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Capítulo 13: Un peso invisible

El viento helado atravesaba mi tienda, y el sonido de las hojas agitándose en los árboles parecía susurrarme secretos que no lograba descifrar. La sensación de que alguien, o algo, me observaba desde afuera era ineludible.

Me aferré con fuerza a las mantas, tratando de calmar mi respiración, pero no podía ignorarlo: el peso invisible seguía ahí, aplastándome el pecho.

Escuché de nuevo los pasos. Ligeros, insistentes. Rodeaban mi tienda con movimientos lentos, calculados, acercándose y alejándose como si jugaran con mi paciencia.

Cerré los ojos, deseando que desaparecieran, pero entonces un crujido más fuerte me hizo incorporarme de golpe.

El corazón me latía con fuerza mientras caminaba hacia la entrada. Moví con cuidado la cortina de piel que servía de puerta y miré hacia afuera. Todo estaba oscuro. Demasiado oscuro. El bosque, siempre vivo con sus sonidos nocturnos, ahora parecía contener la respiración.

—¿Eirik? —susurré, a
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