Capítulo 5

Me hundo bien profundo, provocándole un grito placentero mientras mi semen la llena por completo. La aprieto con fuerza, soltando un gemido de puro placer al derramarme dentro de ella, con una única intención clavada en mi mente.

Mi cuerpo reposa sobre el suyo, ambos agotados, empapados en sudor y jadeando en la oscuridad de la habitación. El sueño nos atrapa sin poder resistir.

A la mañana siguiente, despierto temprano. Tengo una reunión importante. Me ducho rápido, me visto con elegancia y preparo el desayuno. Antes de marcharme, dejo una pastilla para la resaca y una nota junto al desayuno. Le explico que tuve que irme temprano por trabajo y que preferí no despertarla porque se veía demasiado cómoda en mi cama.

**

Me despierto con una sensación de resaca brutal, mi cabeza late como si me estuvieran golpeando por dentro. Me estiro, disfrutando la suavidad de las sábanas, hasta que la realidad me golpea: no estoy en mi casa. Me siento de golpe y el dolor en mi cabeza se intensifica.

Estoy desnuda, envuelta en un aroma masculino que no es familiar. El recuerdo de la noche anterior me invade de repente: su cuerpo, su lengua, sus manos explorándome, su voz grave y el placer que me hizo sentir.

Miro a mi lado. No hay nadie. Solo una bandeja con desayuno, una pastilla y una nota. La leo con rapidez. Es de él... Leo.

Mi mirada cae sobre las sábanas blancas y veo la mancha de sangre. Me sonrojo de inmediato. Busco desesperadamente sábanas limpias, pero no encuentro nada. Qué vergüenza... ¿Qué habrá pensado al ver esto?

Suspiro, tratando de calmarme. Me tomo la pastilla con el jugo, me visto rápido y me lavo la cara. Mi celular vibra. Es mi compañera de trabajo, Liliana.

~Oye, acuérdate que hoy hay una reunión importante. El nuevo director se presentará, así que llega temprano~

~No creo que llegue a tiempo. Cúbreme~

~¿Estás loca? ¿Quieres que te despidan?~

~Invéntate lo que sea, pero cúbreme.~

Le cuelgo sin darle tiempo de insistir. Salgo del penthouse apresurada y tomo un taxi hasta mi departamento. Al llegar, me visto a toda prisa: falda de tubo, botas marrones, una blusa de seda y un blazer negro. Me recojo el cabello, pero al mirarme al espejo noto un enorme chupetón en mi cuello.

—¡Mierda!—

Intento taparlo con maquillaje, pero es inútil. Resoplo y termino cambiando la blusa por un suéter de cuello alto color caqui. Tomo mi bolso y salgo corriendo, llegando una hora tarde por primera vez en mi vida.

Paso por un café en el camino. Justo cuando estoy por entrar a la oficina, una voz profunda me congela.

—Señorita Georgina, llega tarde y todavía se da el lujo de pasar por un café antes de entrar a la reunión—

Mi cuerpo se tensa. Reconozco esa voz, es uno de mis superiores, un ser humano inhumano.

Me giro lentamente y me encuentro con unos ojos que me fulminan con descaro.

—L-lo siento... No volverá a pasar—

—Eso espero, ya que hoy no era el día que debía elegir para llegar tarde. Vaya a la sala de juntas. El director ya está con los demás empleados—

Asiento nerviosa y camino lo más rápido que puedo. Cuando llego a la puerta, respiro profundo antes de entrar. Intento recomponerme, pero en cuanto mis ojos se posan en el nuevo director, el mundo se me viene abajo.

Es él.

Sandro Volkov.

El hombre que anoche me tuvo debajo de él, gimiendo su nombre.

Mis manos tiemblan y aprieto el vaso de café con tanta fuerza que termino derramándolo sobre mi piel.

—¡Lo sie-nto! —balbuceo, tratando de no hacer más el ridículo.

—¿Se encuentra bien, señorita Acosta? —pregunta con un tono descarado.

Trago saliva. ¿Así que esto era un maldito juego para él?

—Sí... Estoy bien. Buenos días a todos. Tuve un imprevisto y por eso llegué tarde—

—No se preocupe. Todos tenemos imprevistos. Aunque, según lo que sé, usted es una persona bastante puntual...—

Mis mejillas arden de vergüenza. No puedo mirarlo a la cara. Me siento junto a Liliana, quien me lanza una mirada de advertencia mientras me pasa una servilleta.

Él empieza a hablar.

—Mi nombre es Sandro Volkov. Nací en Rusia, pero viví en este país hasta los siete años. Luego volví a Rusia, donde completé mis estudios y, con el tiempo, mi padre decidió fundar esta empresa—

No puedo concentrarme en sus palabras. Mi mente sigue atrapada en las sábanas de su cama, en su boca devorándome, en la forma en que me miraba mientras su boca y su lengua al conjunto me daban un placer exquisito.

—Señorita Georgina ¿se encuentra bien?— las miradas se centran en mí.

«¡maldito infeliz!» resuena en mi cabeza.

—S-sí, perdón es que no descanse bien— respondo con sarcasmo.

—Es válido, usted es una mujer que trabaja mucho. Pediré que la dejen ir más temprano el día de hoy—

—Que amable señor, pero no—

Lo quería matar. Es un cínico.

—Continuamos. Mattresses Sweet Dream nació por una razón muy simple —continúa.

—Yo solía tener problemas para dormir. Sentía que ningún colchón era lo suficientemente cómodo, así que mi padre decidió crear uno tan suave que, en cuanto tu espalda lo tocara, el sueño te atrapara. Fue un gran esfuerzo, pero nada es imposible cuando se trabaja duro—

Su mirada se clava en la mía con una intensidad peligrosa. La noche pasada no fue un accidente. Él siempre supo quién era yo. Y ahora... ahora estoy atrapada en su juego.

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