q-que haces aquí?— Sus ojos se abren con pánico mientras intenta cubrirse su desnudez. La mujer sonríe divertida sin mostrar los dientes y se cubre con las sabanas blancas. Yo lo miro con asco sin poder articular palabras. Finalmente me doy la vuelta, no pretendo seguir siendo el hazme reír de dos sinvergüenzas. Con mi corazón destrozado, humillada y recogiendo los pedazos que quedaban de mi dignidad. —Espera, Georgina, no esto no es lo que parece... — su voz estaba un tanto nerviosa y con la rabia que llevaba dentro no dude en voltear y pegarle una cachetada por impulso. Se acaricia la mejilla, mirándome enfurecido y sorprendido a su vez. —¿Qué demonios esto esto Angel? ¿Vas a decirme que no es lo que parece? Al menos ten la decencia de admitirlo frente a mi cara ¿tendrás las agallas de ocultarlo, sabiendo que te acabo de ver?— la voz me tiembla por lo quebrada que está, pero no voy a parar, voy a sacarlo todo. —¡Ah m****a! ¿Que esperabas? Soy un hombre no podía seguir esperándote tanto tiempo, agradece que por lo menos te acepte con tus "valores de mujer santa" ningún hombre te iba a soportar dos años como yo— dolió. Esta vez me mostró quien era realmente, yo estaba engañada. —Yo te amaba tanto. Me estaba sacrificando por nosotros, trabajando doble, ahorrando, soñando con que me veas en el altar, como yo soñé... ¿y tu?— suelto una carcajada con amargura rascando mi garganta. —Te reías de mí, mientras te acostabas con otra— La mujer que no conocía se acerca una camiseta de él y se muerde una uña mirándome con descaro, con la sonrisa de victoria plasmada en su rostro escondiéndose detrás de él, como si fuera su lugar seguro, cuando yo pensaba que era él mío. —Entiéndeme, no podía seguir así... soy un hombre necesitaba algo más... algo que no podías darme— —Estás justificándote, ¿de verdad me estás culpando a mí? ¡Esto es tu culpa, no la mía! ¿Sabes qué? se acabó— El anillo de compromiso que había en mi dedo lo dejo caer, ya ni siquiera podía mirarlo a la cara. —Georgina, piénsalo bien, esto no es... — —Se acabó, Ángel, nunca más te vuelvas a acercar a mí, ¡me das asco!— agarro la manija de la puerta para marcharme sin mirar atrás. Sabía que en el momento que saliera, iba a desplomarme. —¡Espero que no me llames arrepentida!, ¿me oyes?— escucho la mujer detrás de mí, decirle que me deje ir, que no valía la pena y la puerta siendo estrellada con dureza. Hace sólo unas horas, mi mundo era Perfecto y de la nada, todo lo que creí bueno resultó ser malo.Con el alma herida y temblando, salgo del apartamento y pido un taxi para dirigirme a mi casa. No dejo de llorar en el trayecto a casa. El taxista amablemente me ofrece servilletas y eso hace que llore más. Al llegar a casa abatida, me dejó caer sobre la cama y lloro desconsolada, siento náuseas y corro al baño, pero no logro vomitar. Mis ojos están hinchados de tanto llorar. Tomo mi teléfono para llamar a mi madre, pero ni siquiera sé cómo hacerlo. ¿Cómo darle otra mala noticia? No quiero preocuparla mas de lo que ya debe estar con su propia vida. El fondo de pantalla de mi celular es una foto con ángel y rápido la cambio. Entro a mi galería. Hay cientos de fotos de nosotros dos, y la sola idea de borrar tantos lindos recuerdos con él, rompe mi alma. Pero ya no no pueden seguir ahí, nunca volveré con él; me traicionó, y quién sabe desde cuándo lo hacía. Abro mi computadora, elimino todas las fotos, archivos y videos. Luego recojo todos los regalos que me había dado y los meto en un
—¿Crees eso? Si hubiera estado con él, quizás no me hubiera engañado— —¡Ohhhh! ¿Quién te dijo que la lealtad se mide por el sexo? El infiel es infiel sin importar que, el sexo no garantiza nada en esta vida. Si no me crees, mira a las actrices porno. ¿O esa fue la excusa que te dio cuando lo encontraste con otra mujer encima?— Me dolió lo que dijo, pero en el fondo tiene razón, me lleve el vaso a los labios y di un trago largo. Mi cabeza comenzó a nublarse. —Creo que ya debo irme... estoy perdiendo el rumbo- —¿Quieres que te lleve a tu casa?— —No, no estoy bien.— Intenté levantarme, pero mis piernas no respondieron y terminé cayendo sobre su regazo. Nos miramos fijamente por unos segundos antes de que apartara la mirada, levantando mi mentón con orgullo. —Te llevaré a un lugar mejor. Confía en mí— se levantó, sin molestarse en pedir la cuenta. —espera, hay que pagar...— —tranquila, este lugar es mío— —¿Esa es la empresa de la que me hablaste?— —No, esta es una pequeña entr
Salgo del baño con su camiseta puesta. Él está sentado en la cama, tecleando algo en su teléfono de último modelo. Cuando me ve, deja el dispositivo a un lado y da unas palmadas sobre el colchón, invitándome a recostarme junto a él. Pero no lo hago. Me siento en el borde, nerviosa. —Creo que no debería...— No me deja terminar. Su mano firme envuelve mi brazo y en un instante me jala hacia su cuerpo. Me envuelve entre sus piernas, sus brazos. Siento su aliento cálido en mi cuello cuando inhala y exhala con lentitud, como si estuviera drogandose con mi olor. Mi cabello se derrama sobre su pecho. —No te preocupes por nada —susurra en mi oído. —¿Quieres un poco de alcohol? Para que te relajes... Si no quieres, no te obligaré. Haremos las cosas como desees— —Sí, quiero un poco de alcohol— ¿Que más podía perder? Ya no había boda, ni compromiso, ni promesas vacías. Sé que no volveré a ver a este hombre. Tal vez siente lástima por lo patética que me veía en ese bar. Se levanta, va por
