8. EL RECHAZO

KAELA:

Me quedé inmóvil, atrapada en su mirada, mientras su pregunta colgaba en el aire entre ambos. Estaba confundida, demasiado confundida. Su aroma no me dejaba pensar con claridad. Podía ver la súplica, llena de anhelo y desesperación en su mirada; pude darme cuenta de que había sido el lobo Kian quien me había pedido ser su Luna. El humano Kaesar era toda una interrogante; él no me quería como su Luna, dudaba.

Sentí a Laila, mi loba, revolviéndose inquieta, casi sin poder contenerse. La conexión estaba ahí, pulsante, viva, pero igualmente cubierta por una niebla de incertidumbre y dolor. Como yo, Laila sabía que ceder en ese momento sería cavar aún más profundo en un abismo lleno de preguntas sin respuestas.

—Debo resolver cosas por mi cuenta —evité responder, retrocediendo y alejándome de él—. Kaesar, solo te pido tiempo.

—¿Tiempo para qué? —preguntó, dando un paso hacia mí posesivamente—. ¡Eres mi Luna!

Era verdad, no lo podía negar, y él era mi Alfa; no solo lo habí
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