El sol comenzaba a esconderse detrás de las montañas, tiñendo el cielo de tonos dorados y rosados, la tarde era hermosa en especial con la calma y la paz que se respiraba en la aldea que ahora era nuestro hogar.Cuando mi pequeño despertó de su siesta, sus ojos aún somnolientos pronto se llenaron de curiosidad, como si cada rincón del mundo estuviera invitándolo a descubrir algo nuevo. Sus risas espontáneas, eran una melodía que llenaba mi corazón. El viento cálido y apacible se colaba por las ventanas abiertas de la cabaña, acariciando la piel de mi hijo mientras jugaba en el suelo.Era un niño aún pequeño, pero su energía parecía tan inagotable como la misma luz del mismo sol. Yo estaba en la cocina, preparando la cena para la noche, cuando lo escuché. La risa inconfundible de mi hijo, mientras se alzaba en el aire.Lo seguí con la mirada hacia la ventana completamente sorprendida. Mi pequeño estaba en jardín con una
La noche había caído por completo, y el claro se sumió en una oscuridad densa, interrumpida solo por la luz plateada de la luna llena. El aire frío cortaba como un cuchillo, pero mi hijo, ahora en su forma salvaje, parecía no notar el cambio. Sus ojos dorados brillaban con la inocencia de un niño que juega, pero también con la intensidad de una criatura que ya no era completamente humana.Eirik y yo nos manteníamos en silencio, mirando a nuestro hijo con un miedo latente que se había instalado en nuestros corazones desde hacía varias semanas desde que nuestro pequeño se transformaba en un hermoso lobo.Pero con su transformación algo nos punzaba el corazón. Algo no estaba bien, y lo sabíamos. No solo por lo que pasaba con nuestro hijo, sino por la sensación que nos invadía, esa sensación de que estábamos siendo observados, acechados por algo oscuro, algo del pasado que nunca habíamos dejado atrás.Fue entonces cuando una noch
Soy Lyra, la hija del Alfa Kaelen, y mi vida siempre ha estado marcada por las expectativas que pesan sobre mí, por las reglas que la manada impone, y por el destino que mi padre ha trazado para mí desde el momento en que nací. Tengo 21 años, lo suficientemente mayor para ser la futura esposa de un guerrero de la manada, lo suficientemente joven para seguir siendo su hija, pero nunca lo suficiente para ser yo misma.Mis ojos no brillan por amor, ni por deseo. Brillan por obedecer. El hombre con el que estoy comprometida es un guerrero fuerte y respetable, pero mi corazón no late por él. Sus gestos me parecen un recordatorio constante de lo que se espera de mí: ser una figura de poder, una líder, una mujer cuya vida gira en torno a la manada, que debe servir y no preguntar.Me miran como si fuera una joya, preciosa, de gran valor, pero atrapada en una caja de cristal. Y a veces, cuando las reglas se vuelven demasiado pesadas, me pregunto si esta es la
No puedo sacarme la imagen del hombre que las lobas murmuran. Mientras camino por el bosque, lejos de las miradas de la manada, mis pensamientos se desvían hacia esa figura que no puedo dejar de imaginar. El cazador. El ser al que todos temen, pero que, de alguna manera, atrae mi curiosidad de una forma que ni yo misma puedo entender.Las ramas crujen bajo mis pies mientras avanzo entre los árboles. Me he alejado lo suficiente de la manada, y la oscuridad me envuelve como una manta protectora. El aire es fresco, con un toque de humedad que llena mis pulmones, pero mi mente sigue nublada por la historia que escuché.Los ecos del viento me hacen pensar que tal vez sea solo una leyenda. Tal vez las lobas estaban sólo bromeando o exagerando, como siempre lo hacen. Pero en el fondo de mi ser, sé que hay algo real en sus palabras. Algo que me hace sentir viva de una manera que nunca antes había experimentado.Mis pasos se detienen. El aire se vuelve denso,
El amanecer llegó lentamente, pintando el cielo con tonos dorados y rosados. Aún con los ojos cerrados, podía sentir el calor del sol sobre mi rostro, como si intentara sacarme del abismo de mis pensamientos. No había descansado bien. Las preguntas sobre el cazador y la sensación de ser observada me habían acompañado durante toda la noche, como una sombra persistente.Me levanté antes de que alguien de la manada notara mi ausencia. Era un ritual que había perfeccionado a lo largo de los años: escabullirme antes de que las miradas inquisitivas y los reproches comenzaran. Mi padre siempre decía que un líder debe estar presente, pero ¿cómo podía liderar cuando ni siquiera sabía quién era yo realmente?El bosque me recibió con el mismo silencio expectante de la noche anterior. El aire estaba cargado de una extraña energía, como si los árboles susurraran secretos entre sus ramas. Mi piel se estremeció al recordar lo que sentí: esa presencia desc
La madrugada era fría y silenciosa, como si el bosque contuviera el aliento. El cielo estaba despejado, y la luna llena iluminaba el camino entre los árboles con un resplandor plateado. Algo dentro de mí me empujaba a salir una vez más. Era una fuerza inexplicable, un llamado que no podía ignorar.Debía salir de mi tienda antes de que el sol saliera, encontrarme con los primeros rayos volviendo a mi tienda, ni mi padre ni el vigía podían darse cuenta de mi ausencia. Mi madre y yo solíamos escaparnos al claro del bosque por un sendero secreto, era nuestro tiempo juntas, nadie más que mamá y yo.Caminé descalza para que no me escucharan, el frío de la tierra bajo mis pies trajo a mi memoria la voz de mi madre decir:— Ponte pronto los zapatos Lyra, o te dará catarro y tu padre nos descubrirá.Su risa pícara era música para mí. Mamá era mi mejor amiga. Mientras caminaba, mi respiración se entrecortaba con cada paso qu
La madrugada ya no era silenciosa para mí. Los ecos de aquella conversación con el cazador resonaban en mi mente, repitiéndose una y otra vez. La luna todavía brillaba, pero su luz ya no me parecía reconfortante, sino inquietante. La semilla que él había dejado en mi corazón crecía, alimentada por cada uno de sus misteriosos gestos y palabras.Sentí miedo de lo que sentía, así que decidí no volver al claro del bosque. No quería volver a verlo. Aunque, eso no era completamente verdad.Por las noches antes de cerrar mis ojos recordaba su mirada, y el toque de su dedo sobre mis labios. Era demasiado inquietante, tanto que me asustada. Nunca me había sentido así. El amor no era parte de mi compromiso matrimonial, mi prometido solo me hablaba para darme órdenes, como si yo fuera parte de su equipo de vigilancia. Él era un gran guerrero, un lobo fuerte y no era tan feo, pero no lograba sentir esa chispa con él. Al verlo solo sentí
Tuve miedo de volver al claro y encontrarme con él, sus besos seguían haciendo arder mis labios, temía que si volvía a encontrarme con él no pudiera controlar mis emociones. Para poder contener mis deseos de ir a él me quedé con mi padre, escuchando hablar al Consejo de ancianos. Mi prometido estaba allí, su actuaba como el segundo al mando, me molestaba ver como papá se lo permitía. Pero no me sentía con ánimos de debatir. Esa noche me fui a dormir muy tarde, lo suficientemente como para caer dormida y no ceder al llamado que sentía en mi alma. Podía escuchar su voz decir: — Ven a mí. Me dormí entre lágrimas, deseando que lo que sentía desapareciera dentro de mí. El bosque parecía diferente al día siguiente, como si compartiera mi secreto. Las hojas crujían bajo mis pies con un ritmo más suave, y el viento que atravesaba las ramas traía con