Al final termino aceptando la propuesta de mi padre. No porque tenga interés real en la empresa. Todo lo hace por ella. Me alojé en un penthouse no muy lejos de la empresa. La ubicación era perfecta. Antes de presentarme a trabajar, me tomé unos días. No eran vacaciones. Era para verla. Desde mi coche la observaba llegar a su apartamento. No era un mal lugar, pero tampoco el mejor. Georgina merecía más y yo podía dárselo. Terminaba tarde de trabajar, haciendo horas extras, juntando dinero para casarse con ese idiota que la engañaba. Qué patético. Después de días viéndola llegar siempre a la misma hora, algo cambió. Esa noche no apareció a la hora habitual. Esperé. Hice algunas llamadas y me enteré de que había salido más temprano. Aun así, no me fui. No podía irme sin verla. Pasaron las horas. Y de sólo imaginarme que había una posibilidad de que ella estuviera entre los brazos de él, haciendo el amor me provocaba un malestar. Cuando finalmente decidí rendirme, apareció.
~Recuerdas que hoy es la cena?~ Liliana me escribe por mensaje, recordándome la cena con los compañeros de trabajo en un restaurante. Lo había olvidado por completo. ~No tengo mucho ánimo...~ ~No seas aguafiestas, a las 8:30 pm espero verte ahí.~ Suspiro mientras termino de guardar la ropa que lavé. No sé si tengo ganas de ir. Con el corazón hecho trizas y la cabeza llena de pensamientos desordenados, lo último que quiero es socializar. Pero, después de unos minutos de pelear conmigo misma, termino cediendo y empiezo a arreglarme. Nada me gusta. Nada me queda bien. No me siento cómoda con nada. —Esta soy yo, no puedo deprimirme por alguien que me mintió tanto como pudo— Me digo en voz baja, tratando de convencerme. Alzo el rostro con determinación, pero mis ojos se humedecen inevitablemente. —No, no puedo— lloro un poco para después maquillarme y vestirme. Al llegar al restaurante, noto que todos están reunidos ya. No puedo evitar sentirme incómoda cuando las miradas se clava
Solté un grito hasta que vi quién era y cómo reía. Mis ojos seguían abiertos de par en par por el susto y me recosté en el asiento, tratando de recuperar el aliento. —Lo siento, Georgina, no quise asustarte de esa forma— me habló despreocupado. —Usted es un descarado, director—. Mi tono fue seco, afilado. Él me miró con seriedad, sin perder la compostura. —¿Por qué me insultas?—arqueó una ceja. —Espero que este vehículo se dirija a mi casa—. Mi voz seguía siendo cortante. —Pero... ¿qué sucede? Quedamos en un acuerdo en el baño y aprovechaste verme entretenido para escapar. Eso no se vale—. —Tampoco se vale que seas igual que mi ex prometido y quieras crucificarlo cuando eres igual a él. Un sinvergüenza— Vi la confusión en su rostro. Se quedó en silencio por unos segundos antes de hablarle al chofer. —Dirígete a la casa de la señorita—ordenó, y no dijo nada más. Yo tampoco. Cuando llegamos, ni siquiera me despedí. Estrellé la puerta del coche y me alejé con la sangre hirviendo
En su cama, en su habitación, las gotas de sudor resbalan por mi piel. Mis jadeos se mezclan con el sonido de su cuerpo chocando contra el mío, una y otra vez. Es una sensación nueva, intensa, sin dolor. Me embriaga su aroma y la forma en que me toma. Su boca recorre mi piel, su lengua fría atrapa mis pezones, arrancándome gemidos sin control. Algo que nunca hice con Ángel... lo estoy haciendo con mi jefe.—Shhh...— su aliento caliente choca contra mis labios—¿Te gusta tanto como a mí, Georgina?—Su voz ronca en susurros me hace estremecer.Sus embestidas son profundas, como si ya conociera cuáles son mis debilidades. Mis manos exploran la dureza de su espalda.—¡Ah...!— gimo en sus labios antes de que descienda por mi vientre, dejando un rastro de besos humedecidos.Mi cuerpo reacciona solo, mis piernas tiemblan. Me aferro a su cabello, temblando cuando succiona al punto que no resisto más y me corro toda en su boca sin callar mis gritos de placer.No sé cuánto tiempo llevamos en l
