El cielo comenzaba a teñirse de gris cuando regresé a mi tienda, tardé en cruzar el umbral cuando la lluvia cayó. Era como si el cielo mismo llorara mi pena, como si comprendiera el miedo y el dolor que había en mi corazón. Pensaba en Eirik, en lo mucho que lo amaba, en lo mucho que deseaba estar en sus brazos en ese instante, junto a él me sentía seguro, protegida y amada.A su lado olvidaría el sabor amargo de la duda, perdiéndome en sus besos mi angustia perdería su color.Junto a Eirik mi vida era felicidad. Algo muy diferente a como me sentía en mi manada, a la sombra de mi padre, entre lobos me sentía atrapada, sin derecho a pensar en algo diferente. Odiaba la idea de que sobre mí pesara el deber y el legado de un Alfa.Yo sabía que podía liderar a mi manada, tenía la fuerza y coraje, pero no el corazón. Mi corazón se parecía al de mi madre, siempre deseoso de libertad, de nuevas aven
La sombra oscura desapareció y yo pude llegar hasta el claro del bosque, pero Eirik no me esperaba como siempre, el lugar estaba vacío. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, como si mi pecho no pudiera contener la tormenta que crecía dentro de mí.—Eirik… —susurré al principio, pero luego lo grité, dejando que mi voz se desgarrara en el aire húmedo del bosque—. ¡Eirik!El eco devolvió mi llamado, pero no había respuesta. Solo el viento, susurrando entre las hojas, parecía contestarme con su voz enigmática. Me aferré al tronco de un árbol cercano, buscando estabilidad mientras el miedo comenzaba a envolverme.—¿Dónde estás? —murmuré, mis palabras entrecortadas por el nudo que se formaba en mi garganta.El viento sopló con más fuerza, moviendo mi cabello como si intentara arrastrarme con él. Me tambaleé un poco, y una extraña sensación me invadió: no era solo un soplo de aire. Era como si algo, o alguien, estuviera intentando em
Regresé a la aldea sintiéndome vacía, como si el bosque se hubiera llevado algo vital de mí. Mis pasos eran torpes, y el aire frío de la noche parecía clavarse en mi piel. Apenas crucé el umbral de mi tienda, las lágrimas que había intentado contener brotaron como un torrente. Me desplomé en los cojines, abrazándome las piernas mientras sollozaba con desesperación. — Eirik… Eirik. – susurré entre sollozos Todo a mi alrededor era un caos: Eirik desaparecido, quizá oculto por su madre. las advertencias de mamá, la fuerza invisible del bosque… nada tenía sentido.—¿Por qué? —susurré al vacío, mi voz rota y temblorosa—. ¿Qué quieren de mí? ¿Por qué no me dejaron verlo? Lo necesito, ahora más que nunca necesito su amor.El eco de mis palabras fue mi única respuesta. Estaba sola, atrapada en un torbellino de dudas y miedos. Sentí que el peso del mundo se me venía encima, y mi pecho se
La noche avanzaba lentamente, envolviendo la aldea en un manto de sombras y susurros del viento. Afuera, el bosque respiraba en la distancia, su voz un eco lejano que me arrullaba con un ritmo hipnótico. Pero yo no podía dormir. Mi mente era un torbellino de pensamientos y dudas, preguntas sin respuesta que se enredaban en mi pecho como enredaderas ahogándome.—Eirik, ¿Dónde estás mi amor? – solloce. — No me han dejado verte, y mi alma muere sin ti… Eirik. Su nombre era un latido persistente en mi alma. Necesitaba verlo, tocarlo, sentir que no lo había perdido. Pero algo, o alguien, nos mantenía separados, y eso solo avivaba mi desesperación, aumentando mi tristeza.Cerré los ojos con fuerza, deseando con todo mi ser que él estuviera aquí. Si los deseos podían cobrar vida, lo desee más allá de un anhelo, suplicando que se hiciera realidad.Fue entonces que el aire cambió.Un es
