Estaba destinada a ser la Luna del Alfa más poderoso, pero eso parecía una broma de la diosa Luna; él fue responsable de la muerte de mi madre, y ahora, de mi padre. Quiero venganza, porque él es el lobo que destruyó mi vida, el Alfa que gobierna con terror y sangre. Y yo seré el espectro que llegará para arruinarlo. Pero en este juego peligroso, no contaba con que podría terminar atrapada entre sus garras... ni mucho menos con el deseo que me consume cada vez que lo miro. Todo es culpa de nuestro enlace, ¡Demonios! Luna destinada... ¿¡Cómo cumplo esa promesa cuando él es el asesino!? Necesito recordarme todo el tiempo que la venganza es mi único objetivo, aunque la reacción de mi cuerpo frente a él me lo impide...
Leer másKAESAR: Me quedé a la espera de que los miembros de la manada Colmillos Reales me atacaran, pero, en su lugar, bajaron la cabeza ante mí, con un respeto que parecía casi ancestral. Yo era el último Alfa Real, y ellos lo sabían. Esa reverencia no provenía únicamente de mi posición, sino de la línea de sangre que me precedía. Habían sido liderados toda su vida por alfas reales como yo, como Ridel y mi padre. Ahora solo quedábamos Kaela y yo, los últimos herederos de esa verdad absoluta que dictaba que las manadas debían someterse ante un Alfa Real, incluso en circunstancias inciertas. —Sabemos que no harías tal cosa, aun cuando es lo que nos dijeron —dijo Ruan, rompiendo el silencio con prudencia—. Pero también sabemos que, como Alfa Real, eres el único que puede encontrar a nuestra futura Alfa, a Kae
KAELA: Estaba en la cama sin poder dormir cuando mi loba comenzó a moverse inquieta dentro de mí. Era un murmullo constante, una sensación que me incomodaba; algo no estaba bien. Me levanté lentamente, tratando de no hacer ruido, y caminé hacia la ventana. Necesitaba aire, algo que me ayudara a calmar ese peso en el pecho. Abrí los postigos para respirar profundo, pero entonces lo escuché. Mi agudo oído captó unas voces justo afuera de la puerta. Mis orejas se alzaron instintivamente y mi cuerpo se tensó. Caminé sigilosamente, colocando los pies con cuidado en el suelo para no alertar a nadie. Una vez cerca, pegué la cabeza al costado de la puerta, buscando captar cada palabra con claridad. —Nos ordenaron llevar a las sirvientas a la torre para que la limpien —decía una voz femenina que jamás había escuchado ante
KAESAR: Me dirigí hacia el bosque para encontrarme de lleno con mi Beta, Otar, que me miraba con sus ojos dorados. Me detuve en seco y me convertí en humano. Algo en su postura me inquietaba. El leve giro de su cabeza, ese gesto instintivo de quien busca algo que no debería estar ahí, me obligó a avanzar entre la vegetación con cautela. Mis pasos eran silenciosos y precisos; era un depredador ante la incertidumbre de que alguien pudiera acechar mi territorio. —¿Qué sucede? —pregunté en cuanto estuve a su lado. Otar no apartó la mirada de los árboles que se alzaban cerca de la cocina. Tenía la mandíbula apretada y sus sentidos estaban alertas. Podía escuchar el leve crujido de sus nudillos al flexionar las manos, listo para actuar de inmediato. Seguía observando con su mirada dorada, afilada y brillante en la oscu
KAELA: Cerré la puerta de nuestra pequeña habitación, sintiendo cómo mi corazón latía desenfrenadamente, como si buscara escapar de mi pecho por puro temor y adrenalina. Kian... era impresionante, hermoso y aterrador a la vez. Su presencia parecía capaz de dominar cualquier espacio, incluso el aire mismo. Nina, mi compañera de cuarto, se dejó caer sobre su cama como si el esfuerzo de regresar viva la hubiera agotado hasta los huesos. Su respiración temblorosa inundaba la habitación mientras yo me dejaba caer despacio en mi cama, sintiendo que mis piernas ya no eran capaces de sostenerme. —¿Kaela, te volviste loca? —gritó de pronto mientras se sentaba abruptamente en la cama—. ¿Qué hacías allá afuera hasta estas horas? Sabes perfectamente que al alfa no le gusta que estemos en los pasillos por la noche. Aún no entiendo cómo nos dejó escapar. ¡Uff, qué miedo sentí cuando Kian me miró! Por un momento, juro que creí que acabaría con nosotras. Pero tú... ¿cómo pudiste mirarlo? Nin
