En un mundo donde la dignidad puede ser arrebatada en un instante, Blair Connor, una joven sencilla, se encuentra atrapada en las garras de una mafia que comercia con mujeres. Despojada de todo por su malvada madrastra, su destino cambia drásticamente cuando es rescatada por Oliver Campbell, un duque apuesto y enigmático que ha vivido en soledad. Al comprarla en una subasta, Oliver busca protegerla, pero pronto descubre que su vínculo con Blair es innegable y profundo. Atrapados entre lo que sienten y las expectativas de la nobleza, ambos deberán enfrentarse a sus propios demonios y a la pregunta que lo cambiará todo: ¿puede el amor florecer en medio de la adversidad?
Leer másOliver y Blair se habían dejado llevar por el momento y por el calor de la pasión que los embriagaba. El deseo era tan intenso que parecía que sus cuerpos estuvieran unidos de forma permanente, como si fueran uno solo.Oliver, con sus movimientos lentos y sensuales, se introdujo aún más en el cuerpo de Blair, mientras ella lo acompañaba con movimientos de caderas que lo envolvían por completo. Sus gemidos y jadeos se fundían en un coro de placer, mientras sus cuerpos se movían en perfecta sincronía.—¡Oh, Blair! Eres tan hermosa, tan perfecta —susurró Oliver, entrecortado por la excitación. —Nunca podré tenerte suficiente.Blair, con los ojos cerrados y el rostro bañado en sudor, respondió con un gemido:—¡Oliver! ¡Estoy tan húmeda por ti! ¡No puedo dejar de pensar en lo bien que me siento dentro de ti!El ritmo se aceleró y sus cuerpos se unieron con una fuerza y una urgencia cada vez mayores. Oliver, con sus manos fuertes y seguras, agarró las caderas de Blair y guió sus movimientos,
Días después...Arthur se encontraba en un rincón sombrío del palacio, donde el eco de los vítores dedicados a su hermano Aiden resonaba en sus oídos como un cruel recordatorio de su derrota. La mirada de su padre, el rey Mason Olsen, lo atraviesa con desdén, reflejando la decepción que había sembrado en la familia.Mientras Aiden era aclamado como príncipe, Arthur se debatía entre la melancolía y la rabia, atrapado en un laberinto de decisiones equivocadas que lo habían llevado al borde de la ruina. La ruptura con su esposa, Annelise, quien lo había abandonado en el momento más oscuro de su vida, lo había destrozado por completo.Su única hija, Elizabeth, se había marchado a Grecia con su madre, buscando refugio lejos del dolor que habían sufrido. Arthur, aunque libre de la prisión física, se sentía encarcelado en su propia miseria, un príncipe desterrado de su propia historia, mientras el peso de sus acciones lo aplastaba sin piedad.Arthur, consumido por la desesperación y la traic
La condesa Charlotte, con su porte altivo y su mirada penetrante, tomó el brazo de su sobrino Oliver, sintiendo una extraña mezcla de orgullo y ternura. Era un momento que, a pesar de todo, había esperado con ansias: la inminente boda de Oliver con la princesa Elizabeth. Sin embargo, la felicidad se tornó en desconcierto cuando Oliver le preguntó por los preparativos de la boda y pronunció unas palabras que la dejaron helada.—Oliver, querido, ¿cómo te preparas para el gran día? —preguntó la condesa con una dulzura que rara vez mostraba.—No habrá boda, tía —respondió Oliver con firmeza, su voz resonando en el aire como un eco de desilusión.La condesa, extrañada, corrió tras él y su voz denotaba incredulidad y desesperación.—¡Oliver! ¿Qué estás diciendo? —exclamó, deteniéndose frente a él, con la mirada fija y desafiante. —¿Cómo puedes afirmar que no habrá boda? ¡Esta unión debe celebrarse ya! ¡Hemos firmado un acuerdo!Oliver la miró a los ojos y su expresión denotaba una determina
Los días transcurrieron rápidamente y la boda de Elizabeth y Oliver estaba a solo un día de celebrarse. En la mansión de Cambridge, donde se celebraría el evento, Oliver se encontraba a solas con el príncipe Arthur en el estudio. Con un gesto decidido, Oliver arrojó un dossier sobre el escritorio: las pruebas de los múltiples delitos del príncipe se deslizaban como un torrente de revelaciones. Arthur, sorprendido, frunció el ceño, pasando de la confianza a la inquietud.—¿Qué es esto, Oliver? —preguntó Arthur, ligeramente temblando.—La verdad, príncipe —respondió Oliver, mirándole a los ojos. —No puedo permitir que continúe con esta farsa mientras arruina vidas a su paso.—No seas imbécil, sabes muy bien que los cuerpos policiales no se atreverían a detenerme.—No se confunda, alteza —dijo Oliver con voz firme y decidida. — Puede que tenga al FBI y al gobierno en su bolsillo, pero la verdad siempre sale a la luz. Y yo estoy dispuesto a ser su mensajero.Arthur soltó una risa despecti
