Ava dudó por un instante antes de aceptar la oferta de Ethan para que la llevara a su casa. La lluvia había comenzado a caer con fuerza, y aunque preferiría estar en casa tranquila, evitando cualquier otro enfrentamiento con él, la necesidad de salir de allí, de escapar de la tensión, era más fuerte. Ethan, con su tono dominante y esa actitud fría que la desconcertaba tanto, insistió sin titubeos.—Sube al coche, Ava. No voy a dejarte ir bajo la lluvia —dijo él, sin mirar hacia ella.Ava no tenía muchas opciones. No iba a caminar bajo la lluvia y, a pesar de todo, no tenía ganas de discutir más. Sus pensamientos se encontraban enredados, y la salida de la mansión, junto a Ethan, era la única forma de aclararlos, aunque la incomodidad del momento lo hiciera aún más difícil.Con una pequeña exhalación, Ava subió al coche y, tan pronto como se acomodó, la carretera se desplegó ante ellos como un espacio vacío, tal vez tan vacío como el silencio entre ellos. Ethan no decía nada, y ella ta
A la mañana siguiente, Ava preparó el desayuno con una rapidez casi mecánica. Le dio la medicina a su madre y, tras dejarla descansando, salió nuevamente hacia la mansión de los Moreau. Al llegar, se sorprendió al ver a Adrián sentado en la mesa, concentrado en un dibujo. Se acercó en silencio y observó el trabajo del niño. Cuando Adrián la vio, le mostró su dibujo con una sonrisa orgullosa. —¡Mira, Ava! ¡Te dibujé! —exclamó, con sus ojos brillando con emoción. Ava se agachó y, al ver la imagen, se quedó sin palabras. El dibujo mostraba a una figura fuerte, con capa y todo, representándola como una superheroína. —¿Qué harías si fueras una superheroína? —preguntó Adrián, su voz llena de esperanza. Ava miró el dibujo, y sin pensarlo mucho, le sonrió. —Creo que si fuera una superheroína, usaría mis poderes para proteger a los demás —dijo, tocando suavemente el dibujo. Adrián la miró fijamente y, por primera vez en días, se permitió abrir su corazón. —Si yo fuera un superhéroe… —
Ethan cerró la puerta del estudio detrás de él con más fuerza de la que pretendía, escuchando el retumbante sonido del golpe contra la pared. La molesta conversación con Ava aún resonaba en su mente. No entendía cómo ella podía rechazar la oferta que le había hecho. ¿Qué más quería? Le había ofrecido un sueldo triple, le había ofrecido tiempo libre para que pudiera ocuparse de su vida personal. ¿Por qué no aceptaba? Pero, lo que realmente lo inquietaba, era que no podía dejar de pensar en la forma en que ella hablaba de Adrián. Con su tono suave, esa chispa de amor en sus ojos cada vez que mencionaba al niño. ¿Qué quería decir eso? ¿Por qué le importaba tanto el bienestar de Adrián? Y, aún más importante, ¿por qué le molestaba tanto que a Ava pareciera importarle? Arthur lo miró desde su escritorio, levantando la vista de los papeles que había estado revisando. La expresión en el rostro de Ethan era de frustración pura, y, aunque intentaba disimularlo, la rabia se filtraba a travé
Ava, ajena a sus pensamientos, continuó hablando sobre lo bien que se lo había pasado con Adrián. Finalmente, Ethan, sin poder soportarlo más, volvió a lanzar la pregunta: —¿Por qué no trabajas a tiempo completo para mí? Te triplicaré el sueldo. Ava, mirando al frente, no le dio una respuesta inmediata. No quería decir lo que realmente pensaba, pero lo dijo de todos modos. —Tengo que cuidar a mi familia, Ethan —respondió de manera sencilla, sin darse cuenta de lo que esas palabras realmente significaban para él. Finalmente, llegaron a su destino. Ethan estacionó el coche, y cuando se bajaron, él la miró de nuevo. —Piensa en Adrián —le dijo, casi como una orden. Luego, dio un paso atrás y la dejó ir, observando cómo su figura se alejaba. Ethan, con el peso de sus pensamientos, regresó al coche, mirando por el retrovisor. Una sonrisa, aunque pequeña, apareció en su rostro. Por primera vez en mucho tiempo, algo parecía despertar en él. Sin embargo, rápidamente la reprimió, pensa
