Ava es una joven dispuesta a hacer todo lo posible para ayudar económicamente a su familia, acepta el trabajo de niñera para Adrian, un niño de cinco años con un comportamiento rebelde que ha sido expulsado de varias guarderías. El problema no es solo el niño, sino también su padre, Ethan Moreau: un empresario exitoso, frío, distante y emocionalmente marcado por el dolor. Ethan no busca una niñera común; necesita a alguien capaz de manejar a Adrian, quien ha sido una fuente constante de conflictos. Sin embargo, Ava y Ethan chocan desde el principio. Ethan, devastado por el engaño de su esposa, quien lo abandonó por su dinero y poder, dejó atrás una carta cruel que lo despojó de todo amor, insinuando que Adrian ni siquiera era su hijo. El dolor que arrastra de la traición lo ha convertido en una persona incapaz de confiar, especialmente en mujeres. A pesar de la tensión entre ellos, Ava pronto descubrirá que, detrás de la fachada de Ethan, hay un hombre roto que aún guarda secretos oscuros sobre su pasado y su hijo. Ella será quien le de luz a esa familia y en especial el amor que el pequeño necesita.
Leer másEl eco de las palabras de Arthur aún flotaba en el aire, reverberando como una campana recién golpeada, cuyo sonido se negaba a morir. La frase que había pronunciado se clavó en la atmósfera de la oficina como un cuchillo en madera húmeda, lenta y profundamente. Ethan, con el ceño fruncido y el vaso de whisky olvidado sobre la mesa, se dejó caer pesadamente en el sofá de cuero oscuro, el mismo que lo había acompañado en noches interminables de decisiones y pérdidas. El crujido del cuero protestó ante su peso, como si también estuviera cansado de cargarlo, como si comprendiera el peso que el hombre llevaba en los hombros.Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas. Sus manos temblorosas se elevaron hasta cubrir su rostro, y aunque no lloraba, su respiración temblaba, y en su pecho se acumulaba un ardor conocido: el de la impotencia. Las sombras en la habitación parecían más densas esa noche, más pesadas, como si los recuerdos se hubieran materializado para escucharlo
Capítulo: "Estrella de la suerte" Ava y Ethan estaban sumidos en el fragor de su cita, mientras el resto de la casa continuaba su curso, aunque a un ritmo mucho más relajado. Adrián y Donkan, con sus cabellos alborotados y su mirada juguetona, tenía otros planes en mente. Mientras Ethan y Ava se sumergían en un mundo de risas y complicidad, su hijo pequeño había decidido hacer algo que, aunque parecía simple, estaba cargado de una profundidad que solo los niños más sensibles podían comprender. Arthur, como siempre, había estado dispuesto a ayudar. El asistente de Ethan, con su característico humor y presencia, había acompañado a Adrián y a Donkan en su misión secreta de comprarle un regalo a Ava. A pesar de su naturaleza juguetona y rebelde, Adrián tenía un corazón lleno de sentimientos genuinos, y aunque era difícil verlo, ese niño sabía cuándo y cómo mostrar su amor. Sabía que Ava se había convertido en algo importante en su vida. Ella lo había cuidado, lo había guiado en sus mo
La mañana había comenzado con una suave brisa que rozaba las ventanas abiertas, trayendo consigo los aromas frescos del jardín que rodeaba la casa de Ethan. El sol, aún tímido, apenas iluminaba los rincones más alejados del vasto terreno, pero el ambiente estaba impregnado de una calma única, como si el mundo estuviera en pausa, esperando algo especial.Ethan se encontraba en la cocina, preparando el desayuno. Mientras batía los huevos, su mente no dejaba de pensar en Ava. Habían pasado un par de semanas desde que su relación se había fortalecido de una manera inesperada, y ahora, con los niños ocupados, sentía que era el momento perfecto para sorprenderla. No solo quería que fuera un día perfecto, sino que necesitaba que fuera algo que ella recordara con una sonrisa.Tomó el teléfono y escribió un mensaje corto a Arthur, su fiel asistente:“Arthur, ¿puedes encargarte de los niños hoy? Tengo algo importante que hacer con Ava. Por favor, asegúrate de que se diviertan. —Ethan.”En cuant
Donkan con su mirada curiosa y su andar vacilante, se unió a ellos, y en cuanto vio el picnic preparado por Adrián, una sonrisa se desplegó en su rostro. Sus ojos brillaron, iluminados por una mezcla de sorpresa y alegría, una respuesta pura ante el esfuerzo de su amiguito.Ava, con la calidez de su afecto, se agachó frente a él, tomando su manita y dándole un suave apretón.—¡Mira, Donkan!— dijo Ava, señalando el pequeño festín en el centro de la manta, rodeado de cojines de colores brillantes. —¿Te gusta?Donkan, con su tono de voz inocente pero lleno de entusiasmo, miró a su alrededor, sus ojos se detuvieron en el oso de peluche con la corona de papel. Se acercó a él, miró a Ava y a Adrián y sonrió con una alegría simple pero genuina.—¡Sí! ¡Es como un picnic de reyes!— exclamó, saltando en el lugar.Ava se echó a reír y acarició la cabeza de Donkan con ternura. Sentada en el pasto, observaba a los niños, y algo dentro de ella se removió. La tranquilidad momentánea la envolvía, y p