KAESAR: Regresé despacio a mi habitación, sintiendo el eco de sus pasos desaparecer tras doblar la esquina. Dentro de mí, Kian rugía herido, furioso, desgarrado por el dolor que Kaela nos había dejado en el alma. —¡Cállate, no nos ha rechazado todavía! —espeté mientras intentaba recobrar la calma. Era una orden dirigida tanto a él como a mí mismo—. Tenemos mucho que investigar. Vamos al despacho. Hoy no puedo dormir. —Mejor vayamos a correr —rugió molesto, luego agregó—. Veamos si escuchamos algo en la manada de nuestra Luna. La tía Artea y el inútil de Arteón deben estar detrás de lo que le sucedió al alfa Ridel. Eso era verdad. Mi tía Artea se mudó a la manada justo la semana antes de la muerte de la madre de mi Luna. Lo extraño fue que Ridel, después de su muerte, aceptó a la tía y su hijo. Seguramente esos dos tenían algo que ver con todo esto, y no me sorprendería que mi madre también estuviera implicada. Esas serpientes seguramente estaban detrás de todo. —Y seguro nue
KAELA: Me quedé inmóvil, atrapada en su mirada, mientras su pregunta colgaba en el aire entre ambos. Estaba confundida, demasiado confundida. Su aroma no me dejaba pensar con claridad. Podía ver la súplica, llena de anhelo y desesperación en su mirada; pude darme cuenta de que había sido el lobo Kian quien me había pedido ser su Luna. El humano Kaesar era toda una interrogante; él no me quería como su Luna, dudaba. Sentí a Laila, mi loba, revolviéndose inquieta, casi sin poder contenerse. La conexión estaba ahí, pulsante, viva, pero igualmente cubierta por una niebla de incertidumbre y dolor. Como yo, Laila sabía que ceder en ese momento sería cavar aún más profundo en un abismo lleno de preguntas sin respuestas. —Debo resolver cosas por mi cuenta —evité responder, retrocediendo y alejándome de él—. Kaesar, solo te pido tiempo. —¿Tiempo para qué? —preguntó, dando un paso hacia mí posesivamente—. ¡Eres mi Luna! Era verdad, no lo podía negar, y él era mi Alfa; no solo lo habí
KAESAR: El silencio se instaló entre nosotros, pesado, como el aire antes de una tormenta. Kaela estaba frente a mí, pero no podía entenderla, no podía llegar hasta donde estaba. Era una completa desconocida. La hermosa niña que tenía en mi mente había desaparecido. Esta adulta, aunque podía reconocer sus escurridizos ojos, era toda una incógnita para mí. Algo la mantenía lejos, inaccesible, y esa distancia invisible estaba matándome. Ella era mi Luna, pero cada segundo me alejaba más de lo que creía saber sobre ella. Dentro de mí, mi lobo Kian gruñía, impaciente, casi desesperado por tomar el control y reclamarla, marcarla y darle su posición a nuestro lado. Pero… ¿y si su odio por su padre la había vuelto nuestra enemiga? Recordaba al Alfa Ridel diciendo eso, que ella lo odiaba. —Kaesar, deja de dudar de nuestra Luna y reclamala de una vez —gruñó Kian como un trueno en mi mente. —¿No te parece todo muy extraño? —pregunté, consciente de las dudas que me quemaban. Kian rugi
KAELA: Lo miré, atrapada en ese torbellino de emociones que me provocó. La manera en que me había hablado removió mi alma. Buscaba desesperadamente el significado en su: “Lo siento mucho”. Su mirada me helaba la sangre y, al mismo tiempo, la hacía hervir, desatando una guerra en mi interior con solo sostenerle la mirada. Por eso guardé silencio. Quería saber más, necesitaba respuestas, pero no podía delatarme. A pesar del caos en mi interior, una certeza me mantenía firme: si Kaesar estaba involucrado en la muerte de mi padre, lo descubriría. No importaba cuánto tiempo me tomara, cuánto doliera o lo que tuviera que hacer. —No me dijo que venías… —agregó finalmente, sin comprender mi actitud—. Te hubiese buscado yo mismo, Kaela. Quise decir algo, preguntar directamente, pero la fuerza me abandonó. Estaba tan dolida por todo. Quería gritarle, exigirle respuestas, pero lo único que salió fue un sollozo. Papá había hecho muy mal en enviarme lejos y hacerme vivir entre los humano
KAELA: Me obligó a ponerme de pie. Parecía que el tiempo se ralentizaba. Cerré los ojos, evitando mirarlo, esperando que su garra destrozara mi garganta como hicieron con papá. Pero solo escuché un "clic" y luego el collar cayendo estrepitosamente al suelo. Mi respiración se detuvo, en algún lugar entre el pánico y el alivio, mientras la fría presión que había llevado durante tanto tiempo se desvanecía. El enorme hocico de Kian se hundió en mi cuello, y aspiró con todas sus fuerzas mientras yo rezaba aterrada. —Mi Luna… —ronroneó Kian. Antes de que pudiera reaccionar o siquiera escapar, sus brazos me envolvieron como grilletes peludos. Me apretó contra su pecho, y en un rápido movimiento, me alzó y entró en su habitación conmigo entre sus brazos, cerrando con un portazo. —Estás a salvo, mi Luna, estás a salvo —murmuró con una convicción que me pareció desconcertante. En ese instante, todo pareció oscurecerse. Estaba aterrada, todo era sombrío e imponente. Las paredes exu