Blair respiró hondo, sintiendo el alivio recorrer su cuerpo al saber que estaba a salvo. La princesa Annelise había llegado justo a tiempo para cambiar su destino. Ahora se encontraban en el lujoso hotel donde se hospedaba el duque, como un rayo de esperanza en medio de la tormenta.Su presencia era un bálsamo para su alma y, aunque la tensión aún flotaba en el aire, Oliver estaba decidido a protegerla. Juntos, en ese refugio de riqueza, se preparaban para afrontar las sombras que amenazaban con envolver sus vidas.Oliver, con la sangre hirviendo, exclamó:—¡Blair! Te has arriesgado al ir sola a ver a Dagmar. Ese maldito de Olsen me las va a pagar. ¿Cómo pudiste meterte en esa situación?—Lo sé, jamás imaginé que Dagmar era cómplice del príncipe. Oliver, pero por suerte estás aquí ahora. Y gracias a la princesa Annelise estoy a salvo. No pasó a mayores.—No puedo quedarme de brazos cruzados. El príncipe Arthur y el diseñador tienen que pagar por lo que intentaron hacerte.—Debes tener
Más tarde...El hotel de lujo donde se hospedaba Dagmar, el prestigioso diseñador de origen danés que era cómplice del príncipe Arthur, era imponente, con sus altos techos y elegantes muebles. Blair, aún abrumada por su participación en el desfile de verano londinense, no sospechaba nada de las oscuras intenciones que se ocultaban tras la sonrisa del diseñador, que fingía muy bien ser su amigo.Dagmar le ofreció la copa con una sonrisa enigmática y le dijo:—Blair, querida, bebe un poco. Seguro que estás sedienta después de todo el ajetreo del desfile. Felicidades, has lucido estupenda.Blair aceptó la copa con una sonrisa inocente y le agradeció su amabilidad.—Gracias, Dagmar. Es muy amable por su parte.—Dime, Blair, ¿qué opinas de la última colección de Dolce & Gabbana? He oído que fue bastante controvertida.—Oh, bueno, creo que fue bastante innovadora. Aunque algunos diseños me parecieron un poco extravagantes.Dagmar guió hábilmente la conversación hacia temas triviales, desde
El príncipe Arthur está en su estudio privado, rodeado de sus secuaces, Ulises y Emir. El ambiente era tenso.—¡¿Qué has dicho?! ¡Repítelo! —reclamó golpeando la mesa con furia.—Señor, Astrid Andersen ha confesado todo. Le dijo al FBI que usted está implicado con la mafia.—¡¿Qué yo qué?! ¡Maldita sea! ¡Eso no es garantía de nada! ¿Acaso creen que pueden tocarme? ¡Estoy blindado por la monarquía! ¡El FBI no se atrevería! —espetó Arthur, interrumpiéndolo.—Señor, me temo que las cosas han cambiado. Incluso su amigo, Christopher Christensen, ha huido de Europa. Su destino es incierto.—¡Ese desgraciado! ¡Cobarde! ¿Así que todos me abandonan cuando más los necesito?—Señor, el FBI está tomando esto muy en serio. La confesión de Astrid es detallada. Menciona transacciones, reuniones, nombres...—¡Tonterías! ¡Mentiras! ¡Solo quiere salvarse! No tienen pruebas, no pueden probar nada. Arthur caminaba de un lado a otro visiblemente agitado.—Señor, con todo respeto, creo que subestima la sit
Oliver, harto de la monarquía y sus protocolos, no regresó a la mansión familiar ni se molestó en dar explicaciones. A sus treinta años, su prioridad era la empresa, donde seguía desempeñando su papel de CEO. Aunque le apetecía mucho arrancarle la cara a puñetazos al príncipe Arturo, sabía que la paciencia era su mejor arma.Sin embargo, George, el agente del FBI y amigo de Oliver, ya lo esperaba en su oficina. Tenía noticias importantes que compartir, noticias que podrían cambiar el rumbo de la situación y acelerar el plan de Oliver para desenmascarar al príncipe Arthur.Con una sonrisa triunfal, Oliver exclamó:—¡George, John! ¡Hoy es el día que hemos estado esperando! ¡Astrid Andersen ha confesado!Estaba feliz por las noticias que estaba recibiendo de sus aliados.—¡Sí, Oliver! ¡Con su confesión, se ha derrumbado toda la estructura de esa despreciable mafia! ¡Hemos atrapado a peces gordos, financistas y a todos los que se beneficiaban de la trata de mujeres! —asintió George mesura
Oliver trazó con los dedos la silueta de Blair en el aire, la imagen de la mujer que lo consumía por dentro. Su cabello rojizo, como llamas danzantes, encendía un fuego en sus venas, una pasión que no conocía límites. Sus ojos verdes, dos luceros que lo hipnotizaban; su piel blanca, lienzo de deseo; y su cuerpo de diosa, la creación más perfecta. Blair era su perdición y su salvación, la llama que lo consumía y, a la vez, lo mantenía vivo.Y entonces ella apareció, como un sueño hecho realidad. Sus ojos se encontraron, dos almas que se reconocían en la inmensidad del universo. Se amaron con la ferocidad de un volcán en erupción y con la delicadeza de la brisa acariciando la piel. Sus cuerpos se entrelazaron en una danza de pasión, sus gemidos se fundieron en una melodía de amor. Se entregaron el uno al otro sin reservas ni miedos, solo el deseo puro y salvaje los guiaba.Sus besos fueron fuego, caricias que quemaban la piel y el alma. Se exploraron sin pudor, descubriendo cada rincón