Ethan pasó la mañana en su oficina, sumido en una maraña de correos y reuniones que parecían interminables. Su mente, entrenada en números y estadísticas, no lograba despejarse, y aunque de vez en cuando pensaba en su familia, en su hijo, esos pensamientos desaparecían casi al instante, ahogados por el peso de su indiferencia habitual. Lo que le inquietaba no era la carga de trabajo, sino algo más profundo, algo que comenzaba a gestarse dentro de él, como un cambio que no podía ignorar pero que aún no lograba entender. Cuando llegó a su oficina, Victoria lo esperaba, como siempre. Con su juventud, su belleza y su actitud arrogante, se sentó con una sonrisa en los labios, sabiendo que su presencia sería suficiente para distraerlo de sus preocupaciones. Ethan levantó la mirada brevemente, pero no mostró el menor interés. —¿Y bien, cuándo vamos a hacer esto oficial? —preguntó Victoria, alzando una ceja con un tono sugerente, buscando que él se decidiera finalmente a comprometerse más
La mañana comenzó con el sonido de unos pequeños pasos corriendo por el pasillo de la mansión. Adrián irrumpió en la oficina de su padre con la energía de siempre, pero con una expresión contrariada.—Papá, ¿dónde está Ava? —preguntó sin rodeos, subiendo a la silla frente al escritorio de Ethan y balanceando sus pies.Ethan, quien revisaba unos documentos financieros, apenas alzó la vista.—No vendrá más.—¿Por qué no? —insistió Adrián, frunciendo el ceño.—Porque así lo decidí —sentenció Ethan con frialdad, cerrando la carpeta y cruzando los brazos.Adrián se quedó en silencio unos segundos y luego pateó la silla con frustración.—¡Yo la quiero aquí!Ethan suspiró, masajeándose el puente de la nariz. No tenía paciencia para esto.—No siempre puedes tener lo que quieres, Adrián.—Pero yo la extraño —murmuró el niño, bajando la cabeza—. Quiero que me lea cuentos antes de dormir.Ethan endureció su expresión. No iba a ceder. Ava ya no formaba parte de sus vidas, y eso era lo mejor para
Ava despertó con un punzante dolor de cabeza. La luz que se filtraba por la ventana no hizo más que agravar su malestar, obligándola a entrecerrar los ojos. Lo único que podía distinguir era la sensación de una presión inusual en su cuerpo, como si estuviera siendo abrazada fuertemente. Sin embargo, eso no era lo más desconcertante. El hecho de que esa presión proviniera de unos brazos que la rodeaban con fuerza, sin querer soltarla, la hizo fruncir el ceño. Intentó recordar lo que había sucedido la noche anterior. Su mente estaba nublada, confusa, llena de fragmentos dispersos. Imágenes borrosas de un cuerpo masculino, besos ardientes, la sensación de un deseo salvaje… y luego, un vacío. Fue lo único que logró recordar con claridad, y ese vacío la aterraba. De repente, un suave movimiento en su cintura la hizo reaccionar. Al darse cuenta de que alguien estaba acostado junto a ella, su corazón comenzó a latir más rápido. Miró hacia su lado y, para su sorpresa, vio a Ethan, dormido,
Ava salió de la habitación con prisa, sintiendo la urgencia de escapar de Ethan Moreau. Su cuerpo temblaba, y no era solo por el frío; era la tormenta interna que se desataba dentro de ella. Cada paso que daba parecía más pesado que el anterior, pero no podía detenerse, no quería pensar en lo que acababa de suceder.—¡Idiota, idiota, idiota! —se dijo a sí misma, dándose leves golpecitos en la frente como si eso pudiera borrar la sensación de Ethan de su mente.¿Cómo había podido caer en esa trampa? ¿Cómo pudo haberse dejado tocar, besar, y ceder ante ese hombre que, ella sabía, solo la veía como un pasatiempo? Ethan Moreau era el prototipo de la arrogancia y el control, y, sin embargo, allí estaba ella, deshecha por él.—No volverá a pasar —se prometió en voz baja, pero algo en su interior sabía que sus palabras carecían de toda convicción.El sonido de sus pasos resonaba en las calles solitarias, mientras la brisa fresca acariciaba su rostro. Necesitaba calmarse, pensar con claridad.