El sol comenzaba a descender en el horizonte. El aire fresco de la tarde se filtraba entre los árboles del extenso jardín, creando una atmósfera tranquila, casi idílica. Pero en medio de aquella paz, un pequeño de cabellos oscuros y ojos traviesos estaba tramando algo.Adrián había pasado toda la tarde después de volver del parque recolectando cojines, mantas y sus juguetes favoritos. Tenía un plan, uno que requería una ejecución impecable. No era solo una de sus travesuras habituales; esta vez, su objetivo era algo más noble, aunque igualmente travieso: hacer sonreír a Ava.La había observado en silencio, notando cómo su expresión se tornaba melancólica cuando creía que nadie la miraba. Sabía que todo lo que estaba pasando con su madre y su hermano menor, Donkan, pesaba sobre ella. Y si había algo que Adrián odiaba, era ver a su "casi mamá" triste.Con la determinación de un general liderando una misión secreta, corrió al despacho de Ethan. Su padre estaba sentado tras su escritorio
La tensión no había desaparecido del todo desde el desayuno, pero los niños seguían ajenos a la carga emocional que pesaba sobre los adultos. Donkan, siempre inquieto, había preguntado por su madre, una pregunta que había desmoronado por completo la falsa normalidad de la mañana. Ethan ahora observaba a los dos pequeños en la mesa, con sus risas y juegos, mientras una nube de melancolía oscurecía el ambiente.Ava, sentada al lado de él, parecía absorta en sus propios pensamientos. Su mente se debatía entre la necesidad de ser fuerte para su hermano pequeño y el dolor que cada día le recordaba lo inevitable. Cada minuto parecía más pesado que el anterior, cada respiración más difícil de sostener. No era solo la angustia de lo que vendría, sino también el hecho de que no podía evitar preguntarse cómo serían las cosas después, cómo podría reconstruir su vida cuando todo esto terminara.Fue Ethan quien, por fin, rompió el silencio.—Adrián, ven —dijo con voz suave, llamando al niño que ju
El desayuno transcurrió en silencio, como si el ruido de la vida cotidiana hubiera sido absorbido por la tristeza que pesaba sobre todos los presentes. Donkan y Adrián, ajenos a la preocupación de los adultos, comieron con entusiasmo, con su energía desbordando el espacio que los rodeaba. Ambos niños, sin comprender completamente la gravedad de la situación, se sumergieron en sus propias conversaciones sobre los planes para el día. Donkan, con su naturaleza curiosa y su mente siempre en movimiento, mencionaba que quería jugar con sus coches de carreras, mientras Adrián, más centrado, comentaba que preferiría leer su libro de aventuras.Sin embargo, a pesar del bullicio infantil, había una clara desconexión en la mesa. Ethan y Ava se lanzaban miradas cómplices, esas miradas cargadas de significados no expresados, de silenciosos acuerdos y decisiones que aún tenían que tomarse. Cada uno sentía el peso de lo que estaba por venir, un peso que no podía ser aliviado con palabras. Sus ojos
Arthur terminó su café y estaba a punto de retirarse cuando escuchó la voz de Ethan a sus espaldas.—¿Disfrutaste viendo a Ava?Arthur sonrió con ligereza, comprendiendo el tono bromista de su jefe. Se giró y recargó una mano en la encimera, observando a Ethan con una ceja en alto.—Ava es encantadora, jefe. Se sacó la lotería con ella.Ethan soltó una leve carcajada y asintió.—No tengo duda en eso.Por un momento, la expresión de Ethan se suavizó, como si su mente divagara por recuerdos cálidos y preciados. Sin embargo, la sensación duró poco. Un suspiro escapó de sus labios, y su postura perdió un poco de su habitual confianza. Sus hombros se relajaron levemente, sus ojos adquirieron un matiz de preocupación y su mandíbula se tensó de manera casi imperceptible.Arthur, que lo conocía bien, notó el cambio inmediato en su semblante. No era común ver a Ethan así. Su jefe siempre mantenía una imagen de control absoluto, de alguien que nunca titubeaba ni se dejaba afectar por los proble
La noche había caído completamente cuando Ethan y Ava llegaron a casa. El cielo era un manto de terciopelo negro salpicado de estrellas titilantes, y el aire tenía esa frescura característica de las noches tranquilas. La mansión, imponente y elegante, estaba en completo silencio, apenas interrumpido por el murmullo del viento que hacía crujir las ramas de los árboles en el extenso jardín. Un par de faroles iluminaban la entrada con una luz tenue, proyectando sombras largas sobre el camino de piedra.Ethan apagó el motor del auto y giró el rostro hacia Ava. La observó con atención, notando lo agotada que estaba. Sus ojos, normalmente vibrantes y llenos de vida, estaban entrecerrados, y su postura delataba un cansancio extremo.—Llegamos —murmuró con suavidad, posando una mano cálida sobre su hombro.Ava parpadeó lentamente, como si procesara con retraso sus palabras. Asintió y se estiró, sintiendo cómo su cuerpo protestaba después de un día interminable.—Por fin… —susurró con un boste