Tuve miedo de volver al claro y encontrarme con él, sus besos seguían haciendo arder mis labios, temía que si volvía a encontrarme con él no pudiera controlar mis emociones. Para poder contener mis deseos de ir a él me quedé con mi padre, escuchando hablar al Consejo de ancianos. Mi prometido estaba allí, su actuaba como el segundo al mando, me molestaba ver como papá se lo permitía. Pero no me sentía con ánimos de debatir. Esa noche me fui a dormir muy tarde, lo suficientemente como para caer dormida y no ceder al llamado que sentía en mi alma. Podía escuchar su voz decir: — Ven a mí. Me dormí entre lágrimas, deseando que lo que sentía desapareciera dentro de mí. El bosque parecía diferente al día siguiente, como si compartiera mi secreto. Las hojas crujían bajo mis pies con un ritmo más suave, y el viento que atravesaba las ramas traía con
El amanecer bañó el bosque con tonos dorados, la mañana se veía igual que ayer, pero para mí, el mundo había cambiado. La noche en la cabaña con él había marcado un antes y un después en mi vida. Me sentía más viva, como una flor que acaba de abrir sus pétalos al sol, me sentía feliz. Pero también más vulnerable. Las palabras del cazador resonaban en mi cabeza . Su recuerdo palpitaba en todo mi ser, hubiera deseado que las horas fueran eternas y poder disfrutar del calor de su cuerpo junto al mío y despertar junto a él. Pero debía volver a la aldea antes de que alguien notara mi ausencia. Mi corazón latía con fuerza, temerosa de que mi secreto se reflejara en mi rostro. Me miré en el río, buscando alguna señal de cambio en mí, pero solo vi a la misma Lyra… o eso quería creer.Con una sonrisa recordé su nombre, Eirik. — ¡No puedo creer que lo hiciera! Ahora, le pertenezco.Esa idea era una m
El viento susurraba entre los árboles, como si conociera el secreto que mi corazón guardaba. Había vuelto a la aldea antes del amanecer, pero la inquietud no me dejaba descansar. Las miradas de mi padre y mi prometido parecían perforar mi alma, como si pudieran ver a través de mí, como si supieran.Pasé la mañana con las ancianas, preparando cestas y recolectando hierbas. Mi mente, sin embargo, estaba lejos, en el claro del bosque donde Eirik y yo nos habíamos prometido amor eterno. Pero algo me perturbaba: ¿Qué pasaría si mi padre o mi prometido se enteraran de Eirik?El temor acechaba mis pensamientos, no podía perder a Eirik, tampoco a mi manada.Mi alma se dividía entre el amor y el deber.Al caer la tarde, mi padre me llamó a su tienda.—Lyra, siéntate —dijo con un tono grave que me heló la sangre.Me senté frente a él, intentando ocultar mi nerviosismo.—He notado que últimamente estás distraída, incluso esq
El bosque despertaba con el sol apenas acariciando las copas de los árboles. Mi padre lideraba el grupo, con su figura imponente y su mirada firme. Cada paso resonaba en el suelo cubierto de hojas secas. Los guerreros caminaban en silencio, atentos a cada sonido, a cada movimiento. Yo, en cambio, sentía el peso de sus miradas. Mi prometido estaba cerca, demasiado cerca, y su presencia me inquietaba.—Hoy, Lyra, demostrarás que estás lista para ser mi sucesora —dijo mi padre sin mirarme.Asentí, pero mis pensamientos estaban lejos, con Eirik. ¿Había logrado ocultarse en el lugar sagrado? ¿Había borrado todas las huellas?Mi corazón latía con la preocupación de que hallaran su rastro.Nos adentramos más en el bosque, siguiendo un rastro fresco. Mi corazón latía con fuerza cada vez que alguno de los guerreros olfateaba el aire. Temía que, en cualquier momento, alguien detectara algo más que el rastro de una presa.Mi prometido
