Ava permaneció en la sala después de que Ethan se fuera, con las palabras que había pronunciado todavía resonando en su mente. Se había quedado con la sensación de haber dicho algo importante, pero también con la incertidumbre de si había logrado algo. No era la primera vez que intentaba llegar a Ethan, pero a cada intento, las paredes de él parecían hacerse más gruesas y más altas. Aun así, en algún lugar de su interior, ella sabía que no podía rendirse. Si había algo que había aprendido con Adrián era que la perseverancia podía hacer maravillas. Suspiró profundamente, dejando que el aire se llenara de quietud. Por la mañana siguiente, la mansión era tan grande que a veces sentía que todo en ella estaba separado por un abismo. No era solo la distancia física; era la emocional. No solo entre ella y Ethan, sino también entre Adrián y su propio padre. Como un espectador distante, observaba cómo la figura paterna, que debería haber sido el refugio más seguro, se desmoronaba ante los
La casa estaba en silencio cuando Ava se despidió de Adrián. Lo dejó dormido, acurrucado entre las sábanas de su cama, envuelto en un sueño que, esperaba, fuera reparador para el pequeño que parecía cargar con demasiados temores para alguien de tan corta edad. Con un suspiro, Ava cerró la puerta suavemente y, tras un vistazo a la mansión, se alejó de la habitación. Aunque había sido un día largo, su mente no podía dejar de pensar en la tensión que se había ido acumulando entre Adrián y su padre. Un padre que, según ella, no solo era distante, sino incapaz de ofrecer lo más básico: cariño. El trayecto hacia su casa fue tranquilo, pero cada kilómetro recorría el terreno fértil de sus pensamientos. Llegó sin notarlo, como siempre, cuando la mente está ocupada más allá de las preocupaciones cotidianas. Cuando entró a su hogar, encontró a su madre en la sala, rodeada por sus plantas, como siempre. La calidez de la casa la recibió, pero no logró apaciguar la tormenta de emociones que tr
Ava dudó por un instante antes de aceptar la oferta de Ethan para que la llevara a su casa. La lluvia había comenzado a caer con fuerza, y aunque preferiría estar en casa tranquila, evitando cualquier otro enfrentamiento con él, la necesidad de salir de allí, de escapar de la tensión, era más fuerte. Ethan, con su tono dominante y esa actitud fría que la desconcertaba tanto, insistió sin titubeos.—Sube al coche, Ava. No voy a dejarte ir bajo la lluvia —dijo él, sin mirar hacia ella.Ava no tenía muchas opciones. No iba a caminar bajo la lluvia y, a pesar de todo, no tenía ganas de discutir más. Sus pensamientos se encontraban enredados, y la salida de la mansión, junto a Ethan, era la única forma de aclararlos, aunque la incomodidad del momento lo hiciera aún más difícil.Con una pequeña exhalación, Ava subió al coche y, tan pronto como se acomodó, la carretera se desplegó ante ellos como un espacio vacío, tal vez tan vacío como el silencio entre ellos. Ethan no decía nada, y ella ta
A la mañana siguiente, Ava preparó el desayuno con una rapidez casi mecánica. Le dio la medicina a su madre y, tras dejarla descansando, salió nuevamente hacia la mansión de los Moreau. Al llegar, se sorprendió al ver a Adrián sentado en la mesa, concentrado en un dibujo. Se acercó en silencio y observó el trabajo del niño. Cuando Adrián la vio, le mostró su dibujo con una sonrisa orgullosa. —¡Mira, Ava! ¡Te dibujé! —exclamó, con sus ojos brillando con emoción. Ava se agachó y, al ver la imagen, se quedó sin palabras. El dibujo mostraba a una figura fuerte, con capa y todo, representándola como una superheroína. —¿Qué harías si fueras una superheroína? —preguntó Adrián, su voz llena de esperanza. Ava miró el dibujo, y sin pensarlo mucho, le sonrió. —Creo que si fuera una superheroína, usaría mis poderes para proteger a los demás —dijo, tocando suavemente el dibujo. Adrián la miró fijamente y, por primera vez en días, se permitió abrir su corazón. —Si yo fuera un superhéroe… —
