El viento helado atravesaba mi tienda, y el sonido de las hojas agitándose en los árboles parecía susurrarme secretos que no lograba descifrar. La sensación de que alguien, o algo, me observaba desde afuera era ineludible. Me aferré con fuerza a las mantas, tratando de calmar mi respiración, pero no podía ignorarlo: el peso invisible seguía ahí, aplastándome el pecho.Escuché de nuevo los pasos. Ligeros, insistentes. Rodeaban mi tienda con movimientos lentos, calculados, acercándose y alejándose como si jugaran con mi paciencia. Cerré los ojos, deseando que desaparecieran, pero entonces un crujido más fuerte me hizo incorporarme de golpe.El corazón me latía con fuerza mientras caminaba hacia la entrada. Moví con cuidado la cortina de piel que servía de puerta y miré hacia afuera. Todo estaba oscuro. Demasiado oscuro. El bosque, siempre vivo con sus sonidos nocturnos, ahora parecía contener la respiración.—¿Eirik? —susurré, a
Deseaba que Eirik me abrazara y hallar refugio en sus brazos, pero algo no estaba bien, lo que veía era tan real como imposible. ¿Cómo podría Eirik cruzar el muro de vigilancia de los guerreros? Aunque su madre pudiera ayudarlo, no me parecía sensato que viniera a mi aldea arriesgándose y poniéndome en peligro a mí también. Él se detuvo, como si pudiera sentir mi duda.—¿Qué pasa, Lyra? Soy yo.Quería creerle. Necesitaba hacerlo. Pero algo dentro de mí, una voz pequeña y persistente, me gritaba que nada era lo que parecía. El viento volvió a soplar, y esta vez trajo un susurro que me heló la sangre.—No confíes...Mi garganta se cerró. Miré a Eirik, intentando encontrar una respuesta en su rostro, pero no pude evitar dar un paso atrás.—Si eres tú, dime algo que solo tú sabrías —dije con un hilo de voz.Frunció el ceño, herido por mi desconfianza.—¿Qué estás diciendo, Lyra? Estás actuando raro.
El claro estaba bañado por la luz plateada de la luna. Cada hoja, cada rama, parecía brillar con un resplandor etéreo, como si el bosque entero supiera que algo importante estaba por suceder. Mi corazón latía con fuerza mientras me acercaba al lugar donde había compartido momentos maravillosos con Eirik.Me detuve bajo el gran roble que nos había visto reír y soñar. Cerré los ojos por un instante, aspirando el aroma de la noche, sintiendo cómo el perfume de mi madre se mezclaba con el aire fresco.Un susurro suave me alertó.—Lyra.Mi cuerpo se tensó, pero al girarme, allí estaba él. Eirik emergió de entre la penumbra, sus ojos brillando con la intensidad de un océano profundo bajo la luna. Vestía una túnica oscura, un mechón de su cabello caía sobre su frente. Era obvio que mi mensaje lo había tomado por sorpresa, pero no dijo nada; sus pasos lo llevaron directo hacia mí.—Lo recibí —dijo, su voz suave pe
Había tantas preguntas en mi cabeza que no sabía por cuál empezar, Eirik estaba frente a mí observandome nervioso. Su tensión era tan palpable que mi cuerpo la podía sentir como una fuerza invisible.La brisa comenzó a cambiar. Una corriente más fría y pesada se filtró entre los árboles, haciendo que las ramas crujieran como si el bosque entero estuviera conteniendo el aliento.No podía entender que sucedía para que el viento se revelara de esa manera, pero Eirik me había prometido ayudarme a entender, y yo urgía por respuestas a las muchas preguntas que atormentaban mi espíritu. El viento sopló con tanta fuerza, como si quisiera alejarme de ese lugar o evitar que escuchara algo que pudiera herirme. Eirik me sostuvo con fuerza, como si temiera que el viento me arrancara de sus brazos. Su mirada, siempre tan serena, ahora estaba marcada por una mezcla de inquietud y determinación.—Antes de responder cualquier pregunta —dijo c