La luz de la luna bañaba el claro, convirtiendo cada hoja en un espejo plateado. Eirik estaba allí, esperándome como siempre, con esa mirada que parecía verlo todo. La hebra de mi capa colgaba de sus dedos, un recordatorio de lo cerca que había estado del desastre.—Eirik… —mi voz se quebró al pronunciar su nombre.Él alzó la vista, y en sus ojos no vi reproche, sino algo más profundo, algo que me desarmó por completo.Yo había estado preocupada de cubrir su rastro, y nunca pensé en el mío. Los dos habíamos estado en el claro, nos habíamos amado allí, él había borrado su aroma, no había quedado una huella de su presencia en el lugar.Pero a mí se me había escapado un detalle. Mi olfato había fallado dejando un rastro inconfundible de mi presencia en ese lugar.Me había puesto en peligro y a él también. —Lo siento —susurré, incapaz de sostener su mirada.—No tienes porqué disculparte, Lyra. Lo qu
La noche con su manto oscuro lleno de estrellas iluminaba el bosque con destellos plateados y dorados. Eirik y yo permanecíamos en el claro, envueltos en un silencio que no necesitaba ser roto. Su historia seguía resonando en mi mente, como si cada palabra suya fuera una nota de una sinfonía que aún no entendía del todo.Eirik era hijo de una loba. Y no cualquier loba, ella le había dado la espalda a su manada por amor a un humano. Eso, aunque podía entenderlo, no podía imaginar lo difícil que pudo ser para ella tomar esa decisión. Una loba está ligada a su manada por el poder de la sangre y la lealtad. Pero ella amó más al padre de Eirik que a su esencia lycan. Me preguntaba si él podía transformarse en lobo o era completamente humano. Esa pregunta rondaba mi cabeza.— Eirik, tú puedes…— No. – interrumpió. — Soy un humano como lo era mi padre. Guardé silencio por unos instantes y luego me giré
El regreso a mi manada fue silencioso, pero mi mente era un torbellino de preguntas. Las palabras de la madre de Eirik no dejaban de resonar en mi cabeza: "Tu madre estaría orgullosa de ti." ¿Cómo la conocía? ¿Qué relación existió entre ellas? ¿Había más secretos ocultos?Eirik me había prometido que respondería a mis preguntas. Tenía tantas preguntas que necesitaba ordenar en mi cabeza.Y para empezar a aclarar mis pensamientos, averiguaria qué sabía mi padre. Cuando mamá murió no hubo explicaciones, solo dolor y silencio. Mi mente estaba perdida entre los recuerdos y el dolor de su ausencia, y bajo la autoridad de mi padre no tenía derecho a hacer preguntas ni a hablar de lo sucedido.Había estado callada durante mucho tiempo, dispuesta a aceptar lo que dijera mi padre, él era el Alfa y nadie podía contradecir una de sus órdenes. Cuando llegué a mi tienda, el aire parecía distinto, como si algo invisible me acechara
El viento helado atravesaba mi tienda, y el sonido de las hojas agitándose en los árboles parecía susurrarme secretos que no lograba descifrar. La sensación de que alguien, o algo, me observaba desde afuera era ineludible. Me aferré con fuerza a las mantas, tratando de calmar mi respiración, pero no podía ignorarlo: el peso invisible seguía ahí, aplastándome el pecho.Escuché de nuevo los pasos. Ligeros, insistentes. Rodeaban mi tienda con movimientos lentos, calculados, acercándose y alejándose como si jugaran con mi paciencia. Cerré los ojos, deseando que desaparecieran, pero entonces un crujido más fuerte me hizo incorporarme de golpe.El corazón me latía con fuerza mientras caminaba hacia la entrada. Moví con cuidado la cortina de piel que servía de puerta y miré hacia afuera. Todo estaba oscuro. Demasiado oscuro. El bosque, siempre vivo con sus sonidos nocturnos, ahora parecía contener la respiración.—¿Eirik? —susurré, a