Ethan cerró la puerta del estudio detrás de él con más fuerza de la que pretendía, escuchando el retumbante sonido del golpe contra la pared. La molesta conversación con Ava aún resonaba en su mente. No entendía cómo ella podía rechazar la oferta que le había hecho. ¿Qué más quería? Le había ofrecido un sueldo triple, le había ofrecido tiempo libre para que pudiera ocuparse de su vida personal. ¿Por qué no aceptaba? Pero, lo que realmente lo inquietaba, era que no podía dejar de pensar en la forma en que ella hablaba de Adrián. Con su tono suave, esa chispa de amor en sus ojos cada vez que mencionaba al niño. ¿Qué quería decir eso? ¿Por qué le importaba tanto el bienestar de Adrián? Y, aún más importante, ¿por qué le molestaba tanto que a Ava pareciera importarle? Arthur lo miró desde su escritorio, levantando la vista de los papeles que había estado revisando. La expresión en el rostro de Ethan era de frustración pura, y, aunque intentaba disimularlo, la rabia se filtraba a travé
Ava, ajena a sus pensamientos, continuó hablando sobre lo bien que se lo había pasado con Adrián. Finalmente, Ethan, sin poder soportarlo más, volvió a lanzar la pregunta: —¿Por qué no trabajas a tiempo completo para mí? Te triplicaré el sueldo. Ava, mirando al frente, no le dio una respuesta inmediata. No quería decir lo que realmente pensaba, pero lo dijo de todos modos. —Tengo que cuidar a mi familia, Ethan —respondió de manera sencilla, sin darse cuenta de lo que esas palabras realmente significaban para él. Finalmente, llegaron a su destino. Ethan estacionó el coche, y cuando se bajaron, él la miró de nuevo. —Piensa en Adrián —le dijo, casi como una orden. Luego, dio un paso atrás y la dejó ir, observando cómo su figura se alejaba. Ethan, con el peso de sus pensamientos, regresó al coche, mirando por el retrovisor. Una sonrisa, aunque pequeña, apareció en su rostro. Por primera vez en mucho tiempo, algo parecía despertar en él. Sin embargo, rápidamente la reprimió, pensa
Ethan pasó la mañana en su oficina, sumido en una maraña de correos y reuniones que parecían interminables. Su mente, entrenada en números y estadísticas, no lograba despejarse, y aunque de vez en cuando pensaba en su familia, en su hijo, esos pensamientos desaparecían casi al instante, ahogados por el peso de su indiferencia habitual. Lo que le inquietaba no era la carga de trabajo, sino algo más profundo, algo que comenzaba a gestarse dentro de él, como un cambio que no podía ignorar pero que aún no lograba entender. Cuando llegó a su oficina, Victoria lo esperaba, como siempre. Con su juventud, su belleza y su actitud arrogante, se sentó con una sonrisa en los labios, sabiendo que su presencia sería suficiente para distraerlo de sus preocupaciones. Ethan levantó la mirada brevemente, pero no mostró el menor interés. —¿Y bien, cuándo vamos a hacer esto oficial? —preguntó Victoria, alzando una ceja con un tono sugerente, buscando que él se decidiera finalmente a comprometerse más
La mañana comenzó con el sonido de unos pequeños pasos corriendo por el pasillo de la mansión. Adrián irrumpió en la oficina de su padre con la energía de siempre, pero con una expresión contrariada.—Papá, ¿dónde está Ava? —preguntó sin rodeos, subiendo a la silla frente al escritorio de Ethan y balanceando sus pies.Ethan, quien revisaba unos documentos financieros, apenas alzó la vista.—No vendrá más.—¿Por qué no? —insistió Adrián, frunciendo el ceño.—Porque así lo decidí —sentenció Ethan con frialdad, cerrando la carpeta y cruzando los brazos.Adrián se quedó en silencio unos segundos y luego pateó la silla con frustración.—¡Yo la quiero aquí!Ethan suspiró, masajeándose el puente de la nariz. No tenía paciencia para esto.—No siempre puedes tener lo que quieres, Adrián.—Pero yo la extraño —murmuró el niño, bajando la cabeza—. Quiero que me lea cuentos antes de dormir.Ethan endureció su expresión. No iba a ceder. Ava ya no formaba parte de sus vidas, y eso era lo mejor para