Llego a casa y miro la caja sin atreverme a abrirla. El miedo me invade, siento que si esas dos líneas se vuelven rojas, todo cambiará. Respiro hondo, tratando de convencerme de que exagero la situación. —No estoy embarazada... Seguro es mi cabeza jugándome una mala pasada. Además, mi calendario aún no ha notificado nada sobre mi periodo y siempre lo hace, esta no será la excepción— Dejo la prueba sobre la cama y voy a la cocina por un vaso de agua. Noto que hace falta hacer compras, así que aprovecho que aún no oscurece para salir. Cuando abro la puerta, mi corazón da un brinco: Ángel está ahí, a punto de tocar el timbre. —Hola, Georgina... ¿Podemos hablar? — lo fulmino con la mirada. —Voy a salir, ahora no puedo hablar— intento cerrar la puerta y me lo impide. —Por favor, solo cinco minutos. No quiero molestarte— Dudo un instante, pero al final cedo. —Cinco minutos. Te lo advierto— lo señalo con el dedo. Camino detrás de él hasta el sofá. Está bien vestido, parece que viene
No dormí nada esperando que amaneciera, lloré toda la noche mirando esas dos líneas rojas, muy rojas. Mi alma gritaba que eso no podía estar pasándome. De camino al hospital, luego de mentir en mi trabajo para faltar ese día, voy a punto de colapsar en el coche. Me quedo en la entrada del hospital y camino nerviosa. Me registran y me indican dónde esperar. Pasado un tiempo, me toca entrar. El doctor es amable conmigo y me dice que no llore, que todo estará bien. Me quedo a esperar el resultado y me lo entregan sellado. Les dije que prefería leerlo en casa, y así lo hice. Me fui a casa, esta vez peor que cómo llegué. Al llegar a mi hogar, me siento en el sofá, suspiro sabiendo que todo puede cambiar para bien o mal sea cual sea el resultado y llenándome de la valentía que no tenía, abro el sobre. "Aurora Acosta, tiene cinco semanas de embarazo. Favor pasar a hacerse un eco en tres semanas si desea." Mi corazón empezó a latir frenéticamente y corrí al basurero a vomitar. Lloré, ll
—¿Se le ofrece algo, Director?— pregunté, pero él entró sin esperar que le de el permiso de pasar. Cerré la puerta y me giré, disimulando lo mal que me sentía. Su mirada era sombría. —¿Estás enferma?— preguntó sin rodeos. —¿Está aquí por eso? Pudo preguntarme por mensaje de texto— —Respóndeme lo que te pregunté—. Su tono fue seco. Me lastimaba. —No estoy enferma, y hágame el favor de bajarme el tono. Soy su empleada, pero esta es mi casa, no su empresa— Alzó una ceja. —Discúlpeme por el tono tan alto, tiene razón— Su voz bajó un poco, pero su actitud despectiva no cambió —Fuiste al médico, pero no dijiste que te sucede— —Solo estaba resfriada, señor. No se moleste, ha pasado mucho tiempo desde eso. ¿A qué viene ahora?— Su mirada me acusaba. —Por eso te pregunto: ha pasado mucho y te ves decaída. No estás rindiendo como antes. ¿Algo que no sepamos?— —¿Le preocupa que no esté haciendo horas extras ni rindiendo igual?— —No, eso no me preocupa. Me preocupa que mis empleados es
La rueda de prensa fue un éxito, y el tiempo que pasé fuera de Reino Unido se alargó más de lo esperado. Este viaje no estaba pautado; se suponía que sería dentro de un mes, pero todo se adelantó y simplemente tomé un vuelo. Ni siquiera tuve tiempo de contratar a Georgina.Me gusta estar concentrado, y para evitar su frialdad, mejor me fui con el recuerdo de la noche anterior en la que nos devoramos sin control. Con la pasión con la que se aferró a mi espalda, los rasguños que dejó en mi piel y la forma en que su cuerpo me pedía más.No sé si pude pensar en otra cosa durante el vuelo, porque lo único que me invadía la mente era ella:Ella sobre mí; su cintura se movía com lentitud demostrando lo inexperta que era, pero cuando profundizaba, no podia parar de gemirle.Yo sobre ella; mis embestidas duras, su choque contra mi pelvis, las piernas ligeramente abierta y mi boca entre ellas.Sus gemidos en mi oído, su sabor en mi boca.Sus pechos duros por el placer, estremeciéndose con cada