Inculpada por un asesinato que no cometió y sobreviviente de un brutal intento de homicidio que destrozó su rostro, Anastasia ha aguardado pacientemente durante siete largos años. Con una nueva identidad, regresa para ejecutar su venganza y recuperar lo que le pertenece. Dmitry, un hombre envuelto en sombras y con un pasado tan oscuro como el de ella, comparte el mismo enemigo. Lo que empieza como una alianza por venganza pronto se convierte en una atracción inevitable. Sin embargo, Dmitry guarda un secreto que podría destruir todo lo que están construyendo juntos. Cuando la verdad salga a la luz, Anastasia deberá tomar una difícil decisión: ¿es la venganza suficiente para sanar sus heridas, o el amor que ha encontrado en Dmitry es más fuerte que el odio que los unió?
Ler mais༻ 6 MESES ATRÁS ༺—¿Los mataste? —pregunta mientras mantiene su mirada al frente.—¿Qué?Grigori escucha la pregunta y solo parpadea, sorprendido por la forma fría y directa presente en su tono.—A los hombres que secuestraron a la niña— dice, ahora en un tono bajo, con miedo de la respuesta que puede recibir—. ¿Los mataste?Grigori guarda silencio por un momento y solo lo observa de reojo. Arman sigue con la mirada clavada en la carretera, su agarre en el volante más firme de lo necesario y aunque no ve sus ojos, su tono deja en claro que tiene miedo.—Sí —responde sin titubeos.Arman cierra los ojos un instante antes de soltar un largo suspiro.—Pensé que intentarías justificarte—confiesa con pesadez.—No hay justificación que quieras escuchar. Si esperas una mentira la cual resignarte a creer, no esperes recibirla de mi parte. No voy a construir una relación sobre escombros de verdad disfrazadas. Sé lo que hice, y lo volvería a hacer si fuera necesario.—Parece que solo tengo dos o
En el jardín casi todo está listo. Los invitados han comenzado a llegar y tomar sus lugares, susurrando con emoción mientras los músicos afinan los instrumentos y los meseros pasan con bandejas de champagne. La tarde ha comenzado a teñirse con los tonos dorados del atardecer, cubriendo todo con una luz cálida y suave. Grigori, de pie a un lado, pasa su mano por el bolsillo interior de su chaqueta, asegurándose de que la pequeña caja con los anillos siga ahí. No es que desconfíe de sí mismo, pero en un evento como este, cualquier error podría ser catastrófico y lo último que quiere es aguantar la histeria de Dmitry. Una vez que confirma que todo está en su lugar, deja escapar un suspiro y alza la mirada, justo a tiempo para ver a un mesero pasar frente a él con una bandeja repleta de copas de champagne. Sin pensarlo demasiado, llama la atención del mozo y extendiendo su mano, toma una de las copas y le bebe toda de un solo trago.El burbujeante líquido se desliza por su garganta refr
El jardín está iluminado por la luz cálida del comienzo del atardecer y las luces artificiales que cuelgan delicadamente entre los árboles, creando una atmósfera mágica que parece sacada de un cuento de fantasía. El césped está impecable, con pétalos de flores esparcidos estratégicamente sobre el camino que lleva al altar, y el lago, a la distancia, refleja la belleza del sol de la tarde en su superficie tranquila. Una vez que se encuentran en el patio, Arman baja a Layeska con suavidad y, en cuanto sus pies tocan el suelo, la no duda en correr para buscar a Vera, dejándolo solo por un instante. Al verla correr, Arman sonríe y poco después, su mirada se encuentra con la de Anastasia.Al ver a su mejor amiga, su corazón late con fuerza. Está allí, de pie entre los arreglos florales, luciendo un vestido de capas etéreas que la envuelve con la gracia de una princesa de cuentos fantásticos. Su cabello está recogido en un elegante moño con mechones sueltos enmarcando su rostro y el delica
La situación dentro de la habitación de Anastasia es un desastre.Vera ronda la habitación intentando calmar a Layeska, Arman se encuentra apoyado contra la puerta del baño, golpeando suavemente con los nudillos mientras intenta, por enésima vez en dos horas, hacer que Anastasia salga de allí.—Vamos, Anastasia… Esto no es el fin del mundo —dice con toda la paciencia que puede reunir e intentar transmitir.—¡Sí lo es! —grita ella desde el otro lado, su voz notándose ahogada por los sollozos que deja salir—. ¡Faltan cuatro horas para la boda y mi vestido no está aquí! ¡Es un mal augurio, Arman!, un pésimo augurio!Al escuchar esas palabras, Arman aprieta los ojos con cansancio y se aparta un poco de la puerta para masajearse el puente de la nariz.—No es un mal augurio. Es un simple retraso, nada más —intenta razonar con ella—. Ya llamaron de la boutique. El vestido fue enviado hace unas horas, está en camino.Pero la única respuesta que recibe del otro lado, es otro sollozo angustiado
