11. SOSPECHOSO  

KAESAR:  

 Me dirigí hacia el bosque para encontrarme de lleno con mi Beta, Otar, que me miraba con sus ojos dorados. Me detuve en seco y me convertí en humano. Algo en su postura me inquietaba. El leve giro de su cabeza, ese gesto instintivo de quien busca algo que no debería estar ahí, me obligó a avanzar entre la vegetación con cautela. Mis pasos eran silenciosos y precisos; era un depredador ante la incertidumbre de que alguien pudiera acechar mi territorio.  

—¿Qué sucede? —pregunté en cuanto estuve a su lado.  

 Otar no apartó la mirada de los árboles que se alzaban cerca de la cocina. Tenía la mandíbula apretada y sus sentidos estaban alertas. Podía escuchar el leve crujido de sus nudillos al flexionar las manos, listo para actuar de inmediato.  Seguía observando con su mirada dorada, afilada y brillante en la oscu
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