Me hundo bien profundo, provocándole un grito placentero mientras mi semen la llena por completo. La aprieto con fuerza, soltando un gemido de puro placer al derramarme dentro de ella, con una única intención clavada en mi mente. Mi cuerpo reposa sobre el suyo, ambos agotados, empapados en sudor y jadeando en la oscuridad de la habitación. El sueño nos atrapa sin poder resistir. A la mañana siguiente, despierto temprano. Tengo una reunión importante. Me ducho rápido, me visto con elegancia y preparo el desayuno. Antes de marcharme, dejo una pastilla para la resaca y una nota junto al desayuno. Le explico que tuve que irme temprano por trabajo y que preferí no despertarla porque se veía demasiado cómoda en mi cama. ** Me despierto con una sensación de resaca brutal, mi cabeza late como si me estuvieran golpeando por dentro. Me estiro, disfrutando la suavidad de las sábanas, hasta que la realidad me golpea: no estoy en mi casa. Me siento de golpe y el dolor en mi cabeza se intensifi
Sandro no deja de hacerme preguntas durante toda la reunión, como si disfrutara verme incómoda. Todos comienzan a murmurar al terminar la reunión, convencidos de que su interrogatorio es un castigo por haber llegado tarde y derramado el café. —Vamos a almorzar —me dice Liliana al terminar la reunión. Las paredes de la oficina son de cristal, permitiéndonos ver a todos los que pasan. Justamente saliendo de la sala de juntas estaba él. Me hierve la sangre al recordarlo. Me engañó para acostarse conmigo. Soy una completa imbécil. —Ese hombre da miedo, ¿viste que era cierto lo que te dije sobre él? —insiste Liliana. Trato de ignorarla mientras me enfoco en la pantalla del computador. —Ya deja de trabajar y vamos a comer, muero de hambre— —No traje almuerzo y tengo demasiado trabajo. Iré más tarde— —¿Te vas a quedar sin comer?— —No, hay una cafetería cerca. Iré cuando termine— —Pues vale— Liliana se marcha y yo suelto un suspiro, echando la cabeza hacia atrás. Con tanto en la cab
—¿Cuáles crees que serían mis intenciones?— Me mira a los ojos por un momento antes de desviar la vista hacia una mesa donde hay un pequeño alboroto. —Sigo esperando tu respuesta, Georgina.— —Yo le hice una pregunta primero. ¿Por qué siempre contesta con otra?— Me llevo el té a los labios justo cuando mi teléfono vibra con una notificación del banco. «Su retiro ha sido exitoso.» Al ver el mensaje, abro la aplicación. Mi cuenta está en cero. Trago en seco y trato de disimular el temblor en mis manos, pero el enojo me sube por las venas como fuego. Aun así, no logro contener las lágrimas frente a él. —¿Georgina?— Me levanto rápidamente, limpiándome los ojos sin responder. —Tengo que irme.— Tomo mi cartera y chaqueta y salgo sin mirar atrás. Me siento en una banqueta a esperar el bus, con la mente dando vueltas. Dos años de noviazgo tirados a la basura. Mi vida entera estaba entrelazada con la de ese hombre. Teníamos planes, hasta el lugar de la boda elegido. Incluso habíamos
7:30 p.m. Un vuelo en primera clase cancelado. Qué estupidez.—¿Señor, desea algo de tomar? —pregunta mi seguridad.—Agua, está bien.—Apoyo la cabeza contra el metal frío del asiento, observando sin interés el panorama. Pero entonces la veo.Es hermosa.Cabello negro, abundante, con ondas suaves. No es ni muy alta ni muy baja, diría que mide alrededor de 1.70. Su cuerpo es esbelto, con curvas sutiles, elegantes. Su piel... morena, pero no del todo oscura. Es como café con leche, como dulce de leche. Sí, es una descripción estúpida, pero efectiva.Parece estar perdida. Mira en todas direcciones, buscando algo. Lleva una maleta y unos auriculares colgados del cuello. Y entonces, camina hacia mí.—Hola, disculpa, ¿has estado aquí antes? —Su sonrisa es radiante, y sus dientes, perfectos.Parpadeo, distraído por lo que veo.—Mmm... sí. ¿Qué necesitas? —Enderezo mi postura en el asiento.—Es que me perdí y no sé dónde queda este lugar—me muestra un papel.La tengo demasiado cerca. Lo sufic
Al final termino aceptando la propuesta de mi padre. No porque tenga interés real en la empresa. Todo lo hace por ella. Me alojé en un penthouse no muy lejos de la empresa. La ubicación era perfecta. Antes de presentarme a trabajar, me tomé unos días. No eran vacaciones. Era para verla. Desde mi coche la observaba llegar a su apartamento. No era un mal lugar, pero tampoco el mejor. Georgina merecía más y yo podía dárselo. Terminaba tarde de trabajar, haciendo horas extras, juntando dinero para casarse con ese idiota que la engañaba. Qué patético. Después de días viéndola llegar siempre a la misma hora, algo cambió. Esa noche no apareció a la hora habitual. Esperé. Hice algunas llamadas y me enteré de que había salido más temprano. Aun así, no me fui. No podía irme sin verla. Pasaron las horas. Y de sólo imaginarme que había una posibilidad de que ella estuviera entre los brazos de él, haciendo el amor me provocaba un malestar. Cuando finalmente decidí rendirme, apareció.