El alba teñía el cielo de tonos dorados y carmesí cuando me aventuré fuera de la tienda. El aire aún estaba impregnado con su esencia, como si la noche anterior hubiera sido más que un sueño. Apreté el mechón de cabello entre mis dedos, sintiendo su suavidad como una prueba tangible de su presencia.— Eirik estuvo aquí, lo trajiste a mí cuando más lo necesitaba. – suspiré. Por un momento me sentí conectada a lo infinito, lo que había vivido con Eirik había sido un regalo, mis lágrimas habían sido escuchadas por los espíritus del bosque que en su compasión le señalaron el camino a mi tienda. Pero a pesar de mi felicidad, tenía una inquietud que latía en mi pecho. Algo de todo lo que había sucedido por la noche no tenía sentido.Me pregunté:— ¿Cómo logró Eirik pasar desapercibido por los guerreros que patrullan por la noche?Su madre no me dejó verlo, mamá parecía estar de acuerdo en que me aleja
El susurro del viento se tornó un murmullo inquietante cuando me alejé de la anciana Elira. En mi cabeza resonaban las palabras que me había dicho mi padre.—No es lo que yo tema, Lyra. ¡Es lo que tú deberías temer! Si sigues por este camino, vas a abrir puertas que no podrás cerrar.Había cruzado una línea delicada, había abierto puertas que debían quedarse cerradas, despertado historias que habían sido enterradas desde hacía tiempo. Pensando en la actitud de papá no sabía qué pensar, estaba más confundida qué nunca. También… asustada. Mi padre me había advertido que me detuviera, que él temía por mí y de lo que yo podría despertar si seguía adelante.Pensaba en Eirik, en su petición de no buscar respuestas sin él… no había obedecido… había empezado el camino a la verdad oculta y ahora no estaba segura de haber tomado la mejor decisión. — ¿Qué fue lo que hiciste, Lyra? – me dije. — Ahora cómo vas
El sol matinal se filtraba a través de las ramas, tiñendo el bosque de tonos dorados. La brisa jugaba con mi cabello mientras permanecía tendida sobre la hierba, con la cabeza apoyada en el pecho de Eirik. Su piel era cálida bajo mis dedos, su respiración pausada, tranquila. Como si el mundo no estuviera en nuestra contra. Pero lo estaba. Nos habíamos atrevido a cruzar la frontera prohibida. La aldea de los lobos no era un lugar para los humanos, y mucho menos para él. Eirik, era un cazador, un hombre marcado por perseguirnos, y yo… nada menos que la única hija del Alfa. Y aun así, aquí estábamos. Ocultos entre los árboles, entrelazados por algo más fuerte que el miedo o las reglas que querían separarnos. Nos consolabamos entre besos y caricias, Eirik me apretaba contra su pecho, su calor protector me alentaba, mientras el miedo que me había traído hasta él, des
El aire se espesó, pesado como si una tormenta invisible nos envolviera. Mi corazón latía con fuerza, cada latido retumbando en mis oídos mientras miraba los rostros que alguna vez conocí, ahora vacíos. Ellas se veían como nuestras madres, pero en sus ojos no había amor, sino el eco de la oscuridad que nos rodeaba. Eirik tensó la mandíbula. Su agarre en mi muñeca se volvió más firme, su cuerpo ligeramente adelantado en una postura protectora.—No son ellas —susurró, casi sin mover los labios.Yo también lo creía. Pero reconocerlo no hacía que el miedo desapareciera.La sonrisa en el rostro de mi madre se ensanchó, era una mueca inhumana, como si su piel fuera una máscara demasiado tensa sobre un rostro que no le pertenecía.—No teman —murmuró con voz melódica, demasiado dulce para ser real.El escalofrío que recorrió mi espalda me dejó paralizada. Con cada paso que daban hacia nosotros una sombra oscura avan