Embarazada de mi jefe.
Embarazada de mi jefe.
Por: Dayrin
Capítulo 1

Paso por una tienda y compro sushi, es una de las comidas favoritas de mi prometido, y para mí, un té frío. Es una de mis bebidas favoritas, pese al frío que hace en estos días de febrero. Salgo de la tienda con una sonrisa en mi rostro; al fin lo podré ver, después de una ardua semana ocupada. Tomo un taxi y me detengo en la entrada del edificio. Tengo la clave de la puerta de su casa, así que no tendré que molestarlo y de paso lo sorprenderé. Subo al ascensor, camino con calma por el corredor, con la bolsa de comida en mi mano hasta detenerme en su puerta y marco la clave 5555#

La puerta se abre y mi primera impresión es ver tacones de una mujer tirados y una botella de vino vacía sobre una mesa y dos copas, una de ellas tiene tinta de labial rojo. El lugar no es muy amplio, que digamos, cocina, sala y una habitación con el baño incluido. Mi cabeza late con un fuerte dolor y siento mi corazón latir frenéticamente, mis manos tiemblan y la ansiedad me consume.

Dejo lo que traje en el piso, no encontré otro lugar donde dejarlo y, mientras camino un poco más, sobre un mueble, veo ropa interior y una camisa blanca manchada de labial tirada junto a sus pantalones finos y bóxer gris. Mis ojos se cristalizan y las lágrimas deslizan por mi rostro; esto no me estaba pasando a mí.

Me detengo detrás de la puerta llenándome de valor y respiro profundo, limpiando mis lágrimas y levantando la cabeza con la poca dignidad que me quedaba.

Agarre la manija para abrir, sabía que en el momento que lo hiciera iba a desplomarme. Dudo entre seguir o detenerme, las piernas no me funcionan, siento que mi propia bufanda me ahorca, pero debo terminar de destrozarme por completo con la cruda realidad.

—¡Ay! Ángel, no eres un ángel... eres un maldito demonio— su risa ahogaba resonó en la habitación.

—Para ti soy todo lo que quieras, pero para mi novia sigo siendo un ángel muy bueno— respondió con voz burlona.

—Tu novia es una idiota, ¿quién en su sano juicio espera hasta matrimonio en estos tiempos?— respondió ella con gracia.

—Es una linda puritana, pero no hablemos de ella ahora. Lo único importante eres tú— gimió con placer.

El placer que nunca me había dado.

—¡Ah malvada, eres increíble! Sigue, apriétame un poco más—

La palmada en su trasero me hace temblar.

No podía dejar de llorar, ese era el amor de mi vida, el hombre que juró esperarme y ahora entiendo el porqué.

No le hacía falta el sexo y era muy compresivo porque tenía con quien jugar y darse placer, así hasta yo esperaría.

Me iba a ir sin decir nada, pero no soporté y encendí la luz.

—¡Mierda!— resonó con sorpresa y agitación.

El muy sinvergüenza ni siquiera me escuchó abrir la puerta.

—Georgina, ¿q-que haces aquí?— Sus ojos se abren con pánico mientras intenta cubrirse su desnudez.

La mujer sonríe divertida sin mostrar los dientes y se cubre con las sabanas blancas.

Yo lo miro con asco sin poder articular palabras.

Finalmente me doy la vuelta, no pretendo seguir siendo el hazme reír de dos sinvergüenzas.

Con mi corazón destrozado, humillada y recogiendo los pedazos que quedaban de mi dignidad.

—Espera, Georgina, no esto no es lo que parece... — su voz estaba un tanto nerviosa y con la rabia que llevaba dentro no dude en voltear y pegarle una cachetada por impulso. Se acaricia la mejilla, mirándome enfurecido y sorprendido a su vez.

—¿Qué demonios esto esto Angel? ¿Vas a decirme que no es lo que parece? Al menos ten la decencia de admitirlo frente a mi cara ¿tendrás las agallas de ocultarlo, sabiendo que te acabo de ver?— la voz me tiembla por lo quebrada que está, pero no voy a parar, voy a sacarlo todo.

—¡Ah m****a! ¿Que esperabas? Soy un hombre no podía seguir esperándote tanto tiempo, agradece que por lo menos te acepte con tus "valores de mujer santa" ningún hombre te iba a soportar dos años como yo— dolió.

Esta vez me mostró quien era realmente, yo estaba engañada.

—Yo te amaba tanto. Me estaba sacrificando por nosotros, trabajando doble, ahorrando, soñando con que me veas en el altar, como yo soñé... ¿y tu?— suelto una carcajada con amargura rascando mi garganta.

—Te reías de mí, mientras te acostabas con otra—

La mujer que no conocía se acerca una camiseta de él y se muerde una uña mirándome con descaro, con la sonrisa de victoria plasmada en su rostro escondiéndose detrás de él, como si fuera su lugar seguro, cuando yo pensaba que era él mío.

—Entiéndeme, no podía seguir así... soy un hombre necesitaba algo más... algo que no podías darme—

—Estás justificándote, ¿de verdad me estás culpando a mí? ¡Esto es tu culpa, no la mía! ¿Sabes qué? se acabó—

El anillo de compromiso que había en mi dedo lo dejo caer, ya ni siquiera podía mirarlo a la cara.

—Georgina, piénsalo bien, esto no es... —

—Se acabó, Ángel, nunca más te vuelvas a acercar a mí, ¡me das asco!— agarro la manija de la puerta para marcharme sin mirar atrás. Sabía que en el momento que saliera, iba a desplomarme.

—¡Espero que no me llames arrepentida!, ¿me oyes?— escucho la mujer detrás de mí, decirle que me deje ir, que no valía la pena y la puerta siendo estrellada con dureza.

Hace sólo unas horas, mi mundo era Perfecto y de la nada, todo lo que creí bueno resultó ser malo.

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