La noche se sentía más pesada de lo habitual, como si el bosque estuviera envolviéndome en una capa de sombras y susurros. Las palabras de Eirik resonaban en mi mente con una fuerza implacable: “El bosque recuerda. Y protege a aquellos que aún son dignos de su confianza”.Esa misma frase me atormentaba. Algo dentro de mí, quizá la misma curiosidad que Eirik me había pedido contener, crecía con una intensidad que no podía controlar. Tenía que saber más, aunque sabía que estaba caminando en terreno peligroso.Eirik había sido claro: debía esperar. Pero esperar nunca había sido mi fuerte, y la intriga que había despertado en mí era insoportable. No podía seguir ignorando los susurros del viento ni las verdades que parecían bailar a mi alrededor sin revelarse por completo.Había una loba en nuestra manada que podía tener respuestas. Alma, la loba más vieja, cuyo nombre llevaba el peso de generaciones. Ella era la guardiana de las historias, la m
Durante toda la noche el viento estuvo soplando contra los árboles como si me advirtiera:— Detente.Pero no podía hacerlo, la actitud de ira de mi padre y la negativa de Alma de hablar, eran suficientes evidencias de que lo que ocultaban era algo que yo tenía que saber.Además, el mismo Eirik guardaba un silencio intrigante ante los secretos que se suponía que me serían desentrañados uno a uno.Algo ocultaba la muerte de mi madre que nadie quería que yo supiera, algo que él mismo bosque se negaba qué Eirik me revelara.Y ahora estaba segura de que mi padre tenía parte en esa historia oculta. Así que decidí ir a ver a alguien que respetaba a mi padre como Alfa, pero no le temía. Me levanté aún a oscuras, al lugar a donde iba nadie podría verme llegar.La mañana era fría, el aire húmedo traía consigo el aroma del lago y la quietud de un día que parecía estar conteniendo el aliento. Cada paso q
El cielo comenzaba a teñirse de gris cuando regresé a mi tienda, tardé en cruzar el umbral cuando la lluvia cayó. Era como si el cielo mismo llorara mi pena, como si comprendiera el miedo y el dolor que había en mi corazón. Pensaba en Eirik, en lo mucho que lo amaba, en lo mucho que deseaba estar en sus brazos en ese instante, junto a él me sentía seguro, protegida y amada.A su lado olvidaría el sabor amargo de la duda, perdiéndome en sus besos mi angustia perdería su color.Junto a Eirik mi vida era felicidad. Algo muy diferente a como me sentía en mi manada, a la sombra de mi padre, entre lobos me sentía atrapada, sin derecho a pensar en algo diferente. Odiaba la idea de que sobre mí pesara el deber y el legado de un Alfa.Yo sabía que podía liderar a mi manada, tenía la fuerza y coraje, pero no el corazón. Mi corazón se parecía al de mi madre, siempre deseoso de libertad, de nuevas aven
La sombra oscura desapareció y yo pude llegar hasta el claro del bosque, pero Eirik no me esperaba como siempre, el lugar estaba vacío. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, como si mi pecho no pudiera contener la tormenta que crecía dentro de mí.—Eirik… —susurré al principio, pero luego lo grité, dejando que mi voz se desgarrara en el aire húmedo del bosque—. ¡Eirik!El eco devolvió mi llamado, pero no había respuesta. Solo el viento, susurrando entre las hojas, parecía contestarme con su voz enigmática. Me aferré al tronco de un árbol cercano, buscando estabilidad mientras el miedo comenzaba a envolverme.—¿Dónde estás? —murmuré, mis palabras entrecortadas por el nudo que se formaba en mi garganta.El viento sopló con más fuerza, moviendo mi cabello como si intentara arrastrarme con él. Me tambaleé un poco, y una extraña sensación me invadió: no era solo un soplo de aire. Era como si algo, o alguien, estuviera intentando em