Tan pronto como el día comenzó, trajo consigo un frenesí de locura que se siente y respira por toda la casa.Desde muy temprano, los pasillos de la propiedad se llenan de pasos apresurados, voces llamándose unas a otras y palabras y risas nerviosas. Los preparativos finales para la boda entran en marcha, y cada miembro del personal contratado se mueve por la casa cumpliendo con la tarea que tienen asignada.Afuera, en el jardín, se revisan los últimos detalles, y tanto el dj como la wedding planner se aseguran de que todo esté perfecto para la ceremonia.Las flores ya adornan cada rincón, los manteles han sido cuidadosamente colocados sobre las mesas y las luces de la noche anterior aún cuelgan en sus lugares, ahora siendo acompañadas por las decoraciones faltantes, listas para encenderse cuando caiga el sol.Dentro de la casa, el ambiente no es menos caótico.Vestidos y trajes son planchados, zapatos lustrados, peinados y maquillajes ajustados. Layeska corre de un lado a otro con emo
Para cuando el reloj de la estancia marca la 1:00 de la mañana, la casa está en completo silencio, todos se encuentran o durmiendo o en sus habitaciones. Arman cruza la puerta de la cocina en tanto silencio como puede, su único acompañante es el sonido amortiguado de sus propios pasos contra el suelo de madera. Caminando hasta la alacena, abre uno de los gabinetes y toma uno de los vasos para luego servir un poco de agua antes de llevar la mano al bolsillo de su sweater y tomar el pequeño frasco de medicina que el doctor le recetó para evitar sufrir otro colapso. Con un poco de mala gana, toma la pastilla y la pasa con un trago largo de agua, dejando el vaso vacío en la encimera. Justo cuando está por salir, su mirada se posa en la ventana. Desde ahí, puede ver como el jardín es un espectáculo de luces doradas. La decoración está completamente lista; guirnaldas de pequeñas luces cuelgan entre los árboles y sobre la pérgola, reflejando su tenue resplandor sobre la superficie del lag
༻ UNA SEMANA DESPUÉS ༺—Definitivamente, esto ya es demasiado —sentencia en un tono ligeramente irritado. Arman cruza los brazos con un gesto hastiado mientras Anastasia empuja la silla de ruedas por el pasillo del hospital. —No seas dramático —es su respuesta, sin disminuir el ritmo de sus pasos—. Solo sigo las indicaciones que nos dio el médico. —¿Indicaciones? —pregunta mientras bufa, levantando su rostro y lanzándole una mirada de fastidio—. Esto son tonterías. Me siento bien, puedo caminar. —No, no puedes —lo corrige Anastasia con una sonrisa ladeada—. Porque el médico dijo que debías evitar esfuerzos innecesarios. Arman resopla y deja caer la cabeza contra el respaldo de la silla. —¿Y cómo defines "esfuerzos innecesarios"? Porque te aseguro que me siento ridículo aquí sentado. Anastasia ignora su queja y continúa avanzando con paso tranquilo por los pasillos del hospital, con la calma de quien no piensa ceder a ninguna de sus protestas sin sentido. —Disfrútalo mientras
Anastasia entra con una bolsa de papel en una mano y un vaso de café en la otra. En cuanto su mirada se fija en Arman y nota que este ya se encuentra despierto, su expresión se ilumina con un alivio tan palpable, que el pelinegro no puede evitar sentirse culpable por preocuparla.—¡Por fin despiertas! —exclama, terminando de entrar en la habitación y dejando sus cosas en la mesita junto a la cama—. Pensé que tendría que aguantar más horas viéndote dormir como un príncipe encantado. Te juro que por un momento contemple el despertarte con un beso.A pesar del intento de broma por parte de Anastasia, hay un deje de cansancio en su voz que no puede pasar del todo por alto.—Lo siento… —repite Arman, bajando la mirada.—No te atrevas a disculparte, ni tampoco a sentirte culpable por lo que ocurrió —responde Anastasia sin dudarlo, pero también reprendiéndole pues conoce muy bien la forma de ser de su mejor amigo—. Lo importante es que estás bien, y que pudiste descansar un poco.Al ver la f
La voz de Dmitry es lo primero que escucha cuando este se acerca para saludar.—Tienes mala cara, Arman. Esas ojeras podrían competir con las mías después de semanas sin dormir.Arman parpadea al escucharlo, después de todo, él sabe que es cierto que está agotado, pero no por falta de sueño, no, en realidad su cuerpo se encuentra pidiéndole con desesperación que duerma, pero sencillamente se le ha hecho complicado el poder hacerlo por más de dos horas seguidas debido a todo lo que lleva acumulado en su cabeza.Aun así, consiente que aquél sea un tema del que Dmiry quiera escuchar, así que su respuesta es la de dedicarle una sonrisa de cortesía y estrechar la mano que Dmitry le ofrece.Pero su atención no dura en él por mucho tiempo, por el contrario, esta se desvía rápidamente hacia su único interés dentro de esa habitación.Grigori.Arman lo ve acercarse a Anastasia y saludarla con un beso en cada mejilla, su actitud relajada y natural, como si todo estuviera en orden. Como si él no